Выбрать главу

Dave, Bernie y Tommy Williams estaban completamente borrachos. Habían estado fuera desde la mañana y, a esas horas tempranas de la tarde, ya estaban ebrios. Mientras estaban en la barra se dieron cuenta de que acaparaban la atención de los clientes habituales.

No habían estado en ese bar desde hacía tiempo y sabían que su repentina aparición habría sido comunicada al campamento base.

Era el día de la gran fiesta y cualquiera que tuviese un nombre estaría yendo a la iglesia cargado de regalos y con la sonrisa puesta.

Por eso sabían que estaban a salvo. Patrick Brodie no haría nada ese día y ellos ya llevaban más tiempo de la cuenta andando a escondidas. Ahora, sin embargo, los tres estaban tan cargados que se sentían capaces de enfrentarse al joven Ricky y a su constante cabreo por verlos siempre borrachos. Tenían que verlo después, pero sería cuando a ellos les resultase más conveniente. El Blind Beggar estaba hasta los topes aquella tarde, como solía suceder los sábados a la hora del almuerzo. La clientela estaba formada por comerciales, propietarios de establecimientos, unos cuantos memos y gente de poca monta.

Hubo un tiempo en que el nombre de Williams les proporcionaba una calurosa bienvenida en ese lugar, además de bebida gratis, pero en la actualidad eran sencillamente tolerados.

La bebida, mezclada con las anfetaminas que ya corrían por sus venas, les hizo sentirse más ofendidos por el tratamiento que recibían. Eran plenamente conscientes de lo bajo que habían caído y hoy, más que nunca, se sentían despechados por las personas que en otros tiempos se hubieran roto el cuello por responder a uno de sus saludos, personas que habían bebido con ellos para ver si se les pegaba algo de su éxito. Ahora los despreciaban deliberadamente, y lo peor de todo es que no les atemorizaba comportarse como lo hacían. El joven Ricky tenía razón, su astucia no le engañaba. El sabía cuáles eran los pormenores de ponerse en contra de Brodie y Spider y era el más inteligente de los hermanos no sólo porque retenía toda clase de información, sino porque sabía cómo utilizarla. Estaba empezando a escalar puestos y toda esa gentuza que ahora los despreciaba se daría cuenta de ello y cambiaría de actitud. Ricky estaba en lo cierto. Tenían que hacer algo espectacular, una hazaña que les hiciera recuperar su lugar.

Tommy miró a través de la barra al chico apuesto que tendría unos veintitantos años. Era lo que ellos calificaban como un «tiarrángano»; es decir, que era más grande de lo normal y sabía cuidar de sí mismo. Tommy lo conocía ligeramente a través de Cain, le sonrió y el muchacho le devolvió una amistosa sonrisa. Algún día les sería de mucha, utilidad, de eso estaba seguro. El muchacho, que respondía al nombre de Digger Trent, resopló con desdén y sacudió la cabeza lenta y deliberadamente antes de darse la vuelta para mirarlos. Con ese insignificante gesto logró transmitir más desprecio que si los hubiera insultado en público.

Tommy se fijó en la anchura de sus hombros, que resaltaba más aún por la chaqueta de cuero que llevaba. Digger tenía el pelo moreno y espeso, muy bien cortado, además de que era un chico apuesto y él lo sabía. Estaba, además, justo en esa edad en que se desea progresar en su profesión. Se dedicaba a cobrar deudas, además de que estaba ganándose nuevos clientes, por lo que no tenía la más mínima intención de asociarse con una pandilla de capullos como los Williams. Se sentía suficientemente seguro en su local como para mofarse de ellos. Los Williams eran habilidosos, pero estaba seguro de que podía con ellos si era necesario. De hecho, darle una paliza a tipos conocidos era la mejor forma de hacerse de una reputación. Los hermanos Williams aún eran lo suficientemente fuertes para ser evitados, pero ya no estaban asociados con ninguna persona importante como para tenerles miedo. Digger se estaba preguntando si debía encararse con ellos o esperar a ver qué sucedía.

Uno de sus compinches, Louis Blackman, no se sentía tan seguro y confiado, por lo que no les quitó ojo de encima a los hermanos Williams mientras sorbía un trago de su cerveza Foster. Era mayor que Digger y sabía que los hermanos Williams la habían jodido en los últimos años y ahora muchos los tomaban en broma, pero también sabía que juntos constituían una fuerza digna de tener en cuenta. Cuando Tommy se acercó hasta donde se encontraban cerca de la máquina de discos y vio el destello de sus gafas retrocedió lo más rápido posible.

Tommy estrelló la jarra de cerveza en la cara de Digger con todas sus fuerzas. Este no se dio cuenta de nada hasta que no vio estrellarse el cristal contra su mejilla y su ojo. Aún estaba de pie, dándole la espalda a los hermanos Williams y Tommy llevaba las de ganar porque no le había dado tiempo a Digger ni para que se cubriera con las manos. Digger cayó de rodillas, pesadamente, y Tommy empezó a apuñalarle con los restos de la jarra que sostenía en su mano.

La sangre salpicaba por todos lados y la cara de rabia que tenía Tommy era ya más que suficiente como para que nadie quisiera interferir o tratar de detenerle. El jersey Pringle que llevaba puesto estaba empapado de sangre y, cuando dio por terminado su trabajo, el joven Digger yacía inconsciente a sus pies.

Tommy le escupió encima. El odio y el desprecio que mostraba en su rostro redondo mantenían a los demás a distancia. Bernie, además, miraba al resto de los presentes con ojos endiablados y los puños levantados y amenazantes. Dave también tenía un enorme cuchillo en la mano y lo blandía mientras se reía estrepitosamente. Ninguno de los que estaban allí estaba dispuesto a encararse con aquel loco hijo de puta que parecía un maniático blandiendo su enorme cuchillo a todo aquel que se atreviese a mirarle.

La camarera, una mujer delgada con el pecho descolgado y el pelo muy mal teñido, rompió el silencio diciendo en voz alta y de forma beligerante:

– Fantástico. Justo lo que necesitaba. Sacad vuestro jodido culo de aquí y marchaos a casa. Voy a llamar a una ambulancia y ellos se encargarán de llamar a la pasma.

Tommy sonrió y ella apretó los labios en señal de fastidio. Señalándoles la puerta volvió a gritarles:

– Idos a tomar por culo antes de que llegue la pasma. Y no volváis hasta que no tengáis dinero para pagarme la moqueta. Mirad cómo la habéis dejado. Está hecha una completa ruina…

Seguía echándole maldiciones a Tommy cuando éste salió del bar seguido de sus hermanos, riendo y bromeando. Tommy se dirigió hasta su coche, sin pensar siquiera en el aspecto que tenía, ni darse cuenta de que estaba empapado de sangre. Se le había subido la adrenalina y, con las anfetaminas que había tomado, se sentía dispuesto a cualquier cosa.

– ¿Has visto cómo le he dejado la cara a ese capullo?

David sonrió y Bernie respondió con sarcasmo:

– No, me tapé los ojos para no verlo. Por supuesto que lo he visto. Y ahora arranca el motor y vámonos de aquí. Tenemos muchas cosas que hacer hoy y Ricky se preguntará dónde estamos. Lo último que necesitamos es tener un encontronazo con la bofia.

Salieron derrapando por la avenida Whitechapel para encontrarse con Ricky y resolver los asuntos que él había planeado. Luego regresarían a tiempo para cenar.

– ¿Qué hora es, cariño?

Lil acababa de terminar de arreglarse cuando oyó la voz de su marido. Se rió a carcajadas y respondió:

– Hora de que te compres un reloj.

Eran las cinco en punto y ella ya estaba preparada para asistir a la fiesta. Los niños estaban vestidos y arreglados con sus mejores galas. Normalmente, costaba bastante trabajo hacerlo, especialmente las gemelas, por lo que casi siempre tenía muy poco tiempo para arreglarse ella. Hoy, sin embargo, estaba dispuesta a lucir sus mejores galas y, a pesar de su embarazo, el espejo le dijo que lo había conseguido.

Cuando bajó las escaleras vio la cara de Patrick y sonrió al advertir el deseo que aún emanaba de sus ojos azules. Dijeran lo que dijeran de su marido, él la hacía inmensamente feliz.