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Con sus paredes opacas, el nivel inferior de la cápsula resultaba deprimente. Rebka se acercó a la mesa y eligió un segmento musical privado. La música Pre-Expansión, compleja y polifónica, sonó en el interior de su cabeza. Las voces al estilo de fuga sugerían la inminente influencia de Mandel y su séquito. Durante diez minutos, Rebka comió y escuchó, disfrutando con dos de los placeres más básicos y antiguos de la humanidad. Una pregunta surgió en su mente. Al carecer de música, ¿tendrían los cecropianos alguna forma de arte propia en compensación?

Al terminar la pieza, le sorprendió advertir que Julius Graves se encontraba allí y le miraba.

—¿Puedo? —El consejero se sentó ante la mesa y señaló el tazón vacío—. ¿Es recomendable?

Rebka se encogió de hombros. De las cosas que Julius Graves podía querer de él, su opinión sobre la sopa no ocupaba los primeros puestos de la lista.

—¿Alguna vez se le ha ocurrido pensar en lo increíble que es el hecho de que, con muy poca ayuda, seamos capaces de comer y digerir los alimentos de mil mundos diferentes? —preguntó Graves—. Los ingredientes de esa sopa fueron producidos en Ópalo, pero su estómago no tendrá ningún problema para procesarlos. En el sentido biológico, nosotros, los cecropianos y los hymenopt somos completamente distintos. Ninguno de ellos está basado en el ADN. Sin embargo, con la ayuda de unas pocas bacterias unicelulares implantadas en nuestro organismo, podemos comer los mismos alimentos que ellos. Sorprendente, ¿verdad?

—Supongo que sí.

Rebka detestaba los diálogos a solas con Graves. Aquellos dementes ojos azules le asustaban. Incluso cuando la conversación parecía general, sospechaba algo oculto; y, para mayor confusión, nunca estaba seguro de cuánto de lo que decía provenía del gemelo mnemotécnico. Steven era amigo de los datos interminables y las bromas estúpidas; Julius, de la sutileza y los rodeos. La presente conversación podía ser una simple especulación del primero o un engañoso tanteo del segundo.

—Lo sé —replicó Graves, esbozando una sonrisa—. No le parece importante que podamos comer los alimentos de Ópalo o los de Sismo. Pero lo es. Para comenzar, ha originado una teoría popular sobre el motivo por el cual cecropianos y humanos no pelearon cuando se encontraron. La gente dice que evitaron el combate porque no competían por los mismos recursos. Pero eso es una tontería. No sólo compiten por los mismos recursos inorgánicos de metales y materias primas, sino que también, con un poco de ayuda en el nivel bacteriano, están en condiciones de comer los mismos alimentos. Un humano podría comerse a un cecropiano, si tuviera necesidad de hacerlo. O viceversa. Y eso presenta un nuevo misterio.

Rebka asintió con la cabeza para demostrar que estaba escuchando. Era mejor jugar al hombre amable que hablar demasiado.

—Miramos a un cecropiano —continuó Graves—, a un lo’tfiano o a un hymenopt y decimos: ¡qué extraños que son! ¡Cuan diferentes a nosotros! Pero el misterio está justamente en lo opuesto. Deberíamos decir: ¿por qué somos todos tan similares? ¿Cómo es posible que seres derivados de distintas especies, evolucionados en mundos diferentes, calentados por soles de otros tipos estelares, con biologías totalmente diversas, sin un solo punto de historia en común…, cómo puede ser que se parezcan tanto como para poder comer los mismos alimentos? Que las formas de sus cuerpos sean tan similares que podamos utilizar análogos de la Tierra, cecropianos, hymenopt, chrysemides, en seres de las más distantes estrellas. Que podamos hablar entre nosotros, de un modo o de otro, y comprendernos sorprendentemente bien. Llega hasta tal grado que un solo consejo ético puede ponerse de acuerdo en reglas que serán aplicadas a lo largo de todo el brazo espiral. ¿Cómo pueden ser esas cosas? Aunque, claro, el brazo espiral está lleno de misterios.

Rebka estaba seguro de que Graves se dirigía a alguna parte. Pero tendría que andar un buen rato antes de que aquello cobrase sentido. Por el momento, sólo parecía estar ofreciendo un discurso filosófico.

—Muchos misterios —continuó Graves—. Los Constructores, por supuesto. ¿Qué ocurrió con ellos? ¿Cuál era su psicología, su historia, su ciencia? ¿Cuál es la función de la Lupa, de Paradoja, de Antorcha o de las Fagias? De todas las creaciones de los Constructores, sin duda las Fagias son las más inútiles. Si se lo permito, Steven podría disertar varias horas sobre este tema.

Rebka volvió a asentir con la cabeza mientras rezaba para que no lo hiciera.

—Y existen otros misterios más recientes, sobre los cuales siento una gran curiosidad. Piense en los zardalu. Hace unos pocos milenios reinaban sobre más de mil mundos. Según la especie sometida, eran tiránicos, despiadados, crueles. Pero cuando el imperio se desmoronó, esas mismas especies esclavas se rebelaron y exterminaron a todos los zardalu. Un genocidio. ¿No fue ésa una acción más bárbara que cualquiera de las practicadas por los mismos zardalu? ¿Y por qué ellos decidieron gobernar de ese modo? ¿Tenían una idea diferente de la conducta ética, algo que nosotros no podríamos reconocer? De ser así, ellos eran seres verdaderamente extraños, pero nunca sabremos de qué forma. ¿Qué hubiese hecho un consejo ético con los zardalu?

… un solo consejo ético puede ponerse de acuerdo en reglas… Rebka vio la repentina angustia en el rostro envejecido de Graves, y su mente recordó ese comentario anterior. Al hablar sobre la moral de los zardalu, ¿estaría Graves cuestionando las reglas establecidas por su propio consejo? ¿Se prepararía para desobedecer sus instrucciones?

El consejero no le miraba a los ojos.

—Algunas veces me pregunto si la ética que favorecemos no será tan localista y limitada como nuestro patrón común de formas corporales y modelos de pensamiento. Los Constructores tuvieron una ciencia que resulta verdaderamente extraña para nosotros. No coincide con nuestra visión del mundo. No sabemos cómo construían, ni qué construían. Sin embargo, nuestros científicos nos dicen que sólo existe un conjunto de leyes físicas que gobiernan todo el universo… ¡Lo mismo que nuestros filósofos, quienes nos dicen que tenemos un sistema de ética universal! Me pregunto si la ética de los Constructores nos resultaría tan extraña como su ciencia. O si ellos, al ver cómo tratamos a nuestras diferentes especies, no quedarían consternados ante nuestra parcialidad y nuestros errores de juicio.

»Yo planteo que todos tenemos una lección que aprender, capitán. Es tan simple como esto: las reglas establecidas por cualquier consejo deben ser dinámicas. No pueden ser eternamente las mismas, grabadas en piedra y acero. Debemos estudiarlas sin cesar y preguntarnos si pueden ser mejoradas.

De pronto Graves miró a Rebka con fervor, giró y ascendió la rampa hacia el nivel superior de la cápsula.

Rebka permaneció sentado y lo miró partir. Había habido un contrapunto en aquellas oraciones finales, casi de dos voces. ¿Sería posible que Julius y Steven Graves estuviesen manteniendo alguna clase de diálogo interno, en el cual Rebka no era más que un observador? Tal vez Julius quería hacer una cosa, y Steven, otra.

Era descabellado, pero no más improbable que el desarrollo de una conciencia independiente en el gemelo mnemotécnico. Y si trabajar con Julius Graves en la superficie de Sismo sería difícil, trabajar con una mezcla fluctuante de Julius y Steven sería imposible.

¿Gemelos, disputándose el dominio dentro de un solo cerebro? Rebka se levantó y, al hacerlo, notó que la plataforma ejercía mucha menos presión en la suela de sus zapatos. Su peso había descendido algunos kilos. Debían estar acercándose a la Estación Intermedia. Se dirigió hacia la rampa mientras se preguntaba si Max Perry todavía estaría sentado, petrificado en su contemplación de Sismo. Cada vez más, se sentía como el guardián de unos lunáticos con talento.

En su primer viaje a Sismo, Rebka había insistido bastante en entrar en la Estación Intermedia y examinarla. Aunque los humanos la habían modificado y desarmado, seguía siendo tecnología de los Constructores, y eso la volvía fascinante. Sin embargo, cuando Max Perry decidió pasar de largo —cuando se vio competido a pasar de largo—, Rebka no había discutido la decisión, ya que él mismo sentía una gran curiosidad por ver Sismo.