—Tú eres el Científico —dijo Clave—. ¿Puedes llevarnos al Árbol de Londres?
Lawri movió la cabeza. Empezó a tiritar; ya no pudo parar. Minya cogió el último poncho y la envolvió con él, luego enrolló una bufanda alrededor de la cabeza y cuello de Lawri.
—Ya no perdemos aire —dijo Lawri—. Dejad que suba la humedad y no pasaremos sed hasta dentro de mucho tiempo. Jeffer, tengo frío y cansancio y estoy perdida. No puedo tomar decisiones. No me molestéis.
No eran humanos.
Kendy los esperó durante un bit. Tenían la temperatura excesivamente baja. Kendy la fijó hasta que descubrió que al bajar esta se había cortado la fuga.
Debían haber conservado algo del antiguo conocimiento. Pero el frío también los mataría. Observó lo realmente extraños que eran sucumbiendo primero y haciéndose una bola para esperar la muerte.
Los sensores médicos del MAC indicaban un cadáver y doce ciudadanos, ninguno de los cuales era completamente normal. Uno no tenía piernas. Si en el Anillo de Humo habían aparecido genes laterales regresivos, podía haber sido a causa de la consanguinidad. Los demás parecían saludables. No vio cicatrices o señales de viruela, ni signos de enfermedad —lo que resultaba razonable. La Disciplina no había transportado ninguno de los parásitos o bacterias que se habían adaptado a lo largo de millares de años como predadores de la humanidad. Ellos ni siquiera presentaban las deficiencias que puede causar una higiene insuficiente.
La altura anormal, los largos y vulnerables cuellos y los largos y frágiles dedos de las manos y los largos, largos dedos de los pies, mostraban que la evolución había trabajado para una adaptación al entorno de caída libre.
Kendy tendría problemas, si las devolvía al Estado. En ese caso, aquel pequeño grupo sería una perfecta muestra para un examen. El podía haber cometido errores allí, pero nunca pagaría por ello. En su momento, el MAC podría ser encontrado por otros salvajes.
Consideró que ya era hora de hacer su aparición.
Lawri estaba comiendo pájaro salmón crudo, dando muestras de desagrado, pero comiendo. Jayan y Jinny se habían ido a la popa para unirse a los amontonados guerreros de los Estados de Carther. Parece divertido, pensó el Grad melancólicamente; pero él era necesario en su puesto.
Algo estaba pasando ante la ventana arqueada: una forma como una sombra de colores que ocultaba la vista.
—¿Lawri? ¿Qué puedes hacer con eso?
—Algo va mal… nunca he visto nada semejante —luego se calló.
El mac estaba silencioso. Una cara fantasmal llenó la ventana. Se coloreó, grande y transparente, con las tormentas que había sobre Gold viéndose a su través.
Era brutal, con abundantes cabellos y cejas marrones; profundas arrugas ciliares y marcados pómulos; una mandíbula cuadrada y dura; un cuello corto pero grueso, casi como el muslo de un hombre. Una cara que se parecía a la de Mark, o a la de Harp. Un enano gigantesco. Hablaba con la voz de la Voz.
—Ciudadanos, soy Kendy del Estado. Hablad, y vuestra recompensa será más grande que el alcance de vuestra imaginación.
Los pasajeros se miraron entre sí.
—Soy Sharls Davis Kendy —dijo la cara—. Yo traje a vuestros ancestros hasta el Anillo de Humo y los abandoné cuando se amotinaron contra mí. Tengo poder como para enviaros a Gold, a morir. Habladme y decidme por qué no debo hacerlo.
Muchos estaban mirando a los Científicos. ¿Era algún truco de Lawri? El Grad pudo sentir que sus cabellos se erizaban formando un halo alrededor de su cabeza… pero algo había que decir.
—Yo soy el Científico de la Tribu de Quinn… —dijo.
—Yo soy el Científico del Árbol de Londres —dijo Lawri con firmeza—. ¿Puedes vernos?
—Sí.
—Estamos perdidos y desamparados. Si quieres nuestras vidas, tómalas.
—Habladme de vosotros. ¿Dónde vivís? ¿Por qué sois de diferentes tamaños?
—Somos de tres tribus que viven en lugares muy diferentes —dijo el Grad—. Los tres más altos… Siguió hablando mientras su mente intentaba recordar. ¿Sharls Davis Kendy?
Lawri le cortó.
—Tú eras el Controlador de la Disciplina.
—Lo era y soy —dijo la cara espectral.
—Las responsabilidades del Controlador incluían las acciones, actitudes y bienestar de sus asignados —afirmó Lawri—. Si puedes ayudarnos, debes hacerlo.
—Argumentas bien, Científico, pero mis deberes son con el Estado. ¿Tendría que trataros como ciudadanos? Lo decidiré. ¿Cómo estáis en posesión del MAC? ¿Sois amotinados?
Al Grad se le cortó el aliento…
—Ciertamente, no —dijo Lawri con desprecio—. El mac pertenece a la Armada del Científico. Yo soy el Científico.
—¿Y el resto de vosotros? Preséntame.
El Grad se ocupó de ello. Intentó fijar mentiras que luego pudiera recordar, citando a los copsiks del Árbol de Londres —Jayan, Jinny, Gavving, Minya— como ciudadanos del Árbol de Londres; Clave y Merril como ciudadanos que habían sido convertidos en copsiks; él mismo como un refugiado privilegiado, los gigantes de la jungla como visitantes. Demasiado tarde recordó a Mark, atado a la silla e inmovilizado.
Iría a Gold…
—Y, bueno, Mark es un amotinado —dijo—. Intentó robar el mac.
¿Le llamaría el enano mentiroso? Pero los demás le apoyarían… excepto Lawri… Mark tenía la mirada gacha. Miraba de un modo hosco y peligroso.
Sharls Davis Kendy empezó a preguntarle a Mark. Mark contestó irritada, beligerantemente. Se inventó un cuento sobre sí mismo tratándose de copsik interceptado por los ciudadanos en aquel estado; que había intentado robar el mac activando el motor principal, con la esperanza de inmovilizarlos a todos, para descubrir que el feroz empuje le había dejado tan indefenso como a los demás.
La cara pareció satisfecha.
—Científico, cuéntame más cosas sobre el Árbol de Londres. ¿Tenéis gente que no sea considerada ciudadano?
—Sí —dijo Lawri—, pero sus hijos pueden cualificarse para serlo.
—¿Por qué se desmantela un árbol? —preguntó la cara, y también—: ¿Cómo se mueve el Árbol de Londres? —y—: ¿Por qué te llamas Científico? —y—: ¿Cuántos niños mueren antes de crecer hasta poder tener sus propios hijos? —Quería poblaciones, distancias, duraciones: cifras. Lawri y el Grad contestaron lo mejor que pudieron. Con aquello podrían mantenerse muy cerca de la verdad.
Y finalmente la voz de Kendy dijo:
—Muy bien. El MAC volverá a entrar en la atmósfera respirable dentro de once horas. El aire bajará. Mantened la…
—¿Horas?
—¿Qué medida usáis? ¿El circuito que Te-Tres hace alrededor del cielo? En la décima parte de un circuito caeréis a través del aire. El aire es peligroso a ciertas velocidades. Mantened la proa hacia adelante. Veréis fuego; no os preocupéis por él. No toquéis nada de la proa. Se calentará. No abráis la esclusa de aire hasta que no os hayáis detenido. Tendréis combustible suficiente para moveros. ¿Lo habéis entendido todo?
—Sí —dijo Lawri—. ¿Qué oportunidades tenemos de sobrevivir a todo esto?
La cara de Kendy empezó a contestar… y se congeló con la boca medio abierta.
Actualización: La presión de la cabina es nuevamente normal.
¡Habían bloqueado la fuga! ¿Cómo? Un hombre sin glándulas podía sentir curiosidad de un modo natural y sustituirla por emociones más fuertes. Para Kendy, aquello representaba un conflicto. Y el MAC estaba a punto de salir de su campo de acción.