– Escucha, mamá. Lo único que quiero es ayudarte. Me importa un carajo quién sea el padre.
– No es eso. Tú tienes derecho a saberlo, pero también tienes la obligación de mostrarme un poco de respeto y preguntarme directamente, no insinuar. ¿Te das cuenta de la diferencia?
Patrick se dio cuenta de lo enfadada y cabreada que estaba su madre, pero no podía hacer nada para poner freno a su infelicidad. El sólo había dicho lo que pensaba y esperaba que su madre comprendiese su interés y su preocupación. Le había levantado la voz a su madre, pero eso no entraba dentro de sus planes. Lo único que había querido era una respuesta y pensaba sacársela costara lo que costara.
– Venga, mamá, dímelo de una vez. ¿Quién es el culpable? Dímelo porque a mí no se me ocurre ningún otro. Lo único que quiero es saberlo. Tú eres mi madre y creo que tengo cierta responsabilidad contigo y con el resto de la familia. Creo que mi obligación es cuidar de ti porque, sea quien sea ese puñetero cabrón, quiero estar seguro de que no te va a acosar. Nadie te ha visto salir con ningún tipo, y ni tan siquiera se oyen rumores al respecto. Por tanto, a no ser que quieras decírnoslo, ¿cómo se supone que lo vamos a saber? ¿Qué estás esperando? ¿A que nazca y lo veamos?
Lil no le respondió. Se limitó a mirarle con esos ojos grandes. Pat se sintió culpable por no haber sabido llevar bien la situación.
– No era ésa mi intención -dijo-. Puedes hacer lo que te dé la gana, pero eres mi madre y debes decirme lo que te pasa. Lo único que quiero es ayudarte y facilitarte las cosas. Si el tipo ése necesita que le lean la cartilla, puedo asegurarte de que así será.
Lil dejó de sentirse cabreada. De alguna manera podía comprenderle, pero ¿cómo podía explicarle que se había sentido tan avergonzada que no podía decirle que estaba embarazada de nuevo? ¿Por qué era siempre ella la que tenía que sufrir las consecuencias? A pesar de todo lo que había pasado en la vida, seguía siendo tan estúpida como para volverse a quedar preñada y, una vez más, de alguien que no tenía ni el más mínimo interés en ella. Si Jambo estaba dispuesto a hacer lo que ella le había pedido, era por el miedo que le tenía a sus hijos. Sin embargo, ellos no tenían por qué saberlo. Lance, pensara lo que pensara de él, siempre había sido el que la había defendido con más fervor y sabía que si alguien decía algo contra su madre, se estaba jugando el pellejo. Patrick, sin embargo, pensaba más parecido a ella de lo que creía, y comprendía, hasta cierto punto, claro, que su madre seguía siendo una mujer relativamente joven y necesitaba, no sólo del sexo, sino de algo de afecto, o la fingida ilusión de, al menos por unos minutos, sentirse querida y mimada por alguien, y no al contrario.
– Tenía dieciséis años cuando naciste tú, Patrick. ¿Puedes imaginar lo que es eso? Tuve cinco hijos tan deprisa que apenas me dio tiempo para darme cuenta de lo que eso significaba.
Se rió afablemente. Luego continuó hablando:
– Luego vinieron otros dos más, a los cuales quiero con toda mi alma a pesar de que son hijos de alguien que jamás fue consecuente con sus actos. Me dio dos hijos que nunca significaron nada para él. El mismo que tú has matado.
Se rió de su incongruencia al hablar, de toda la situación.
– Todos mis hijos son huérfanos y sus padres murieron asesinados. ¿Te das cuenta de lo irónico que resulta? Algún día los pequeños querrán saberlo todo, aunque no les importe un rábano. ¿Imaginas cómo me sentiré? Durante toda la vida la gente se ha aprovechado de mí, tú incluido. Tú y tus hermanos. Lo único que habéis hecho es pedir y pedir, porque eso es precisamente lo único que saben hacer los niños. Pedir y pedir más.
Lil encendió un cigarrillo y trató de relajarse para conceder a su hijo al menos un instante de sosiego. Comprender lo que les había sucedido significaría algo para ambos, si era sincera.
– No esperaba este bebé, Pat. Su padre es alguien al que yo deseé y que él me deseó. No es ninguna historia de amor, nada de eso, sólo dos personas que quisieron pasar un buen rato juntos. Ahora estoy embarazada de nuevo y, como soy católica, tener el hijo es la única solución que me queda. Lo mismo que me pasó con todos vosotros, pues jamás me resultó sencillo. No te estoy diciendo esto para que sientas lástima por mí, sino porque así son las cosas. Pero siempre traté de hacerlo lo mejor que pude.
Patrick negó con la cabeza, pero esta vez fue más por desesperación. Lil vio lo mucho que él se preocupaba de ella y se dio cuenta de lo afortunada que era de tenerlos a todos, salvo a Lance, al que no consideraba como hijo suyo. Pat le miró como la madre que era.
– He estado muy preocupado por ti, madre, eso es todo. Lo único que quiero es que seas feliz. Mereces serlo.
– No quiero ningún problema cuando llegue el momento. Yo te diré lo que quieras saber, bueno, casi todo, pero no quiero que le hagáis daño, ni que nadie le amenace. Fui yo la que estuve con él, Lil Diamond, no la esposa de Patrick Brodie, ni la puta de turno de Lenny Brewster, ni la madre de nadie. Por una vez en la vida fue sólo cosa mía.
Sonrió afablemente. Revelar su secreto le devolvió cierto aspecto juvenil al rostro, ya que se le borraron las arrugas y desapareció el miedo con cada palabra que pronunció.
– Una cosa más, hijo.
– Dime, mamá.
Lil le miró fijamente durante un largo instante, el suficiente para que él se diera cuenta de que estaba preocupada porque él le perdiera el respeto que sentía por ella. Esperó a que hablara, temiendo que fuera inoportuno. Sabía que en cuanto supiera el nombre del culpable, le daría lo suyo. En privado y con una pistola si era necesario.
– ¿Qué quieres decirme, mamá?
– Es negro, Patrick.
Lance estaba cobrando una deuda que se debía desde hacía muchos años. Era una deuda considerable, ya que ascendía a quince de los grandes. Patrick la había comprado por dos mil libras, pero sólo porque la persona que había prestado el dinero en primera instancia había utilizado todos los recursos posibles para cobrarla y no lo había conseguido. Ahora la deuda ascendía a diecisiete mil libras, puesto que no sólo había que recuperar el dinero prestado, sino el dinero empleado en adquirirla. Era una buena deuda, no sólo porque había sido barato comprarla, sino porque la persona que la debía era un pez gordo del norte de Londres que necesitaba que alguien le bajase los humos.
Lance quería demostrar quién era. Necesitaba dejarle claro a Pat que él también sabía hacer negocios por su cuenta, que también tenía su iniciativa y, lo más importante, que no quería que Patrick tuviera ningún trato con Donny Barker sin que él no estuviera presente.
Lance sabía que muchos le reprochaban que no hubiera estado presente cuando liquidaron a Lenny, muchos aseguraban incluso que recibió una fuerte reprimenda por ello. La gente no tenía conocimiento de los problemas de Kathleen porque él se había encargado de que así fuese.
Algunas personas habían hecho comentarios acerca de ella, pero él siempre se encargó de acallarlos. Aun así, nadie lo tenía en tanta consideración como a su hermano y estaba decidido a cambiar eso dándole a su imagen un nuevo impulso. Haría que la gente le respetase tanto como respetaban a su hermano.
Su hermano había sido muy afortunado en muchos aspectos. Al ser el hermano mayor le otorgaron las mayores responsabilidades desde que nació. Su madre siempre le había tratado con cariño, mientras que a él jamás se lo había manifestado. Lance estaba convencido de que mucha gente sabía que ella no le prestaba ni el más mínimo cuidado, que todo era un simulacro y que ni tan siquiera le hablaba a no ser que lo considerase estrictamente necesario.