Выбрать главу

"Eh, Jack", saludó Wills, entrando.

"Buenos días, Tony".

"Veo que estás ocupado. ¿Qué hay sobre nuestro difunto amigo?"

"No mucho. Probablemente hoy repatrien sus restos, y el patólogo dijo que se trató de un ataque cardíaco. Así que nuestra gente quedó limpia".

"El Islam requiere que se disponga rápido del cadáver, y en una tumba sin marcas. De modo que una vez que el cuerpo parta, se puede considerar que se fue para siempre. No habrá exhumación para detectar indicios de drogas ni nada así".

"De modo que sí lo hicimos nosotros. ¿Qué empleamos?", preguntó Ryan.

"Jack, no sé ni quiero saber qué podemos haber tenido que ver con esta muerte prematura. Tampoco quiero averiguarlo. Tampoco debieras querer saberlo tú, ¿de acuerdo?"

"Tony, ¿cómo demonios puedes dedicarte a este trabajo sin sentir curiosidad?", preguntó Jack Jr.

"Aprendes qué no es bueno saber y aprendes a no especular sobre esas cosas", explicó Wills.

"Mmm, Jack reaccionó con duda. Claro, pensó, pero yo soy demasiado joven para pensar así. Tony hacía bien su trabajo, pero estaba en una caja. Como Sali, pensó Tony, pero no era un buen lugar en que estar. Además, sí lo matamos nosotros, pensó. No sabía exactamente cómo. Le podía preguntar a su mamá qué drogas o sustancias químicas podían haber tenido ese resultado, pero no, en realidad no podía hacerlo. Sin ninguna duda se lo contaría a su padre y por supuesto que Jack padre querría saber por qué su hijo hacía esa pregunta y hasta adivinaría la respuesta. De modo que eso estaba fuera de la cuestión. Completamente.

Una vez estudiado el tráfico oficial del gobierno sobre la muerte de Sali, Jack comenzó a buscar otros materiales al respecto que la NSA y otras fuentes interesadas hubiesen interceptado.

Ya no había referencias al Emir en el tráfico diario. Eso había aparecido y desaparecido, y la única referencia previa era la que Tony había encontrado. En forma similar, su solicitud de una investigación más a fondo de los registros de señales de Fort Meade y Langley no había sido aprobada por el piso superior, lo cual era una decepción pero no una sorpresa. Hasta el Campus tenía sus límites. Entendía que la gente del piso superior no estuviera dispuesta a arriesgarse a que alguien se preguntara por qué a alguien se le ocurría hacer tal pedido y que, al no obtener respuesta, investigara más a fondo. Pero había miles de solicitudes como ésa circulando a diario y una más no podía despertar especial interés ¿o sí? Sin embargo, decidió no preguntar. No tenía sentido ser identificado como un causante de problemas en una etapa tan temprana de su carrera. Pero sí instruyó a su computadora para que escudriñara todo el tráfico nuevo en busca de la palabra "Emir" y, si ésta aparecía, tendría un buen sustento para formular su solicitud otra vez,si es que había otra vez. En cualquier caso, para él, la palabra se refería a una persona en particular, aunque la única referencia al respecto que tuviera la CIA era que "probablemente se tratara de una broma interna". Esta opinión la formulaba un analista jefe en Langley, lo cual pesaba mucho en esa comunidad, y, por lo tanto, también en ésta. Se suponía que el Campus estaba consagrado a corregir los errores y/o fallas de la CIA, pero como no contaban con tanto personal como ésta, tenían que dar por buenas muchas de las ideas que se originaban en esa agencia supuestamente defectuosa. Nada de esto era muy lógico, pero a él nadie le había preguntado nada cuando Hendley instaló este lugar, así que tenía que dar por supuesto que sus jefes sabían lo que hacían. Pero como le había dicho Mike Brennan, refiriéndose al trabajo policial, dar cosas por sentadas era la madre de todos los errores. También era un adagio bien conocido en el FBI. Todos cometían errores, y el tamaño del error era directamente proporcional a la jerarquía del hombre que lo cometía. Pero a los jefes no les gustaba que les recordasen esa verdad universal. En realidad, a nadie le gustaba.

Adquirieron ropa de confección. En general, no eran distintas de lo que se podía haber comprado en América, pero las sutiles diferencias individuales se sumaban y daban como resultado un aspecto totalmente distinto. Compraron zapatos que hicieran juego con el resto de la indumentaria y, tras cambiarse en el hotel, salieron a la calle otra vez.

Consideraron que tenían aprobada esa materia cuando una alemana detuvo a Brian en la calle para preguntarle cómo llegar a la Hauptbanhoff, a lo que Brian debió responder en inglés que era nuevo -allí, lo que hizo que la señora se retirase con una sonrisa de embarazo y le repitiera la pregunta a otra persona.

"Quiere decir la estación central de ferrocarriles", explicó Dominic.

"¿Y por qué no toma un taxi?", preguntó Brian.

"Vivimos en un mundo imperfecto, Aldo, pero ahora debes parecer un buen alemán. Si alguien te pregunta algo, debes responder Ich bin fremd Significa 'soy extranjero', y te sacará del paso. y probablemente le repitan la pregunta en mejor inglés que el que puedas oír en Nueva York":

"iEh, mira!" Brian señaló los Arcos Dorados de McDonald's, una visión aún más consoladora que las barras y estrellas que llameaban en el consulado de los Estados Unidos, aunque ninguno de ellos sentía deseos de comer allí. La comida local era demasiado buena para eso. Al atardecer, estaban de regreso en el hotel Bayerischer, simplemente disfrutando de ésta.

"Bien, están en Munich, y ya ubicaron el domicilio y la mezquita del objetivo, pero no a él mismo", le informó Granger a Hendley. "En cambio, sí vieron a su amiga".

"¿Va todo bien, entonces?", preguntó el senador.

"No hay quejas. A nuestro amigo no lo vigila la policía alemana. Su servicio de contraespionaje sabe quién es, pero no tienen nada contra él. Han tenido problemas con algunos de sus musulmanes locales, pero este tipo aún no ha aparecido en su radar. y Langley no ha insistido para que así sea. En este momento, no mantienen muy buenas relaciones con Alemania".

"Eso es bueno y es malo".

"Así es", asintió Granger. "No nos pueden dar mucha información, pero no debemos preocupamos por engañar a un agente de vigilancia. Los alemanes son raros. Si uno no hace nada malo y todo está in Ordnung, se está relativamente a salvo. Si te pasas de la raya, te pueden hacer pasar un muy mal rato. Históricamente, tienen buenos policías y malos espías. Tanto los soviéticos como la Stasi tenían totalmente penetradas sus agencias de espionaje, y todavía tienen que sobreponerse a eso".

"¿Hacen operaciones clandestinas?"

"En realidad no. Su cultura es demasiado legalista para ello. Crían gente honesta que juega siguiendo las reglas y eso es inhibitorio para las operaciones especiales; las que intentan a menudo fracasan estrepitosamente. Sabes, apuesto a que el ciudadano alemán promedio paga todos sus impuestos y además puntualmente".

"Sus banqueros saben jugar el juego internacional", objetó Hendley.

"Bueno, tal vez eso se deba a que los banqueros internacionales realmente no reconozcan el concepto de tener un país al que se es leal", respondió Granger, con ligera burla.

"Lenin dijo en una ocasión que el único país que un capitalista reconoce es el terreno sobre el que está parado cuando hace un negocio. Algunos son asi', concedió Hendley. "Ah, sí, ¿viste esto?" Le alcanzó la solicitud del piso inferior de que hurgaran en busca de alguien llamado "el Emir".