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Ahora que Vincent se había metido en el negocio con Brodie y Spider la relación se había enfriado incluso más. Dennis lo consideraba un traidor. No comprendía que eso le convenía a Vincent, que se ganaba unas buenas libras limpiamente y con protección. Tan sólo veía cómo se ganaba el dinero y, lo que es peor, cómo lo empleaba debidamente. En la familia bromeaban diciendo que la cartera de Vincent estaba tan bien cerrada que hasta la reina tuvo que asistir a su apertura. Sin embargo, no era cierto. Vincent no era tacaño, sino astuto hasta la médula. No soportaba a los parásitos y siempre decía que no había razón para gastar dinero si no era para ganar más. Dave y los demás hermanos le adoraban, pero Dennis siempre tuvo problemas con él y, desgraciadamente, el sentimiento era mutuo.

Si se trataba de comparar a uno con otro, obviamente Vincent había sido mucho más sabio con el dinero. Vincent bebía con moderación y jamás tomaba drogas. Tenía dos hijos encantadores, una mujer con un culo por el que merecía morir y una casa estilo Tudor en Essex. Vincent se había hecho rico con las carreras de caballos. Era un jugador profesional que tenía apuestas en todos lados y solía ofrecer un punto o dos más que las casas de apuestas legales. Disponía de una amplia gama de clientes, todos personas deseosas de gastar dinero sin que le hicieran demasiadas preguntas acerca de su procedencia.

Vincent siempre pagaba su copa. Jamás esperaba nada de nadie, ni de su familia. Saludaba a todos los presentes con su habitual camaradería cuando Dennis salió como una bala de la trastienda y lo atacó con un trozo de tubería que siempre llevaba con él.

Cuando Vincent cayó al suelo, Dave y Ricky agarraron a Dennis y lo sacaron fuera. Reinaba el silencio en el establecimiento y Dave miró a ese cúmulo de rostros conocidos: chulos de putas y parásitos que bebían gratuitamente y esperaban con el aliento contenido a que comenzase el cabaret. No había ni un verdadero colega en todo el recinto, ni tan siquiera su hermano conocía a nadie con el que proponer uno de sus brindis por el éxito y la buena suerte.

Dave no había aprendido nada de Patrick Brodie en todos esos años, pero fue como si alguien prendiese una luz en su cerebro. Se estaba viendo con suma claridad a sí mismo y lo que había logrado le resultaba tan enriquecedor como terrorífico. Una sala llena de gilipollas sin un duro en el bolsillo no auguraba ninguna paz de espíritu, ni la seguridad de sus hermanos. Ese mobiliario tan estropeado, ese montón de camareras viejas y esa atmósfera tan viciada por el tabaco le mostró la realidad de lo que había sucedido con lo que, en una época, fue un joven prometedor.

Vincent estaba de rodillas, sangraba profusamente por la cabeza y trataba de apoyarse en la barra para levantarse. Estaba conmocionado, pero aun así Dave se dio cuenta de que la cólera le estaba dominando. Cogió la barra de metal del suelo, del mismo lugar donde la había dejado tirada Dennis, y arremetió a golpes contra su hermano. Nadie intentó detenerlo, ni tan siquiera Ricky, y eso dio mucho que hablar.

Capítulo 8

– Casi matas a tu hermano.

Dave estaba todavía cubierto de la sangre de su hermano cuando oyó la voz consternada de Patrick. Olía su sudor y su propio vómito y eso le hacía tener arcadas. Patrick se apartó de él lo más rápido que pudo, ya que iba a echar la papa de nuevo.

Patrick miró al hombre que tenía ante sus ojos y sintió lástima de ver a lo que había quedado reducido. Durante los muchos años que llevaba conociéndole lo había considerado como una joven promesa, pero luego todo quedó reducido a mera arrogancia juvenil. No pintaba nada en el mundo, y aunque jamás se lo había dicho en la cara, ambos lo sabían desde hacía mucho tiempo.

Le había dedicado mucho tiempo a Dave, se había preocupado de él, pero éste rara vez había prestado oídos a sus consejos y fracasaba porque no tenía fe en sí mismo. Patrick intentó ayudarle, le dio consejo, pero era como hablar con una pared. Con Dave todo parecía ir bien, pero no por mucho tiempo. Carecía del aguante necesario para mantener a flote los negocios. Era un oportunista por naturaleza, como casi todos ellos. A Dave le iría mejor si se dedicaba al soborno, a los atracos o pillaba un buen pellizco.

– ¿Te encuentras bien, tío? -dijo Patrick con la voz triste porque las cosas habían resultado de esa manera.

Por otro lado, se sentía aliviado porque la confrontación que reinaba entre los hermanos Williams y los hombres de Spider ya no la tendría que resolver él. A él le caía bien ese muchacho, al igual que sus hermanos, además de que le eran muy útiles, si no indispensables. Llevaban muchos años trabajando juntos y eso significaba mucho para él. Sabía que Dennis era el principal causante de la mayoría de las broncas en que se veía involucrada la familia. También sabía que Vincent Williams era un tipo decente y no pediría ninguna clase de retribución a cambio. Al menos no lo haría después de que Pat hablara con él. Había sido un desafortunado cambio de acontecimientos y la mejor forma de resolverlo era solucionándolo de una vez y cuanto antes. Esa reunión que se suponía que debería haber tenido con Dave no salió exactamente como él esperaba, pero si lograba mantenerlos a todos a raya sería positivo.

Cain y Spider empezaron a reírse cuando James McMullen, un jamaicano alto con una sonrisa permanente y un sentido muy errático para su forma de vestir, les contó lo que le había sucedido a Dennis Williams.

James estaba sintiendo el subidón de la hierba y ya se estaba haciendo otro porro de dimensiones mayúsculas. Los hombres se callaron recapacitando sobre lo ocurrido.

Cain sacudió la cabeza con tristeza, preguntándose qué habría ocurrido para que la familia Williams se peleara de forma tan desmesurada y violenta.

– Pobre Vincent. Es un buen tío. Un tío legal y de confianza. ¿En qué coño estaría pensando Dennis para hacer una cosa así?

Spider se encogió de hombros.

– Son todos unos capullos, del primero al último. Se creen mejor que nadie. Dennis vendería a su madre si supiera que le va a sacar algún dinero. Son asesinos de tres al cuarto, que no saben en qué mundo viven. Son todos unos miserables que no saben ni lo que significa lealtad ni el respeto, ni por ellos ni por nadie.

Cain asintió, confirmando la certeza de las afirmaciones de su hermano.

– ¿Te imaginas? Pegarle a uno de tu propia familia, sangre de tu sangre.

James lamió el papel del porro que había enrollado con tanta destreza y respondió:

– Envidia, tío. Pura y simple envidia. Vincent sigue al pie del cañón y en lo suyo es uno de los mejores. Ha hecho un poco de dinero y sabe cómo manejarlo. Los otros, en cambio, deben dinero a todo dios y saben que si no fuese por la protección que les brinda Patrick, ya hace tiempo que se hubieran visto obligados a pagarlo. Las deudas se les están amontonando y, según tengo entendido, ya no les dan créditos ni los vendedores al por mayor.

Cain recapacitó y trató de encontrar la lógica del asunto.

– Dave debería haberle matado. Dennis no dejará que las cosas queden así, tiene menos cerebro que un mosquito. Dave haría bien en cuidarse las espaldas.

– ¿En qué lugar nos deja eso a nosotros? -preguntó Spider-. Ellos ambicionan lo que nosotros tenemos y estoy seguro de que seguirán queriéndolo. Puede que les lleve un tiempo reagruparse, volver a coger las riendas, pero tarde o temprano volverán a necesitar dinero. Pienso que lo mejor que podemos hacer es ir y acabar con ellos de una vez por todas.

James asintió, pero Cain no estaba tan seguro de ello. Creía sinceramente que aquello se había convertido en una contienda familiar y que los hermanos Williams se pasarían la vida peleándose entre sí en el futuro. Expresó lo que pensaba: