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– Usted es glorioso, señor Hollis, tal vez aun más que glorioso.

Hallie se rió, no pudo evitarlo. Seguía estando muy nerviosa.

– Y yo que me preguntaba si Martha y yo encajaríamos.

– Como te hace reír, se adaptará muy bien a ti.

– No conocí a Hollis cuando estuve aquí después de la boda de Melissa y Leo.

– Creo que estaba en cama, atendiendo un resfrío. Está bastante bien ahora, gracias a Dios.

Cuando Hollis y Martha habían superado los escalones y desaparecido dentro de la casa, ella miró a Jason.

– No sé si glorioso, pero es una belleza. Es una pena que usted lo sepa tan bien.

Una ceja se elevó.

– Usted también es una belleza, señorita Carrick. Sin embargo, a diferencia de usted, no soy vanidoso. No me acicalo de modo de atraer atención hacia mis atributos.

– ¿Y qué haría si deseara atraer la atención? -Ella lo tenía, y lo sabía. Le sonrió desvergonzadamente. -En realidad no podría sacar pecho, ¿verdad? Hmm. En cuanto al polvo de arroz en su rostro, me atrevo a decir que lo pierden sudando en medio de su primer vals.

Él tomó rápidamente la oportunidad que ella le daba.

– ¿Y las damas no sudan su polvo de arroz?

– Desde luego que no. Las damas están hechas de fina porcelana, no de barro poroso.

Como así se sentía exactamente en ese momento, Jason echó la cabeza atrás y se rió. En ese momento se dio cuenta de que había extrañado esa rápida mente suya, sin mencionar su lengua.

– La abadía de Ravensworth es tan espléndida como Northcliffe Hall, pero es muy diferente. Usted tiene un hermoso hogar.

– Lyon’s gate es mi hogar ahora.

– Nuestro hogar, señor Sherbrooke. Nuestro hogar. -Ella palmeó suavemente la manga blanca de él. -Veintiocho minutos. Ni siquiera media hora y su destino fue decidido.

– Por favor, créame, señorita Carrick, preferiría compartir una casa con usted que ser algún día el amo aquí.

Ella notó entonces que él no estaba vestido como el hijo de la casa. Qué extraño que no hubiese notado lo sudoroso y sucio que estaba, sus viejas botas raspadas, su camisa blanca abierta en el cuello y un poco en el pecho, y no iba a quedarse mirándolo, no cuando toda esa encantadora suciedad significaba que había estado en Lyon’s gate y ella no.

– Ha estado pasando los últimos tres días en Lyon’s gate, ¿verdad? -Su voz se elevó una octava. -¿Qué ha hecho?

Jason tendría que haber estado muerto para no oír la cólera, y se vio tentado a tomarle el pelo. No, mejor no, cuando los ojos de ella ya estaban sobresaliendo de su cabeza. Además, su preciosa madre podría escucharla gritándole y vendría a dispararle.

– Nada que usted pudiera desaprobar -le dijo suavemente. -Contraté a tres hombres de la aldea para que me ayudaran a limpiar los establos. Casi terminamos hoy. Ya he hablado con el hombre que decidirá qué es necesario para reparar la casa, y él y sus trabajadores comenzarán mañana. Puede hablar con ellos entonces. Oh, sí, mi madre envió allí a media docena de jardineros, que están quitando la hiedra de la casa y deshaciéndose de las malezas. Empieza a verse mucho mejor.

Hallie rumió eso un momento, y asintió.

– Muy bien. Tiene suerte de no haber pintado ninguna habitación, señor Sherbrooke.

– ¿Pintar, dice? Estaba imaginando un encantador carmesí brillante para la sala de estar, quizá una pared azul pálido. ¿Qué piensa?

Ella miró esos increíbles ojos lavanda suyos y dijo:

– Me sorprende, señor. Una excelente elección. Y encantadoras cortinas carmesí, ¿no lo cree? ¿O quizás azul pálido?

– Carmesí, con gruesas borlas doradas trenzadas enlazándolas. El terciopelo sería totalmente encantador. Qué agradable. No deberíamos discutir en nada. -Le ofreció su brazo. -Déjeme llevarla dentro para saludar a todos. Imagino que ya deberían estar reunidos.

Ella se rió mientras subía los escalones junto a él.

– ¿Podríamos partir mañana temprano para ir a Lyon’s gate? Quiero ver todo.

Hallie estaba tan emocionada como él. Odiaba que deseaba Lyon’s gate tanto como él.

Exclamó:

– Hola, madre. Mira quién ha llegado.

Alex se encontraba justo dentro de la imponente puerta principal, observando a la joven que había tenido el descaro de arruinar el sueño de su hijo. Conocía su deber; tragó con dificultad una vez y le ofreció una sonrisa. A veces ser bien educada era el mismo infierno.

– Señorita Carrick. Qué bueno verla nuevamente.

Hallie hizo una reverencia.

– Gracias, señora, por recibirme. Es muy generoso de su parte.

¿Qué decir cuando realmente no había tenido opción en el asunto? Era mejor mantener la boca cerrada.

Hallie le ofreció una sonrisa descarada.

– Espero que no tenga un arma tras su espalda.

Alex sintió un tirón de agrado no deseado.

– Hmm. Sea muy respetuosa conmigo, señorita Carrick, asienta con modesto acuerdo a todo lo que yo diga, y podría sobrevivir.

– Lo siento, madre. Aunque lo intentara, no veo que eso suceda -dijo Jason.

– En ese caso, debe venir a la salita, señorita Carrick. Mi querida suegra, lady Lydia, la condesa viuda de Northcliffe, está aquí para su visita semanal. Puede conocerla y tomar una agradable taza de té.

Jason gruñó.

Hallie se veía repentinamente cautelosa.

Jason intentó captar la mirada de su madre, pero ella había tomado el brazo de Hallie y la conducía en línea recta hacia la sala de estar. Él hubiese preferido ser arrojado en el lomo de un caballo de dos años, sin riendas, quizás hasta hubiera preferido ser hervido en aceite. Un pelotón de fusilamiento era una buena opción.

Su abuela odiaba a todas las mujeres en el universo conocido, excepto a su tía Melissande, incluyendo a su madre y a Corrie, y por eso era que su padre finalmente la había mudado a la casa de campo al final del sendero cinco años atrás.

Dijo detrás de ellas:

– Madre, quizá podrías reevaluar este curso de acción en particular. Es un corderito yendo al carnicero.

– Tonterías. Estás un poquito sucio, querido, pero a tu abuela no le importará. Y la señorita Carrick seguramente es una muchacha lo suficientemente bien educada como para salir de esto sin problemas, ¿no lo crees?

– No. Señorita Carrick, ¿conoce a Wilhelmina Wyndham?

– Oh, cielos.

CAPÍTULO 14

Jason hubiese preferido vaciar orinales antes que entrar a esa salita con la cabra atada, pero simplemente no podía dejar sola y desarmada a la señorita Carrick con su abuela. Sería demasiado cruel. No porque su presencia fuese a hacer mucha diferencia. Ella sería aplastada por esa maliciosa lengua envejecida; su abuela miraría a Hallie y vería carne fresca. Qué raro que nunca volviese su cañón hacia él, James o su padre. Sólo a aquellas lo bastante desafortunadas como para ser mujeres.

Jason vio a Corrie sentada en un sillón de orejas, James parado a su lado, con la mano apenas apoyada en su hombro, sin dudas para evitar que saltara y pateara la silla de su abuela cuando ella empezara a disparar insultos.

Los ojos de su abuela se encendieron al verlo.

– Querido Jason, qué visión eres, muchacho mío, pero ciertamente eso no es importante, ¿verdad? ¿Qué es un poquito de suciedad en el flujo del tiempo? Ven y dame un gran beso. -Jason sonrió a la anciana, se agachó y besó su mejilla apergaminada. Ella le tocó suavemente el cabello y susurró: -Tengo algunos bollos de nuez que Hollis me trajo esta mañana. Ven más tarde y los compartiré contigo.

Jason aferró sus viejas manos venosas y le respondió en un susurro que sin dudas iría.

Cuando se apartó, la condesa viuda levantó la mirada para ver a su nuera, la libertina pelirroja, tomando del brazo a una jovencita que nunca antes había visto.