Se oían rumores de que la gente estaba esperando para ver si el joven había heredado ese placer por la venganza que siempre tuvo Patrick Brodie. Lenny había utilizado a Lil, se la había tirado y la había tratado como si fuese una cualquiera, además de que se estaba llevando los beneficios de lo que había levantado su marido con tanto esfuerzo. La gente, al parecer, no dejaba de señalárselo ahora que el muchacho estaba de vuelta en casa. Por esa razón, necesitaba ganárselo durante un tiempo, hasta que él supiera por sí mismo qué es lo que se estaba cociendo; entonces, ya vería cómo solucionaba la situación.
– Me he enterado que Patrick está comprando deudas.
Lil asintió.
– Está haciendo lo debido. Como podrás imaginar, necesita dinero. Creo que ha conocido algunos tipos en la cárcel que lo han contratado para eso. Billy Farmer y los antiguos colegas de su padre. Todos le han ayudado a meterse en el negocio y poder ganar algún dinero. Hasta Spider y su hijo trabajan con él ahora.
Le estaba amenazando y Lenny se daba cuenta de ello.
– Entonces dejarás de trabajar pronto, ¿no es así, Lil? -le respondió con un sarcasmo y un cabreo que resultaban más que patentes.
– Eso es lo que él pretende. Es como su padre y sabe cuáles son sus prioridades. Los Mulligan le han pagado tres de los grandes esta misma tarde, así que no tienes por qué preocuparte. Sobreviviremos.
Lil, en definitiva, le estaba diciendo que su hijo había regresado, que ya no era ningún niño y que ella sabía perfectamente lo que andaba planeando. Lenny sabía que él la había tratado desconsideradamente, pero eso no le importaba lo más mínimo, pues él trataba de esa forma a todo el mundo.
No obstante, le dibujó una sonrisa a Lil, sirvió una copa para los dos y, en tono amistoso, le dijo:
– De todas formas dile que tengo un puesto para él si quiere.
Lil no le respondió, pero se preguntó cómo podía tener el descaro de ofrecerle un trabajo a su hijo en lo que un día fue el negocio de su padre. No había duda, no tenía ni la más mínima vergüenza. Sin embargo, ella sabía que su hijo no era estúpido y que Lance era lo suficientemente sensato como para dejar que Pat fuese quien llevara las riendas. Ella quería que su hijo quitase a ese cabrón de en medio, pues había tratado de doblegarla y casi lo consigue. Ahora ya no le tenía el más mínimo respeto, ni ella, ni sus hijos, incluido Lance.
Era un mundo de hombres y ella estaba más que harta de él.
Capítulo 2 1
– Lance, relájate cinco minutos y habla conmigo.
Los dos hermanos estaban solos. Patrick se dio cuenta de lo poco que tenían que decirse entre sí, aunque no era precisamente porque él no pusiera de su parte, es que Lance era tan callado que resultaba sumamente difícil sacarle algo. Pasaba casi todo su tiempo libre metido en la habitación de Kathleen, donde pasaban horas charlando. Para ella era un sostén, más incluso que su hermana gemela, y siempre estaba pendiente de ella; incluso comiendo o viendo la televisión, no le quitaba ojo de encima.
Pat abrió la lata de cerveza y le dio un sonoro sorbo. Cuando se echó en el respaldo de la silla, miró a su hermano y sonrió. Lance, por primera vez desde que Pat regresó a casa, le devolvió la sonrisa. Era una sonrisa de verdad que le hizo recordar lo unidos que estaban cuando eran niños.
Desde que su padre murió estrecharon sus lazos; todos los hermanos sintieron la necesidad de mantenerse unidos, de cuidarse los unos de los otros. Él y Lance asumieron la protección de las gemelas. Eileen con él y Kathleen con Lance. Ambos cuidaron de sus hermanas y en todo momento se aseguraban de que no les ocurriese nada.
Durante todo el tiempo que Pat había estado encarcelado, Lance asumió la responsabilidad, o al menos eso le habían dicho. Patrick se dio cuenta de que no debía de haber sido una tarea fácil.
– ¿Quieres sentarte de una vez? Mi amigo Johnny White está a punto de llegar.
Lance se dejó caer en el sofá, a su lado.
– Me alegra de que estés de vuelta, colega -le dijo.
– Y a mí me alegra volver. Ahora dime una cosa: ¿se ha estado ocupando Brewster de la vieja? Por lo que veo la casa está en un estado ruinoso. Según tengo entendido, no le ha dado ni un chelín y ya sabes que la vieja no me dirá nada si le pregunto. Así que dímelo tú antes de que Johnny llegue.
Lance miró aquellos ojos tan parecidos a los suyos y bostezó.
– Bueno, tú ya sabes cómo es Lenny. Yo mismo he estado haciendo algunos trapicheos para él. He hecho lo que he podido para que no nos faltara de nada. Y dime, ¿qué es lo que quiere Johnny?
Pat le dio un puñetazo a su hermano en el brazo. Fue un puñetazo de advertencia, los dos lo sabían. Patrick siempre había sido el más fuerte de los dos, pero Lance el más impulsivo, el de peor carácter y el más chulillo. Sin embargo, aquello había cambiado por completo. Después de la muerte de su padre, Lance se había convertido en una persona retraída, mientras que a Patrick aquel baño de sangre lo hizo aún más fuerte. Lance había dejado de ser una persona agresiva y concentró sus energías en su hermana Kathleen, que, como él, también dejó de ser la niña de siempre y se convirtió en una persona completamente diferente. Ahora era una persona callada, retraída y enfermiza; como un cachorro: sólo ojos y miedo.
– Dime, Pat, ¿qué quiere el pequeño Johnny?
Pat sonrió y Lance se dio cuenta de que el conspirador estaba de nuevo en casa.
– Vamos a dar un palo esta tarde y Johnny será el hombre del mostrador. Necesitamos pasta de verdad y ésa es la forma más rápida de conseguirla. A eso de las cuatro y cuarenta y cinco un camión llegará a la oficina de correos con el dinero para pagar los sueldos. Habrá unos treinta de los grandes, lo cual no está mal si lo repartimos entre los tres. Con esa pasta podremos empezar algún negocio o comprar más deudas.
Lance se encogió de hombros, pero por dentro estaba nervioso. Al contrario que a Patrick, le asustaba estar encarcelado. Pat asumía las consecuencias de sus actos, pero Lance no era así. No soportaría estar encerrado tanto tiempo, estaba seguro de que se volvería loco. Le resultaría muy duro estar lejos de su familia, especialmente de Kathleen, y estaba seguro de que algo en su interior se moriría para siempre, de lo fuertes que eran sus sentimientos por ellos. Incluso cuando había visitado a Pat en chirona había sentido esa especie de claustrofobia, ya que nunca había soportado estar encerrado. Sin embargo, a nadie le había confesado esa debilidad, n¡ tan siquiera a su hermano, pues Pat lo habría descuartizado si se enterase de tal cosa. No obstante, sabía que el asalto saldría bien porque todo lo que planeaba Pat tenía éxito; eso era precisamente lo que más había echado de menos mientras estaba encerrado.
– ¿Qué oficina de correos vamos a asaltar? -preguntó.
– La de Parking High Street. Es perfecta. Los guardias de seguridad dejan el dinero en el suelo, ni tan siquiera se molestan en meterlo en la caja porque saben que vendrán a recogerlo a los pocos minutos. Se toman un té y lo dejan allí, delante de todo el mundo. Lo único que tenemos que hacer es dejar que Johnny haga su trabajo y nosotros entraremos y saldremos en cuestión de minutos.
– ¿Cómo te has enterado de eso tan rápidamente? -preguntó Lance riendo.