—Quieres matar a algunos cazadores de copsiks —dijo Anthon—. De acuerdo, puedes bajar…
—¡Quiero ser yo quien los rescate! Soy el Presidente de la Tribu de Quinn. Están bajo mi protección. —Escupió la palabra—: ¡Negociar! Ellos nos atacaron, nosotros los atacamos a ellos. Tenemos el mac, y también tendremos al resto de nuestra gente. Conforme, Grad, Científico, ¿cuál es tu opinión?
Bajaban muy deprisa. El Grad inclinó el morro del mac y encendió los cohetes delanteros.
—Me hace gracia que lo preguntes —dijo el Grad—. Tenemos a la Aprendiz del Científico y el traje de plata y al único hombre vivo capaz de vestirse con él. Quizá podamos negociar. Nos quedaremos con el mac.
—Nunca —dijo Lawri—. ¡Negociar con copsiks!
Anthon y Clave se miraron.
—No importa —dijo el Grad, y todos se rieron. El tono de la voz de Lawri había sido lo bastante explícito.
Minya se detuvo y miró hacia afuera a través de la ventana de ramaje.
Las supervisoras habían encontrado a Gwen. Haryet la estaba reprendiendo mientras la conducía hacia las chozas. Haryet pertenecía a la segunda generación de copsiks, y era más baja que Minya; parecía diminuta al lado de su verdaderamente embarazada cautiva.
Nos oirán llegar, pensó Minya. Jinny también lo había descubierto. Avanzó a través del crujiente follaje, a diez metros al este de la posición de Minya ¡Bien! pensarán que escuchan a una, no a dos…
Dloris avanzó hacia Jinny con relámpagos en la cara. Abrir nuevos senderos estaba terminantemente prohibido.
Minya surgió por detrás de Dloris e intentó acuchillarla.
Gwen se volvió con su hijo entre los brazos y chilló. Dloris se dio la vuelta y miró fijamente. Quizá estar entre las madres y sus hijos había dado a la supervisora un cierto sentimiento de seguridad. Reaccionó lentamente. Antes de que pudiera agarrar la porra, Jinny la había sujetado de los brazos y Minya corría hacia ella con saltos largos y silenciosos.
Dloris se desasió de un manotazo. Jinny voló hacia atrás y llegó girando hasta Minya, que perdió un momento para dar un paso hacia un lado. Dloris levantó el medio metro de dura madera de los guardianes; lo usaba como un sable de la Armada.
—Espera —dijo—. Espera.
—¡Mi hijo no nacerá como copsik! —chilló Minya, y embistió.
Dloris bailó hacia atrás. El túnel se abría a sus espaldas, y Minya supo que podría parar a la supervisora antes de que llegara a él. Corrió hacia Dloris, dispuesta a golpear cuando la porra estuviera junto a ella. Jayan e Usa se movieron hacia aquel lugar a espaldas de Dloris. Jayan levantó la gran paleta, tan familiar, por el mango, mostrando el borde, como una espada que se manejara con dos manos.
Dloris bajó la porra.
—No me matéis. Por favor.
—Dloris, dinos lo que está pasando.
—Los Estados de Carther han asaltado el tronco. No sé quién está ganando.
—¿Han capturado el mac?
—¿El mac? —Dloris parecía completamente sorprendida.
La ataron con su cuerda. Usa quería hacer algo más; Minya conocía a Dloris demasiado bien para permitirlo. Ella no debería haber matado a Haryet tampoco, si… si…
Gavving vio que el mac descendía llameando. Patry hablaba por su caja, demasiado lejos como para que Gavving lo pudiera oír; pero el oficial de la Armada parecía furioso y asustado.
Vio que Gavving le observaba.
—¡Tú! ¡Todos vosotros! ¡Quedaos donde estáis! Si os movéis, tendré que disparar. ¿Entendido? Arny, cubríos.
Los dos hombres de la Armada desaparecieron entre el follaje. En aquel momento, Alfin dijo:
—Somos el cebo.
—Son sólo dos.
—¿Realmente piensas que tus amigos están en el mac? —preguntó Horse—. ¿Qué van a hacer con él?
—Rescatarnos —dijo Gavving con más seguridad de la que sentía—. Alfin, cuando el mac haya bajado, salta hasta las puertas y reza para que se abran.
Alfin resopló.
—Debes estar volviéndote loco. Mira esa cosa, ¿quieres que me monte en ella!
—Si puedo encontrar a Minya, yo mismo montaré en ella para huir de aquí.
—No tienes a Minya. Escucha, Gavving. Te recuerdo con los ojos enrojecidos y medio cerrados y llorando a mares. ¡Aquí han hecho su propio clima! Nadie pasa hambre, nadie está sediento. Es un árbol bueno y saludable con grandes cosechas de vida terrestre, Tengo un puesto de responsabilidad…
—¿Te gusta esto?
—Oh… comida de árbol. Quizá no me guste estar en ninguna parte. En la Tribu de Quinn también recibía órdenes. Me veo con una supervisora, una mujer simpática aunque sea como una torre junto a mí. No tenía nada parecido en la Mata de Quinn. Kor tiene ya un año o dos de más para el gusto de los ciudadanos, pero nosotros continuamos… y sigue sin gustarme esa caja.
—Yo lo haré. —Fue Horse quien habló—. Gavving, cédeme el puesto de Alfin.
El mac bajaba en línea recta hacia ellos. ¡Lo mejor sería que sus amigos estuvieran a bordo! Si no era así, no les quedaría otra opción que morir luchando.
—No es decisión mía —le dijo Gavving a Horse. Haz lo que yo haga, y ya veremos que dice Clave.
—Hecho.
—Alfin, la última oportunidad…
—No.
—¿Por qué?
Alfin le miró a los ojos.
—Aquí hay gravedad.
El grito de terror de Gwen hizo que su hijo despertase llorando. Pero ya se había tranquilizado. El conocimiento de Gwen estaba en las manos que acariciaban y daban amables palmaditas al niño. No había ninguno en sus ojos.
Las conspiradoras ignoraron a Gwen lo mismo que ella las ignoraba. Usa la hizo volver nuevamente, cuando intentó ir a las chozas. No querían que Gwen pudiera hablar con las demás.
—Usa —preguntó Jayan—, ¿estás segura de que necesitas esto?
Jinny no estaba embarazada; Jayan y Minya todavía no lo estaban tanto como para resultar un estorbo. Usa sí.
—No quiero que mi hijo nazca como copsik —contestó.
La rama se estremeció con la fuerza de un tremendo soplido.
—El segundo elevador —dijo Usa—. Karal dijo dos.
—Minya —intervino Jayan—, tú estuviste hablando con el Grad. ¿Qué dijo que hiciéramos?
—El Grad dijo que subiéramos. El intentaría capturar el mac. Si no podía hacerlo…
—Entonces ha muerto —concluyó Usa—, y los guerreros de los Estados de Carther habrán ido a la muerte, y nunca nos liberarán. O puede que haya capturado el mac. Que haya capturado el mac y haya metido a bordo a todos los guerreros de los Estados de Carther y esté intentando rescatarnos. ¿Quién viene con nosotros?
Nadie sugirió un nombre.
—Sólo nosotras somos nuevas copsiks. Que las demás hagan su propia revuelta.
—No vais a subir.
Se volvieron, sorprendidas. Los ojos de Dloris lanzaron su potencia letal. Obstinadamente, lo repitió.
—No vais a subir. Los túneles llevan a la aleta y a la boca del árbol. No hay ningún túnel que conecte con la punta de la mata; allí es donde viven los hombres. Ninguna de vosotras sabe hacer un túnel a través del follaje: y si llegáis a la punta, resaltaréis tanto como un moby en una cazuela.
—Entonces, ¿qué?
—Quedaros aquí hasta que vuestros amigos vengan a por vosotras.
Usa sacudió la cabeza.
—¿En el complejo infantil? Karal ya debe haber evacuado las zonas superiores.
—Usa, esto es muy complicado y no podemos conectar con la cima. Lo único que lograréis será perderos.
—¿A ti qué te importa todo eso, Dloris?