– Eso es lo que estoy diciendo… no creo que Tanner lo hiciera -sugiero-. De hecho, sé que no lo hizo. Una vez que hicimos la transferencia, comprobé la cuenta de Tanner Drew media docena de veces, sólo para asegurarme de que no había problemas. ¿Sabes a cuánto ascendía la última transferencia? Cuarenta mil dólares.
– ¿Entonces de dónde procedían estos ochenta y dos mil dólares? -pregunta Charlie.
– Eso es lo que estoy tratando de averiguar. Pero cualquiera que sea la chistera de donde los haya sacado Duckworth, es evidente que participaba en los negocios de casi todo el mundo. Quiero decir, la mitad de estas cuentas; aquí y aquí y aquí… -señalo uno por uno todos los números de cuenta que están relacionados debajo de «Depósitos»-. Cada uno de ellos es cliente del banco: 007 es Tanner Drew, 609 es Thomas Wayne, 727 es Mark Wexler. Y la 209… Estoy seguro de que corresponde a la Lawrence Lamb Foundation.
– Espera un momento… ¿de modo que mi padre estaba sacando dinero de todos ellos? -interrumpe Gillian.
– Eso parece -digo, estudiando nuevamente el brillo azul del monitor-. Y el dinero nunca dejó de llegar.
Gillian mira a su alrededor, asegurándose de que no hay moros en la costa. Charlie se aparta de ella, sólo para ponerse a resguardo. No puede evitarlo.
– ¿Crees que mi padre les estaba chantajeando? -pregunta ella.
– No lo sé, pero cuando echas un vistazo a lo que hizo en la cuenta de registro y luego con Drew Tanner, es como si las transferencias no existiesen. Olvida lo que dice aquí. En el sistema del banco ni un solo dólar salió de ninguna de estas cuentas. Quiero decir, es casi como si este sistema de registro estuviese convenciendo al ordenador para que vea lo que realmente no… -Siento una opresión en el pecho y me quedo paralizado.
– ¿Qué? ¿Qué sucede? -pregunta Gillian.
– ¿Estás bien? -añade Charlie, apartándola y apoyando una mano en mi nuca.
– Mierda… -tartamudeo, señalando la pantalla-. Eso es lo que inventó. -Mi voz carretea por la pista iniciando un lento despegue-. Es como la sala de los espejos en un parque de atracciones… te muestra una realidad que no existe.
– ¿De qué demonios estás hablando?
– Quiero decir, ¿de qué otro modo consigues que un crédito coincida con el correspondiente débito? En eso quería invertir el servicio secreto… y eso es lo que Gallo quería para sí. El siguiente paso en el delito económico. La falsificación virtual. ¿Por qué robar dinero cuando, sencillamente, puedes crearlo?
– ¿Qué quieres decir con crearlo? -pregunta mi hermano.
– Electrónicamente, me refiero. Convence al ordenador de que existe. Lo construye prácticamente de la nada.
Charlie vuelve a concentrarse en la pantalla.
– Cabrón…
– Espera un momento -interviene Gillian-. ¿Tú crees que mi padre creó todo ese dinero?
– Es lo único que tiene algún sentido. Ello explicaría por qué los tíos del servicio secreto están encargándose de este asunto, en lugar del FBI. Es como dijo Shep, el servicio secreto es el que tiene jurisdicción para investigar las falsificaciones.
– Pero fabricar dinero de la nada… -comienza a decir Gillian.
– … convertiría a un lugar importante como Five Points Capital en papel mojado. Piensa en la forma en que se han desarrollado los acontecimientos: hace seis días, Martin Duckworth tenía tres millones de dólares en su cuenta. Hace tres días, el ordenador dijo que había trescientos trece millones de dólares en esa misma cuenta. Pero cuando les echas un vistazo a estos registros, está claro que eso no sucedió de la noche a la mañana. Estas transacciones se remontan a hace seis meses. Cientos de depósitos. Es como llevar dos libros de contabilidad. El sistema regular siempre dijo que Duckworth tenía tres millones, pero debajo de la superficie su pequeño invento estaba creando silenciosamente los trescientos millones. Entonces, cuando las reservas fueron muy sustanciosas -¡bum!- fueron a por ellas. Pero nosotros nos adelantamos y, cuando transferimos el dinero, el segundo libro se fundió con el primero, y cada uno de sus depósitos falsos ahora se relaciona recíprocamente, de una manera que ignoro, con una transacción real del banco.
– Tal vez es así como funciona el programa -interviene Charlie-. Como los cuarenta millones de pavos que transferimos a Tanner Drew: espera a que se produzca una transacción real, luego coge una suma al azar que no supere el umbral de verificación contable. Al final tienes una realidad absolutamente nueva.
– Es lo mismo que está sucediendo ahora -digo-. El banco cree que la cuenta de Duckworth no tiene un céntimo, pero según estos datos allí hay cinco millones de dólares. Lo absurdo de todo este asunto es que a ninguna de las personas a las que ha cogido el dinero les falta un céntimo.
– Tal vez parece como si no les faltara un céntimo. Por lo que sabemos, cualquier cosa que mi padre haya podido meter en el sistema podría estar dejándoles limpios.
Niego con la cabeza.
– Si eso fuese cierto, Tanner Drew no hubiese podido realizar una transferencia de cuarenta millones de dólares. Y si a Drew le hubiese faltado un solo céntimo, nos hubiéramos enterado en el mismo instante en que eso sucedía. Y lo mismo se aplica a Sylvia Rosenbaum y al resto de los clientes. Cuanto más ricos son, más examinan sus cuentas.
– ¿O sea que ése es el gran ultrasecreto? -interrumpe nuevamente Gillian-. ¿Un virus informático que hace ricas a un puñado de personas?
– Nosotros deberíamos tener esa suerte -digo, volviéndome hacia el resplandor azul helado de la pantalla.
Charlie me observa fijamente. Conoce perfectamente ese tono de voz.
– ¿De qué estás hablando? -pregunta.
– ¿No ves lo que hizo Duckworth? De acuerdo, a pequeña escala inventó un poco de pasta, pero cuando retiras el microscopio es mucho más grande que añadir simplemente unos pocos ceros a tu cuenta bancaria. Para lograrlo no sólo evitó todos nuestros controles internos, sino que también consiguió engañar al sistema informático del banco para que creyera que estaba tratando con dinero real. Y cuando nosotros transferimos ese dinero al exterior, la transacción fue lo bastante buena como para engañar al banco en Londres, al banco en Francia, y a todos los bancos después de ellos. En algunos de esos lugares -incluyendo el nuestro- estamos hablando de sistemas informáticos de última generación, diseñados para usos militares. Y las transacciones imaginarias de Duckworth engañaron a todo el mundo.
– Aún no comprendo qué…
– Llévalo al siguiente nivel, Charlie. Olvídate de los bancos privados y las insignificantes instituciones extranjeras. Coge el programa de Duckworth y véndeselo al mejor postor. Deja que una organización terrorista se apodere de él. Aún peor, ponlo en un demasiado-grande-para-fallar.
– ¿Un qué?
– Demasiado-grande-para-fallar. Así es como la Reserva Federal denomina a los aproximadamente cincuenta principales bancos del país. Una vez que el pequeño gusano de Duckworth comienza a cavar allí, tus trescientos millones se convierten súbitamente en trescientos mil millones, y fluye en todas partes, Citibank… First Union… hasta los pequeños bancos familiares a lo largo y ancho del país. El único problema es que, cuando todo está dicho y hecho, el dinero no es real. Y en el momento en que alguien se da cuenta de que el emperador está desnudo, el esquema piramidal se desmorona. Ningún banco confía en sus propios registros, y ninguno de nosotros sabe si nuestras cuentas bancarias son seguras. Todo el mundo forma cola ante las ventanillas de los pagadores y los cajeros automáticos. Pero cuando vamos a retirar nuestro dinero, no hay suficiente metálico real que alcance para todos. Puesto que el dinero es una impostura, todos los bancos se quedan sin fondos. Los demasiado-grandes-para-fallar son los primeros en implosionar, luego los centenares de bancos más pequeños a los que prestaban dinero, luego los centenares de bancos que hay debajo de ellos. Todos estallan al mismo tiempo, todos ellos buscando un dinero que nunca estuvo realmente allí. «Lo lamento, señor, no podemos cubrir su cuenta, lodo el dinero del banco ha desaparecido.» Y entonces es cuando comienza el verdadero pánico. Hará que la Depresión parezca sólo una caída temporal en el mercado de valores.