casa automáticamente toda esa atención caería en mí. Eso de algún modo fue cierto, no
como yo lo esperaba, pero sucedió.
Al no estar Ezequiel en casa, yo gané un gran espacio pero no por presencia propia sino
por su ausencia.
Mis padres pensaban que ya que se habían equivocado con mi hermano, no cometerían
esos mismos errores conmigo.
* * *
Dije antes que mi primer recuerdo es de cuando Ezequiel se fue de casa, y es cierto.
Pero tengo lo que yo llamo "recuerdos implantados", esas anécdotas que se comentan en
las reuniones, habitualmente en tono jocoso, año tras año. Así pude enterarme de que,
estando enfermo, a los tres años no había forma de dormirme, sólo lo hacía si
Ezequiel me acunaba y me cantaba una canción.
Bueno, ese tipo de cosas. Ustedes ya saben, las familias se encargan de que sepamos
todo tipo de anécdotas, por tontas que sean, más si nos abochornan (estas últimas no
pienso mencionarlas aquí).
III
Se supone que a los amigos se los elige. A Mariano yo nunca supe si lo elegí o si
cuando llegué al mundo simplemente él me estaba esperando.
Su padre había sido compañero de estudios del mío, se hicieron amigos, tuvieron
algunos negocios en común y aún hoy se encuentran todos los sábados a la mañana en
el club para jugar al tenis.
Con Mariano estuvimos juntos desde el jardín de infantes, durante casi todo el colegio
primario nos sentamos juntos, íbamos al mismo club. Hasta un poco después de mis
11 años fuimos inseparables.
Una tarde volvía de su casa hacia la mía. Eran cerca de las seis. Caminé las dos cuadras
que las separaban pateando las hojas caídas de los árboles, por eso recuerdo que era
otoño.
Habíamos ido juntos al colegio y luego al club, estoy seguro porque entré a mi casa por
la puerta de la cocina dejando mis zapatillas embarradas en el lavadero. Entrar por la
puerta principal embarrando el piso era causa suficiente para ser desheredado.
Por eso recuerdo tan claramente que entré por la cocina.
Por eso no me oyeron entrar.
Iba caminando hacia mi cuarto y al pasar frente a la puerta del despacho de mi padre
escuché la voz de Ezequiel, abrí la puerta para saludar y vi a mi madre con la cara entre
las manos, levantó la vista al oír la puerta y tenía los ojos llenos de lágrimas.
Yo no entendía qué era lo que estaba pasando, busqué a mi alrededor alguien que me
explicara algo. Ezequiel bajó la vista y no me devolvió la mirada.
El que si me miró, y cómo, fue mi padre. Tenía esa mirada que yo había tratado toda la
vida de evitar.
—Andá a tu cuarto —me dijo. Me quedé inmóvil. No entendía nada.
¿Por qué mamá estaba llorando? ¿Por qué Ezequiel no me saludaba?
AN- DÁ- A– TU- CUAR- TO- TE- DI- JE- Creo que si una serpiente de cascabel
hablara sería más dulce que mi padre. Había tanta ira en cada una de esas sílabas, queno esperé que me las repitiera. Cerré la puerta y subí corriendo. A pesar de los años
transcurridos, recordé el día en que Ezequiel se fue de casa.
Las dos veces había estado confinado en mi cuarto, pero esta vez lo que flotaba en el
aire no era tensión, era violencia.
No sé qué habrían hecho ustedes, pero lo primero que hice fue llamar a Mariano.
Atendió la madre:
—¿Vos no sos el mismo que hasta hace 15 minutos estuvo con él?— se burló—. Ya te
paso.
Cuando Mariano se puso al teléfono le resumí la situación lo mejor que pude y se rió
bastante con mi imitación del "an-dá-a-tu-cuar-to-te-di-je".
Cuando pudo parar de reír me dijo:
—Me parece que tu hermano la cagó otra vez.
IV
Con Mariano nos habíamos enterado hacía un año de los motivos que desencadenaron
que Ezequiel se fuera de casa. Nos enteramos de todo porque, ya lo he dicho, nuestros
padres eran amigos, el padre de Mariano se lo contó a su madre y ella a Florencia, la
hermana de Mariano tres años mayor que nosotros, como ejemplo de las cosas de las
que se debía cuidar. Una vez que lo supo Florencia a que lo supiéramos nosotros hubo
un solo paso. Extorsión mediante, debo decirlo. Florencia siempre ha sido buena para
hacer negocios.
La historia fue así: Ezequiel salía desde los 15 con una chica llamada Virginia, también
el padre de ella era amigo de papá. En el ambiente donde nosotros nos movemos es
difícil relacionarse con alguien si nuestras familias no lo están de alguna manera, o son
compañeros del club de papá, o lo fueron de estudios, o tienen negocios en común, o
nuestras madres son amigas, etc. En resumen, Ezequiel salía con Virginia, que hasta
había estado unas vacaciones con nosotros en el campo de la abuela. Esto no es un
"recuerdo implantado", he visto fotos, ya que el nombre de Virginia ha dejado de
mencionarse en nuestra casa.
Me estoy yendo por las ramas. El tema es el siguiente: Virginia quedó embarazada y el
embarazo fue interrumpido.
Cuando el padre de Virginia se enteró, fue a pedirle explicaciones a papá y a exigirle
que Ezequiel se casara con su hija.
Papá, con el buen humor que lo caracteriza (estoy siendo irónico), quiso obligar a
Ezequiel a casarse con Virginia.
Ezequiel dijo que no, que ni loco, la discusión fue subiendo y subiendo de tono, hasta
terminar con Ezequiel yéndose de casa y abandonando sus estudios.
—Me parece que tu hermano la cagó otra vez —me dijo Mariano y yo me quedé
pensando si no tendría razón.V
Esa noche no me llamaron a cenar. A la mañana siguiente en el desayuno nadie habló,
algo que era bastante habitual.
Pero las caras de mis padres expresaban que no habían dormido.
Obvio que tampoco pregunté nada. Lo lógico hubiese sido que yo dijera:
—Miren, está todo bien, yo soy parte de la familia, Ezequiel es mi hermano, si se
mandó otra cagada tengo derecho a saberlo. No me parece justo estar enterándome por
terceros. Además ya tengo 10 años. Me merezco una explicación. Así que cuéntenme
todo.
Ya lo dije, no pregunté nada. Valoraba lo suficiente mi pequeña vida como para desafiar
a mi padre.
Si bien es cierto que el nombre de Ezequiel no se mencionaba habitualmente en casa,
después de ese incidente la sola mención de su nombre provocaba chispas.
Yo no tenía idea de lo que podía haber pasado, la actitud de mis padres me sonaba
exagerada. Mi madre había descuidado su jardín, algo que se notaba a simple vista. Y
mi padre...bueno, su malhumor superaba todo lo imaginado.
Me dediqué, aprovechando que nadie me prestaba atención, a espiar sus conversaciones
y... nada. Lo único que escuchaba era a mi madre llorar y a mi padre insultar y decir a
cada rato:
—¿Por qué a mí? ¿Por qué, eh? Después enumeraba todo lo que le había dado a
Ezequiel, colegios, viajes, deportes, etc. Parecía tener todo anotado en algún lugar, una
suerte de inventario educacional.
Yo creí que mi hermano le había hecho algo directamente a él, después de todo mi
padre no preguntaba: ¿por qué a nosotros? sino ¿por qué a él?