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—¿Sobre los Constructores?

—Al diablo con los Constructores. Sobre los insectos. El motivo por el que quieren ir a Sismo.

—Atvar H’sial dice que quiere estudiar el comportamiento de las formas de vida bajo condiciones ambientales extremas.

—Sí. Condiciones ambientales… ¡Un cuerno! —Comenzó a caminar de regreso a los edificios—. Si crees en eso, puedes creer en el Arca Perdida. Ella está tras lo mismo que nosotros. Su interés son los Constructores. No olvides que también es una especialista en ellos.

Aunque Louis Nenda era ordinario, bárbaro y desagradable, una vez que lo dijo, se convirtió en obvio. Atvar H’sial había venido a Dobelle demasiado bien preparada con planes para cualquier contingencia, como si hubiese sabido que los permisos para viajar a Sismo serían denegados.

—¿Qué hay de Julius Graves? ¿Él también?

—¿Ese viejo loco? —Nenda meneó la cabeza—. No. Él es un misterio. De cualquier otro, yo hubiese respondido que sin duda, que está aquí por la misma razón que nosotros. Pero él es miembro de un Consejo, y, aunque no creas ni la mitad de lo que escuchas sobre ellos —cosa que yo no hago—, jamás he sabido de uno que mintiese. ¿Y tú?

—Nunca. Además, al llegar a Ópalo, él no pretendía ir a Sismo. Pensaba que esas gemelas que buscaba estarían aquí.

—De todos modos, podemos olvidarlo. Si desea ir a Sismo, lo hará. Esos tíos no podrán detenerlo. —Ya se encontraban junto al edificio. Nenda se detuvo al llegar a la puerta—. Muy bien, ya hemos mantenido nuestra pequeña charla. Ahora la mejor pregunta de todas. ¿Exactamente qué es lo que ocurrirá en Sismo durante la Marea Estival?

Darya lo miró. ¿Esperaba él que le respondiese a eso?

—No lo sé.

—Vamos, estás rehuyendo la pregunta otra vez. Tú lo debes saber… De otro modo, no hubieses viajado desde tan lejos.

—En realidad es al revés. Si supiera lo que va a ocurrir o si al menos tuviese una idea razonable, jamás hubiese abandonado Puerta Centinela. Me gusta estar allí. Usted también ha viajado desde muy lejos. ¿Qué cree usted que ocurrirá?

—Dios sabe —respondió, mirándola furioso—. Oye, tú eres el genio. Si no lo sabes tú, puedes estar segura de que yo tampoco. ¿Realmente no tienes idea?

—No. Pero creo que será algo significativo. Ocurrirá sobre Sismo. Y nos dirá más sobre los Constructores. Aparte de eso, no tengo ni idea.

—Diablos. —Nenda golpeó el suelo húmedo con el bastón. Darya tuvo la sensación de que si Kallik hubiese estado allí, habría sido ella quien recibiera el impacto—. Y entonces, ¿ahora qué, profesora?

Darya Lang había estado formulándose la misma pregunta. Nenda parecía dispuesto a cooperar, y ella se había dejado llevar por su sed de hechos y teorías relacionadas con los Constructores. Pero, al parecer, él no tenía nada; o, al menos, nada que estuviese dispuesto a entregar. Y ella ya había comenzado a hablar con Atvar H’sial y J’merlia para trabajar con ellos. No podía hacerlo con ambos. Aunque no se había comprometido a nada aún, no podía mencionar sus otras conversaciones con Louis Nenda.

—¿Me está proponiendo que trabajemos juntos? Porque si es así…

No tuvo necesidad de terminar. Él había echado la cabeza hacia atrás y reía a carcajadas.

—Señora, ¿por qué iba yo a hacer algo semejante? ¡Si acabas de decirme que no sabes un comino!

—Bueno, hemos estado intercambiando información.

—Es cierto. En eso eres buena; por eso eres famosa. Información y teorías. ¿Y qué tal eres mintiendo y timando? ¿Cómo eres en acción? Apuesto a que no tan buena. Pero eso es lo que necesitarás para llegar hasta Sismo. Por lo que he oído, Sismo no será ningún día de campo. Mi tarea no será tan sencilla allí. ¿Crees que querré ser tu niñera, dulzura, y decirte cuándo debes correr a esconderte? No, gracias, querida. Arréglatelas por tu cuenta.

Antes de que Darya pudiera responder, entró en el edificio y fue a la habitación donde habían comenzado. Kallik y J’merlia todavía estaban allí, agazapados en el suelo con sus múltiples patas extendidas y entrelazadas. Intercambiaban ominosos silbidos y gruñidos.

Louis Nenda cogió bruscamente a la hymenopt por su collar, enganchó el bastón negro y tiró.

—Vamos. Te he dicho que nada de peleas. Tenemos trabajo que hacer. —Se volvió hacia Darya—. Encantado de conocerte, profesora. ¿Te veré en Sismo?

—Me verá, Louis Nenda. —La voz de Darya temblaba de ira—. Puede contar con ello.

—Bien —replicó él con una risita burlona—. Te guardaré un trago allí. Si Perry está en lo cierto, es posible que ambos lo necesitemos.

Tiró con fuerza del bastón y arrastró a Kallik fuera de allí. Bullendo por dentro, Darya se acercó al lugar donde J’merlia se levantaba lentamente.

—¿Cómo está Atvar H’sial?

—Mucho mejor. Podrá reanudar su trabajo dentro de un día.

—Estupendo. Dile que he tomado la decisión de cooperar con ella. Haré todo aquello sobre lo que hemos conversado. Estoy lista para partir hacia Sismo y el Umbilical en cuanto ella se haya recuperado.

—Se lo diré de inmediato. Es una buena noticia. —J’merlia se acercó más a ella y estudió su rostro—. Veo que has sufrido una mala experiencia, Darya Lang. ¿Ha tratado ese hombre de hacerte daño?

—No. No un daño físico. —Pero de todos modos me ha lastimado, se dijo—. Me ha enfadado mucho. Lo siento, J’merlia. Él quería hablar, así que salimos. Creí que estabas dormido. No pensé que te verías amenazado por ese horrible animal que tiene.

J’merlia la miraba y sacudía su delgada cabeza de mantis en un gesto que había aprendido de los humanos.

—¿Amenazado? ¿Por eso? —Señaló la puerta—. ¿Por la hymenopt?

—Sí.

—No he sido amenazado. Kallik y yo intercambiábamos una primera clase de nuestros respectivos idiomas.

—¿Idioma? —Darya pensó en el bastón de azote y el collar—. ¿Me estás diciendo que puede hablar} ¿No es un simple animal?

—Honorable profesora Lang, no cabe duda de que Kallik puede hablar. Nunca ha tenido ocasión de conocer otra cosa que el idioma hymenopt, porque no ha conocido casi a nadie y a su amo no le ha interesado que aprendiese. Pero está aprendiendo. Hemos comenzado con menos de cincuenta palabras en común; ahora tenemos más de cien. —J’merlia se dirigió hacia la puerta, todavía arrastrando su pata herida—. Discúlpame, honorable profesora. Ahora debo partir en busca de Atvar H’sial. Es una pena que Kallik se vaya de aquí. Tal vez tengamos ocasión de hablar y seguir aprendiendo cuando lleguen.

—¿Llegar? ¿Adonde van?

—Adonde van todos, según parece. —J’merlia se detuvo en la entrada—. A Sismo. ¿Adonde si no?

11

Marea estival menos trece

La resistencia violenta es un problema, pero la no resistencia puede resultar más difícil de manejar.

Hans Rebka se sentía como un boxeador, preparado para un golpe que nunca llegaba. Y, en cierta forma, todavía aguardaba.

—¿No lo han discutido? —preguntó.

—Claro que sí —asintió Max Perry—. Al menos Louis Nenda lo hizo. Pero entonces dijo que ya estaba harto del sistema Dobelle, que podíamos comernos su solicitud de acceso y que pensaba irse de aquí en cuanto pudiese. Y ya lo ha hecho.

—¿Qué hay de Darya Lang y Atvar H’sial?

—Lang no dijo una palabra. No hay forma de saber qué piensa Atvar H’sial; con todo, lo que tradujo J’merlia no demostró mucha furia. Se fueron con su resentimiento a otra Eslinga. No los he visto en dos días… Para ser honesto, debo confesar que no he tenido tiempo para preocuparme por ellos. ¿Cree que deberíamos hacerlo?