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"De modo que es un chico rico en busca de un poco de excitación para su vida", resumió Dominic.

"Correcto. El problema es que sale y juega en la calle, en medio del tránsito".

"Eso es peligroso, Jack", señaló Brian. "Puede costarle a alguien una píldora para el dolor de cabeza calibre 356". Brian se estaba metiendo en el juego, anticipando el momento en que conocería al tipo que financió la muerte de David Prentiss.

Y, de pronto, Jack se dio cuenta de que a la señorita Rosalie Parker de Londres tal vez ya nadie le regalaría más bolsos de Louis Vuitton. Bueno, lo más seguro era que ya tuviera planeado un confortable retiro, si era tan astuta como creía la gente del Servicio de Seguridad y de la División Especial.

"¿Cómo está tu padre?", preguntó Dominic.

"Escribe sus memorias", respondió Jack. "Me pregunto cuánto podrá contar allí. Saben, ni siquiera mamá sabe mucho acerca de lo que él hizo en la CIA, y lo poco que yo sé… bueno, hay muchas cosas acerca de las cuales no puede escribir. Hasta hay cosas que ya no son de actualidad, pero que de todas formas no puede contar como realmente fueron".

"Como cuando logró que desertara el jefe de la KGB. Ésa debe de ser una buena historia. El tipo salió por TV. Supongo que aún está furioso con tu papá por haberle impedido apoderarse de la Unión Soviética. Probablemente cree que podría haberla salvado".

"Tal vez. No hay duda de que papá tiene muchos secretos. Al igual que algunos de sus compañeros de la agencia. Hay uno en particular, un tal Clark. Mete miedo, pero papá y él son muy amigos. Creo que ahora está en Inglaterra, al frente de esa nueva unidad antiterrorista de la que la prensa habla más o menos una vez al año, la que llaman 'los hombres de negro'

"Existen", dijo Brian. "Están en Hereford, Gales. No son tan secretos. El jefe de nuestra fuerza de reconocimiento estuvo allí entrenando con ellos. Yo nunca fui, pero conozco a dos tipos que estuvieron. Ellos y las SAS británicas. Son soldados en serio".

"¿Cuánto llegaste a meterte, Aldo?", le preguntó su hermano.

"Eh, la comunidad de operaciones especiales es muy unida. Entrenamos en forma combinada, compartimos equipos nuevos, todo eso. Lo más importante es cuando nos reunimos a beber unas cervezas y compartir historias de guerra. Cada uno tiene su forma de ver los problemas y, sabes, a veces la del otro es mejor que la tuya. La gente del equipo Arco Iris -ése es el nombre de lo que la prensa llama 'hombres de negro'- sabe mucho, pero ha aprendido una o dos cosas de nosotros a lo largo de los años. El asunto es que son lo suficientemente astutos como para escuchar nuevas ideas. Su jefe, este Clark, se dice que es muy inteligente".

"Lo es. Lo conozco. Papá cree que es lo máximo". Hizo una pausa antes de continuar. "Hendley también lo conoce. No sé por qué no está aquí. Lo pregunté el primer día que estuve aquí. Tal vez sea demasiado viejo".

"¿Es de los que aprietan el gatillo?"

"Un día se lo pregunté a papá. Papá me dijo que no podía decírme lo es su forma de decir sí. Será que lo pesqué desprevenido. Lo curioso de papá es que no sabe mentir bien".

"Supongo que por eso le gustaría tanto ser Presidente".

"Sí, creo que ése fue el principal motivo de su renuncia. Supuso que el tío Robby podría hacerlo mejor que él.

"Hasta que ese chiflado hijo de puta lo mató", observó Dominic. El asesino, un tal Duane Farmer, estaba por ser ejecutado en Mississippi Los diarios lo llamaron "el último integrante del Klan", y lo era, un fanático prejuicioso de sesenta y ocho años que no toleraba la idea de un presidente negro, de modo que lo mató, con el revólver que usaba su abuelo en la Primera Guerra Mundial.

"Eso fue malo", asintió John Patrick Ryan Jr. "Saben, de no haber sido por él, yo no habría nacido. Es una de las grandes historias de mi familia. La versión del tío Robby era particularmente buena. Era bueno para relatar. Papá y él eran muy amigos. Después que mataron a Robby, los desgraciados de los políticos no sabían qué hacer. Algunos de ellos querían que papá volviera a la lid, pero no lo hizo y supongo que de esa forma contribuyó a que eligieran a ese Kealty. Papá no lo soporta. Ser amable con la gente que odia es otra cosa que nunca aprendió. Simplemente no le gustaba mucho vivir en la Casa Blanca".

"Era buen Presidente", opinó Dominic.

"Díselo tú. A mamá tampoco le molestó renunciar. Esa tarea de Primera Dama le impedía trabajar como doctora y realmente detestaba lo que les hacía a Kyle y Katie. Saben, hay un dicho que dice que el lugar más peligroso es la distancia entre una madre y sus hijos, y es cierto. La única vez que la vi perder los estribos -papá lo hace mucho más a menudo que mamá- fue una vez que alguien le dijo que, por sus compromisos oficiales, no podría ir a un desfile en la guardería de Kyle. Se enloqueció de veras. Como sea, las niñeras eran una ayuda -y los periodistas la machacaban por ello, decían que no era propio de una estadounidense, todas esas cosas. Sabes, si alguien hubiera tomado una foto de papá meando, apuesto a que alguien había dicho que no lo hacia bien".

"Para eso están los críticos, para decir cuánto más inteligentes son que la persona que critican".

"Aldo, en el Buró los llamamos abogados u Oficina de Responsabilidad Profesional", les informó Dominic a todos. "Se les extrae el sentido del humor mediante un procedimiento quirúrgico cuando entran en funciones".

"Los infantes de marina también sufrimos a los reporteros -y apuesto a que ni uno de ellos pasó por nuestro campo de entrenamiento". Al menos los tipos de Inspección General habían pasado por el Entrenamiento Básico.

"Tendríamos que alegrarnos", afirmó Dominic, tomando su vaso de vino. "A nosotros nadie nos criticará".

"Si quiere vivir", agregó Jack con una risita. Al diablo, pensó, ¿qué demonios dirá papá cuando se entere de que yo trabajo aquí?

CAPÍTULO 16 Y los caballos a todo galope

El domingo es un día de descanso para la mayor parte de las personas y también lo era, en general, para el Campus, con excepción del personal de seguridad. Gerry Hendley creía. que probablemente Dios no se equivocara, y que las actividades de siete días corridos fueran contraproducentes, aunque aumentaran en un 16,67 por ciento de la productividad semanal de los individuos. También embotaban el cerebro al negarle la posibilidad de hacer ejercicios libremente o de no hacer nada.

Pero claro que hoy las cosas eran distintas. Hoy planificarían por primera vez auténticas operaciones negras.El Campus había estado en actividad durante un poco más de diecinueve meses, y ese tiempo se había dedicado, sobre todo, a establecer su fachada como empresa dedicada a las finanzas y al arbitraje de divisas. Las cabezas de departamento habían tomado varias veces los trenes Acela, que los llevaban y traían de Nueva York para encontrarse con sus pares del mundo blanco y aunque en su momento éste pareció un sistema lento, al verlo en retrospectiva, la forma en que se habían hecho de una reputación en la comunidad financiera había sido extremadamente veloz. Claro que casi nunca le daban a conocer al mundo los verdaderos resultados que obtenían especulando sobre divisas y unas pocas y cuidadosamente elegidas emisiones de títulos, incluso negocios sobre compañías que ni siquiera sabían que su valor iba en aumento. El objetivo general había sido construir la fachada, pero como el Campus debía autofinanciarse, también debía generar ingresos reales.Durante la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses habían poblado organizaciones clandestinas con abogados, mientras que los británicos habían empleado banqueros. Ambos habían demostrado ser eficaces a la hora de joder a la gente… y de matarla. Debía de tener algo que ver con la visión del mundo que tenían, pensó Hendley mientras bebía su café.