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Los números aparecieron en el registro LED y fueron grabados, junto a la hora en que fueron discados en sus computadoras laptop; tenían dos, y al menos una más en Thames House. Cada uno de los teléfonos de Sali tenía asignado un dispositivo que registraba cada llamada que hacía. Otro dispositivo similar hacía lo mismo con las llamadas entrantes, mientras que tres grabadores grababan cada palabra que decía. Esta era una llamada internacional a un teléfono celular.

"Llama a su amigo Moharnmed", observó Peter. "Me pregunto de qué hablarán".

"Te apuesto que, al menos durante diez minutos, de su aventura del fin de semana". "Sí, le gusta hablar", asintió Peter.

"Es demasiado delgada, pero es una consumada ramera, amigo mío. Las infieles tienen sus cosas buenas, le aseguró Salí a su colega.Tanto a ella como a Rosalie él realmente les gustaba. Siempre se daba cuenta de si era así.

"Me alegro de oírlo, Uda", dijo pacientemente Mohammed desde París. "Ahora, hablemos de trabajo".

"Como quieras, amigo mío".

"La operación de Estados Unidos salió bien".

"Sí, vi. ¿Cuántos en total?"

"Ochenta y tres muertos y ciento cuarenta y tres heridos. Podrían haber sido más, pero uno de los equipos cometió un error. Pero lo importante es el eco en los noticiarios. En la TV no hubo más que noticias sobre los ataques de nuestros santos mártires".

"Esto es maravilloso. Un gran golpe para Alá".

"Sí, claro. Ahora necesito que transfieras dinero a mi cuenta".

"¿Cuánto?"

"Por el momento, con cien mil libras inglesas bastará".

"Podré hacerlo mañana a las diez". De hecho, podía hacerlo una o dos horas antes, pero planeaba dormir hasta tarde. Mandy lo había cansado. Ahora, yacía en la cama, bebiendo vino francés y fumando un cigarrillo, mirando la televisión sin demasiado interés. Quería ver Sky News a la hora en punto. "¿Eso es todo?"

"Sí, por ahora".

"Así se hará", le dijo a Mohammed.

"Excelente. Buenas noches, Uda".

"Espera, tengo una pregunta…"

"No ahora. Debemos ser cautelosos", advirtió Mohammed. Usar un teléfono celular tenía ciertos peligros.

"Como quieras, buenas noches". y ambos apagaron sus respectivos teléfonos.

"El pub de Somerset era muy agradable, el Blue Boar", dijo Mandy. "La comida era buena. La noche del viernes, Uda comió pavo y se bebió dos pintas. Anoche cenamos en un restaurante que queda frente al hotel. El tomó un chateaubriand y yo lenguado a la Dover. El sábado por la tarde fuimos a hacer compras por un rato. En realidad, él no quería salir mucho, más bien quería quedarse en cama". El detective buen mozo lo grababa todo, además de tomar notas, al igual que otro policía. La actitud de ambos era tan clínica como la de ella.

"Habló de algo? ¿De las noticias en la tele o en los periódicos?"

"Miraba todos los noticiarios. Pero no decía nada. Dije que era atroz, todas esas muertes, pero no hizo más que gruñir. Puede ser totalmente desalmado,aunque siempre es amable conmigo. Hasta ahora,no hemos tenido ni un sí ni un no", les dijo, acariciándolos con sus ojos azules. A los policías se les hacía difícil mantener su profesionalismo. Parecía una modelo, aunque no era lo suficientemente alta, pues medía menos de un metro sesenta. Tenía una apariencia dulce a la que debía de sacarle buen provecho. Pero su corazón era puro hielo. Era triste, pero no les concernía.

"Hizo alguna llamada de teléfono?"

Meneó la cabeza. "Ni una. Este fin de semana no llevó su celular. Me dijo que era todo mío y que no debería compartido con nadie este fin de semana. Es la primera vez que eso ocurre. Fuera de eso, fue lo de siempre". Se le ocurrió otra cosa. "También se baña más a menudo. Lo hice ducharse los dos días y ni siquiera se quejó. Bueno, lo ayudé, porque me metí en la ducha con él". Les dedicó una sonrisa coqueta. Así llegaron al fin de su entrevista.

"Gracias, señorita Davis. Como de costumbre, ha sido usted muy útil".

"Sólo aporto mi grano de arena. ¿Creen que es un terrorista o algo así?", preguntó.

"No. Si usted estuviera en peligro, sería debidamente advertida".

Mandy metió la mano en su bolso de Louis Vuitton y sacó un cuchillo con una hoja de veinticinco centímetros de largo. No era legal que llevase escondida una cosa como ésa, pero, dado su oficio, necesitaba un amigo confiable que la acompañara, y los detectives lo comprendían. Supusieron que sabría usarlo adecuadamente. "Me sé cuidar sola", les dijo tranquilizadoramentea ambos. "Pero Uda no es así. En realidad, es un hombre muy gentil. Esa es una cosa que se aprende en mi oficio. A dar- se cuenta de cómo son las personas..A no ser que se trate de un actor increíblemente bueno, no es del tipo peligroso. Juega con dinero, no con armas".

Los policías tomaron la afirmación con seriedad. Tenía razón. Si algo sabía hacer una ramera era darse cuenta de cómo eran los hombres. Las que no lo lograban solían morir antes de los veinte años.

Cuando Mandy se hubo retirado en taxi a su casa, los dos detectives de la División Especial escribieron lo que les dijo y lo enviaron como correo electrónico a Thames House, donde se convirtió en otro aporte al legajo del Servicio de Seguridad sobre el joven árabe.

Brian y Dominic llegaron al Campus a las ocho en punto de la mañana. Sus flamantes pases de seguridad les permitían tomar el ascensor hasta el útimo piso, donde esperaron, bebiendo café, hasta que llegó Gerry Hendley. Los gemelos, en particular Brian, adoptaron la posición de firmes.

"Buenos días", les dijo el ex senador al pasar, luego se detuvo. "Creo que antes que nada deben hablar con Sam Granger. Rick Pastemak.estará por aquí en tomo a las nueve y cuarto, creo. Sam debe de estar por llegar en cualquier momento. Ahora debo ir a mi despacho, ¿de acuerdo?"

"Sí, señor", dijo Brian. Después de todo, el café no era nada malo.

Dos minutos después, Granger salió del ascensor. "Hola, muchachos. Síganme". Así lo hicieron.

La oficina de Granger no era tan grande como la de Hendley, pero tampoco era el cuchitril de un novicio. Indicó las dos sillas para visitantes y colgó su chaqueta.

"Cuándo estarán listos para una misión?"

"¿Hoy mismo le parece conveniente?", respondió Dominic.

Granger respondió con una sonrisa, pero las personas demasiado entusiastas lo preocupaban. Por otra parte, hacía tres días, ese entusiasmo no había sido una mala cosa.

"¿Hay un plan?", preguntó Brian.

"Sí. Lo elaboramos el fin de semana" -Granger comenzó con el concepto operacionaclass="underline" selección por las malas.

"Suena lógico", observó Brian. "¿Dónde será?"

"Probablemente en la calle. No les voy a decir como hacer la. misión. Les diré qué resultado queremos. Cómo, lo decidirán ustedes. Ahora bien, tenemos una buena bitácora de los movimientos y costumbres de su primer blanco. Sólo es cuestión de identificarlo y hacer el trabajo". Hacer el trabajo, pensó Dominic. Parece algo sacado de El Padrino.

"¿Quién es y por qué lo haremos?"

"Se llama Uda bm Sali, tiene veintiséis años, vive en Londres".

Los gemelos intercambiaron una mirada de diversión. "Tendría que haberlo sabido", dijo Dominic. "Jack nos contó sobre él. Es el pequeño cerdo que maneja el dinero y a quien le gustan las rameras, ¿verdad?"

Granger abrió el sobre color castaño que había tomado al entrar y se lo entregó. "Fotos de Sali y sus dos amigas. Ubicación y fotos de sus casas en Londres. Aquí hay una de él en su auto".