"No señor, absolutamente nada". Gregory le enseñó la hoja impresa por cqmputadora. Fuera de las marcas de referencia en el papel, estaba casi por completo en blanco. y ése fue el fin del asunto.
Era como escuchar un partido de la Copa Mundial por la radio, pero sin el locutor que rellenaba el relato con toques de color. Alguien del Servicio de Seguridad estaba ansioso por que la CIA se enterase de qué ocurría con ese sujeto por el cual Langley claramente sentía algún interés, de modo que todo fragmento de información que llegaba a sus manos era inmediatamente transmitido a la CIA, y de allí a Fort Meade, que barría las ondas del éter en busca de cualquier eco interesante que se produjera en la comunidad terrorista del mundo. Al parecer, el sistema de noticias de ésta no era tan eficaz como habían esperado sus enemigos.
"Hola detective Willow", dijo Rosalie Parker con su acostumbrada sonrisa de quiero-que-me-cojas. Que se ganara la vida haciendo el amor, no significaba que no le gustara. Entró como una exhalación, luciendo su distintivo de visitante y se sentó al otro lado del escritorio. "Bien, ¿qué puedo hacer por ustedes?"
"Malas noticias, señorita Parker". Bert Willow era formal y educado, aun con las putas. "Su amigo Uda bm Sali está muerto".
"¿Qué?' sus ojos se abrieron de par en par con la conmoción. "¿Qué ocurrió?"
"No estamos seguros. Cayó muerto en la calle, frente a esta oficina. Al parecer, tuvo un ataque cardíaco".
"¿Realmente?" Rosalie se sorprendió. "Pero parecía muy saludable. Nunca dio indicios de tener ningún problema. Digo, anoche mismo…"
"Sí, lo vi en el legajo", respondió Willow. "¿Sabe si usaba algún tipo de drogas?"
"No, nunca. Ocasionalmente bebía, pero nunca mucho".
A Willow le pareció que ella estaba conmocionada y muy sorprendida, pero no había ni rastros de lágrimas en sus ojos. No, para ella Uda había sido un cliente, una fuente de ingresos y poco más. El pobre desgraciado seguramente no opinaba así. Doblemente infortunado para él. Pero eso no le concernía a Willow, ¿no,?
"¿Algo fuera de lo habitual en su último encuentro?", preguntó el policía.
"No, en realidad, no. Estaba muy caliente, pero, sabe, hace unos años, se me murió un cliente en plena acción. Por así decido, vino y se fue. Fue horrible, no una cosa como para olvidada fácilmente, de modo que desde entonces estoy atenta a ese tipo de cosas. Quiero decir, nunca dejaría que uno se me muriera. No soy una salvaje, sabe. Tengo corazón", le aseguró al policía.
En cambio, tu amigo Salí ya no tiene corazón, pensó Willow, aunque no lo dijo. "Entiendo. ¿Así que anoche estaba totalmente normal?"
"Por completo. Ni un indicio de que pasara algo fuera de lo común". Se detuvo un momento, para no aparecer tan tranquila. Sería mejor si pareciera que lo lamentaba, no fuera que el policía la creyera un robot sin sentimientos. "Es una noticia terrible. Era tan generoso, siempre educado. Es muy triste".
"También para usted", dijo compasivamente Willow. A fin de cuentas, acababa de perder una importante fuente de ingresos.
"Oh. Sí, oh sí, también para mí, querido", dijo dándose cuenta finalmente del alcance de lo ocurrido. Pero ni siquiera intentó engañar al detective con lágrimas. Pérdida de tiempo. Se daría cuenta en seguida. Una pena lo de Salí. Extrañaría los regalos. Pero sin duda seguiría siendo recomendada por sus clientes. Su mundo no había terminado. Sólo el de él. Y eso era una pena para él -y un poco para ella, pero nada de lo que no se pudiera recuperar.
"Sefiorita Parker, ¿alguna vez se refirió él a sus actividades profesionales?"
"Más que nada hablaba de bienes inmuebles, sabe, comprar y vender casas elegantes. Una vez me llevó a una casa en el West End, dijo que quería mi opinión respecto de si hacía falta pintarla, pero creo que sólo trataba de mostrarme lo importante que era".
"¿Conoció a alguno de sus amigos?"
"No a muchos, tres, quizá cuatro, creo. Todos árabes, todos de aproximadamente su edad, tal vez de hasta cinco años mayores que él, como máximo. Todos me miraron con atención, pero no hice negocios con ninguno. Me sorprendió. Los árabes suelen ser unos hijos de puta lujuriosos, pero pagan bien. ¿Cree que pueda haber estado metido en algo ilegal?", preguntó con delicadeza.
"Es una posibilidad", concedió Wills.
"Nunca vi ni un indicio de eso, cariño. Si jugaba con chicos malos, lo hacía donde yo no lo veía. Me encantaría ayudar, pero no tengo nada para decir". Al detective le pareció sincera, pero se recordó que, en materia de engaños, una puta como ésa podía sobrepasar a una gran actriz como Judith Anderson.
"Bueno, gracias por venir. Si recuerda algo -lo que sea-, llámeme".
"Así lo haré, querido". Se puso de pie y sonrió todo el camino hasta la puerta. Agradable tipo, este detective Willow. Lástima que fuese demasiado cara para él.
Bert Willow ya estaba en su computadora, mecanografiando su informe de contacto. La señorita Parker realmente parecía una muchacha agradable, instruida y muy encantadora. Parte de eso sin duda correspondía a su máscara para hacer negocios, pero tal vez hubiera una parte genuina. De ser así, esperaba que diera con otro tipo de trabajo antes de resultar totalmente destruida. Willow era un romántico, y, eso, algún día, podía llegar a provocar su caída. Lo sabía pero no tenía intención, como ella, de cambiar su ser por su trabajo. Quince minutos más tarde, envió su informe por correo electrónico a Thames House y luego lo imprimió para el legajo de Sali, que, en el curso de los acontecimientos, iría dar a los casos cerrados de Legajos Centrales, de donde probablemente no volviera a salir.
"Te lo dije", le dijo Jack a su compañero de oficina.
"Bueno, entonces puedes palmear tu propia espalda", respondió Wills "Así que, ¿cuál es la historia? ¿o la leo en los documentos?"
"Uda bm Salí cayó muerto de un aparente ataque al corazón. Su agente de vigilancia del Servicio de Seguridad no vio nada raro, sólo cómo caía en la calle. ¡Zas!, ya no habrá más fondos de Uda para los chicos malos".
"¿Cómo te hace sentir?", preguntó Wills.
"Por mí, está perfectamente bien, Tony.Jugó con quien no debía, donde no debía. Fin de la historia", dijo fríamente el joven Ryan. Me pregunto cómo lo hicieron, se dijo en un tono más quedo. "¿Crees que nuestra gente le habrá dado una mano?"
"No es nuestro departamento. Les suministramos información a los otros. Lo que hacen con ella cuando la tienen no es algo sobre lo que debamos especular".
"A la orden, señor". Después de semejante comienzo, lo que quedaba del día sería bastante aburrido.
Mohammed recibió la noticia mediante su computadora -mejor dicho, recibió un mensaje en código que le indicaba que debía comunicarse con un intermediario llamado Ayrnan Ghailiani, cuyo número de teléfono celular sabía de memoria. Para hacerlo, salió a dar un paseo. Había que cuidarse de los teléfonos de los hoteles. Una vez que estuvo en la calle, se sentó en un banco, con anotador y bolígrafo en la mano.
"Ayrnan, aquí Moharnmed. ¿Qué ocurre?"
"Uda murió", replicó el intermediario, ligeramente agitado.
"¿Cómo?", preguntó Mohammed.
"No estamos seguros. Se desplomó cerca de su oficina, lo llevaron al hospital más próximo. Allí murió".
"¿No lo arrestaron, no lo mataron los judíos?"
"No, no hay informes de que haya sido así.
"De modo que fue una muerte natural".
"Por el momento, así parece".
Me pregunto si hizo la transferencia antes de dejar este mundo, pensó Mohammed.
"Entiendo". Claro que no era así, pero debía llenar el silencio de alguna manera. "Hay alguna sospecha de que pueda tratarse de un crimen?"
"Por el momento, no. Pero cuando uno de los nuestros muere, uno siempre…"
"Lo sé, Ayma. Uno siempre sospecha. ¿Su padre sabe?"
"Por él me enteré".