El director de operaciones escudriñó la hoja antes de devolverla. "No sustenta muy bien su pedido".
Hendley asintió. "Lo sé. Por eso lo denegué. Pero… pero, sabes, hizo palpitar sus instintos y tuvo la suficiente cabeza como para formular una pregunta".
"Y es un muchacho inteligente".
"Lo es. Por eso hice que Rick le asignara a Wills como compañero de oficina y oficial de entrenamiento. Tony es brillante, pero no se sale demasiado del cauce. Así, Jack aprenderá el oficio y también cuáles son sus limitaciones. Veremos cuántas ganas le dan de sobrepasarlas. Si sigue con nosotros, puede llegar a hacer carrera".
"¿Crees que tenga el potencial de su padre?", se preguntó Granger. Jack padre había sido un maestro de espías antes de pasar a cosas mayores.
"Sí, creo que puede llegar a ser como él con el tiempo. Como sea, esto de 'Emir' me parece una idea fundamentalmente buena de su parte. No sabemos mucho con respecto a cómo opera el enemigo. Es un proceso darwiniano, Sam. Los malos aprenden de quienes los precedieron y mejoran a costa de nosotros. No van a asomarse para que les metamos una bomba inteligente por el culo. No tratarán de ser astros de la televisión. Eso tal vez sea bueno para el ego, pero es fatal. Una manada de gacelas no va hacia donde están los leones".
"Así es", asintió Granger, pensando cómo su propio antepasado se había enfrentado a obstinados indígenas en el Noveno Regimiento de Caballería de los Estados Unidos. Algunas cosas no cambiaban mucho. "Gerry, el problema es que sólo podemos especular sobre su modelo organizativo. y especular no es saber".
"Bien, dime entonces qué es lo que crees", ordenó Hendley.
"Al menos dos capas antes de la cabeza: ¿se trata de un hombre o de un comité? No lo sabemos y no podemos saberlo ahora. Y los que aprietan el gatillo. De ésos, podemos atrapar todos los que queramos, pero es como cortar el césped. Lo cortas, crece, lo vuelves a cortar, y así hasta el infinito. Si quieres matar una serpiente, lo mejor que puedes hacer es cortarle la cabeza. De acuerdo, eso ya lo sabemos. El asunto es encontrar la cabeza porque es una cabeza virtual. Quienquiera que sea, dondequiera que se encuentre, operando en forma muy parecida a la nuestra, Gerry. Por eso estamos haciendo esta selección por las malas, para ver qué obtenemos. Y tenemos todas nuestras tropas analíticas buscando eso, aquí, en Langley, y en Meade".
Un suspiro fatigado. "Sí, Sam, lo sé. Y tal vez obtengamos algo. Pero es dificil vivir de paciencia. Lo más probable es que en este momento el enemigo esté tendido al sol, contento de habernos hecho daño al matar a todas esas mujeres y niños…"
"A nadie le gusta eso, Gerry, pero hasta Dios se tomó siete días para hacer el mundo ¿recuerdas?"
"¿Me estás sermoneando?", preguntó Hendley, entornando los ojos.
"Bueno, lo de ojo por ojo me parece bastante bueno, compadre, pero encontrar el ojo lleva su tiempo. Debemos ser pacientes".
"Sabes, cuando Jack padre y yo hablamos de que se necesitaba un sitio como éste, fui tan tonto como para pensar que podríamos resolver los problemas más rápido si contabamos con la autoridad como para hacerlo".
"Seremos más rápidos que lo que nunca pueda ser el gobierno, pero no somos El agente de CIPOL. Mira, el aspecto operativo acaba de comenzar. Sólo hemos actuado una vez. Tenemos que hacerlo otras tres veces antes de poder esperar una verdadera respuesta del otro bando. Paciencia, Gerry".
"Sí, claro". No agregó que los husos horarios tampoco ayudaban mucho.
"Sabes, hay otra cosa".
"¿Qué, Jack?", preguntó Wills.
"Sería mejor si supiésemos qué operaciones se están desarrollando. Nos permitiría enfocar un poco más eficientemente nuestra pesquisa de datos".
"Lo que hacemos se llama 'compartimentalizar'
"No, se llama mierda", replicó Jack. "Si estamos en el equipo, podemos ayudar. Elementos que pueden parecer aislados tienen otro aspecto cuando uno conoce el contexto. Tony, se supone que todo este edificio es un compartimiento, ¿verdad? Subdividirlo como lo hacen en Langley no ayuda a que se realice el trabajo, ¿o me equivoco?"
"Entiendo lo que quieres decir, pero el sistema no funciona así.
"De acuerdo, sabía que lo dirías, pero, ¿cómo demonios componemos lo que funciona mal en la CIA si no hacemos más que repetir exactamente lo que ellos hacen?", preguntó Jack.
Y no había una respuesta inmediata para esa pregunta, ¿verdad? pensó Wills. Simplemente no la había, y este chico estaba entendiendo el juego demasiado rápido. ¿Qué demonios había aprendido en la Casa Blanca? Para empezar, hacía muchas preguntas. Y prestaba atención a todas las respuestas. Y hasta pensaba en ellas.
"Detesto decir esto, Jack, pero sólo soy tu oficial de entrenamiento, no el Gran Jefe de este equipo".
"Sí, lo sé. Lo lamento. Supongo que es que estoy acostumbrado a como mi papá hacía que las cosas ocurrieran – o al menos así me parecía a mí. Sé que no a él, al menos no siempre". Esto era doblemente así, dado que su madre era cirujana y estaba acostumbrada a hacer las cosas a su tiempo, que generalmente era en este mismo instante. Era difícil tomar decisiones sentado ante un terminal, lección que probablemente su padre había tenido que aprender en su momento, cuando los Estados Unidos vivían en la mira de un enemigo realmente serio. Los terroristas podían hacer doler, pero no le podían causar un verdadero daño estructural a los Estados Unidos, aunque una vez lo habían intentado en Denver. Estos tipos eran más parecidos a enjambres de insectos que a vampiros…
Pero los mosquitos podían transmitir la fiebre amarilla, ¿verdad?
Al sur de Munich, en la ciudad portuaria de Pireo, un contenedor fue alzado de un barco por una grúa y bajado hasta el acoplado de un camión. Una vez que el contenedor estuvo firmemente emplazado, el camión y su acoplado dejaron el puerto y, sin entrar en Atenas, se dirigieron a las montañas de Grecia, al norte. El remito de carga decía que iba a Viena, un largo camino sin altos por buenas rutas, a entregar una carga de café de Colombia. Al personal de seguridad del puerto no se le ocurrió registrarlo, pues la documentación de desembarque estaba en regla y pasó sin problemas los lectores de códigos de barras. Ya había hombres reuniéndose para ocuparse de esa parte de la carga que no estaba hecha para ser mezclada con agua caliente ni con crema. Hacía falta mucha mano de obra para fraccionar una tonelada de cocaína en paquetes de a dosis, pero contaban con un depósito de una planta recientemente adquirido donde hacerlo, desde donde partirían de a uno a distintos puntos de Europa, aprovechando la ausencia de fronteras internas que reinaba desde el establecimiento de la Unión Europea. Con esta carga, la palabra empeñada por un socio estaba siendo cumplida, y una ventaja psicológica era retribuida con una ganancia monetaria… El procedimiento continuó toda la noche, mientras los europeos -incluso aquellos que harían uso de parte de esa carga en cuanto dieran con un vendedor callejero que se la vendiera- dormían el sueño de los justos.
Vieron a su objetivo a las nueve y media de la mañana siguiente. Tomaban perezosamente el desayuno en una Gasthaus ubicada a media cuadra de la que empleaba a su amigo Emil, cuando vieron a Anas Aif Atef caminando con aire decidido por la calle pasar a menos de seis metros de donde ellos desayunaban con Strudel y café junto a unos veinte alemanes. Atef no notó que lo vigilaban: sus ojos miraban hacia adelante y no escudriñaban discretamente la zona, como lo habría hecho un agente entrenado. Era evidente que aquí se sentía a salvo. Eso era bueno.
"Ahí va nuestro amigo", dijo Brian, quien fue el primero en verlo. Como en el caso de Sali, no tenía un letrero luminoso en la cabeza para señalado, pero era idéntico a la foto y había salido del edificio que correspondía. Su bigote hacía que fuera difícil cometer un error de identificación. Iba razonablemente bien vestido. A no ser por su piel y su mostacho, podría haber pasado por un alemán. En la esquina subió a un autobús que se dirigía hacia el este.