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Ahora la urgencia por llegar a Sismo era mucho mayor. Según el reloj interno de Rebka, faltaban trece días de Dobelle para la Marea Estival; ¡sólo ciento diez horas! No obstante, Perry insistió esta vez en detenerse en la Estación Intermedia.

—Mírelo usted mismo. —Perry señaló el tablero de la cápsula—. ¿Ve el consumo de potencia? Está demasiado alto.

Rebka miró y no pudo deducir nada. Lo mismo le ocurrió a Graves. Si Perry decía que las cosas no estaban bien, ellos tenían que creerle. No había ningún sustituto para la experiencia y, cuando se encontraban en el Umbilical, prevalecían los conocimientos de Perry.

—¿Estamos en peligro? —preguntó Graves.

—No en peligro inmediato. —Perry se frotaba la nariz con expresión pensativa—. Pero no podemos arriesgarnos a descender en Sismo hasta que sepamos por qué ha aumentado el consumo de potencia. Como los controles centrales están en la Estación Intermedia, debemos detenernos allí y averiguar qué es lo que ocurre.

Bajo su dirección, la cápsula ya había abandonado sus correderas invisibles para girar hacia la figura deforme que ocupaba la mitad del cielo a su izquierda.

Cuando los humanos la descubrieron, la Estación Intermedia era una cueva sofocante de tres kilómetros de ancho y casi vacía. Las paredes eran transparentes. Un hombre con traje espacial podía volar hasta el lado que miraba a Ópalo y detectar que caía suavemente en aquella dirección. Un fuerte puntapié en la pared de vidrio lo haría pasar al interior, donde continuaría flotando, cada vez más lento, hasta que al fin se viera detenido por la pared opuesta. La estación marcaba el centro de masa exacto del sistema Sismo/Ópalo.

No se comprendía qué uso habían dado los Constructores a la Estación Intermedia. Eso no tenía demasiada importancia para la mayoría de los humanos. Éstos habían llenado la esfera vacía con varias cámaras presurizadas, convirtiéndola en un hábitat provisional y en un depósito de diversas cosas, desde botas termales hasta alimentos deshidratados y congelados. Respondiendo a cierto viejo instinto cavernícola que favorecía los espacios cerrados, también habían cubierto las paredes externas con una capa opaca. Después de cuatro mil años de Expansión, al parecer los humanos todavía se sentían incómodos ante el vacío infinito del espacio abierto.

La cápsula atravesó una primera esclusa de aire y luego avanzó como un topo por un corredor oscuro que apenas si era lo suficientemente ancho para permitir su paso. Dos minutos después llegó a una cámara cilíndrica llena de monitores y tableros de control. Perry aguardó un par de minutos mientras se equiparaban la presión interna y la externa. Entonces, abrió la compuerta de la cápsula y salió flotando. Para cuando los otros lo alcanzaron, él ya estaba trabajando frente a una de las pantallas.

—Aquí —señaló—. Ése es el problema. Otro coche recorría el Umbilical al mismo tiempo que nosotros.

—¿Dónde? —Rebka observó las pantallas. Mostraban cámaras y monitores a lo largo de todo el Umbilical. No vio nada.

—No lo verá. —Perry había notado el sitio donde miraba Rebka—. El consumo de potencia ya ha pasado. Eso significa que la otra cápsula ya no se encuentra en el Umbilical.

—¿Dónde está entonces? —preguntó Graves.

Perry se encogió de hombros.

—Lo averiguaremos. Espero que haya alguien de servicio allá abajo. Estoy enviando una señal de emergencia. —Ya se había acercado a una unidad de comunicaciones y pulsaba un código.

Veinte segundos después, el rostro de Birdie Kelly aparecía en la pantalla. Estaba agitado y tenía el cabello despeinado.

—¿Max? ¿Comandante Perry? ¿Qué ocurre?

—Usted nos lo dirá, Birdie. Mire su consumo de potencia de las últimas horas. Hemos tenido dos cápsulas en funcionamiento.

—Es cierto. No hay problema; lo hemos verificado y hay suficiente reserva.

—Tal vez. Pero sí hay un problema. La otra cápsula no tenía autorización.

El rostro de Birdie pareció confundido.

—Por supuesto que sí. Esa mujer tenía una autorización suya. Personal. Aguarde un segundo.

Desapareció por unos momentos de la pantalla y regresó sosteniendo una hoja.

—Ése es su sello… ¿Lo ve? Aquí…

—¿Le ha entregado un coche?

—Por supuesto que sí. —El tono de Birdie pasó de ser defensivo a mostrar fastidio—. Tenía la autorización y debía de conocer los códigos de comando del Umbilical. De no haber sido así, jamás se hubiesen elevado ni un metro sobre el nivel del mar.

—¿Se hubiesen?

—Claro. Hemos supuesto que estaba al tanto de esto. La mujer… —Birdie Kelly miró la hoja—. Darya Lang. Con los dos alienígenas. Una cecropiana y otro de una especie que no he podido reconocer. ¿Qué está ocurriendo ahí?

—La autorización era falsa, Birdie. Mi sello fue falsificado. —Perry se volvió hacia otro tablero de control—. Según esto, ya no se encuentran en el Umbilical.

—Correcto. Deben de estar en Sismo. Espero que lo estén pasando mejor allá arriba que nosotros aquí. —La pared de detrás de Birdie tembló y se ladeó; se escuchó el silbido del viento. Birdie apartó la vista de la pantalla durante una fracción de segundo—. Comandante, a menos que pueda decirle alguna otra cosa, debo partir al instante.

—¿Otra tormenta?

—Peor que nunca. Hace cinco minutos recibimos una llamada a través del Sistema de la Eslinga. Mono Araña comienza a quebrarse. Tenemos preparado un puente aéreo, pero tienen problemas para aterrizar en la Eslinga y llevarse a la gente.

—Vaya a ayudar. Nosotros seguiremos nuestro camino. Buena suerte, Birdie.

—Gracias. Vamos a necesitarla. Lo mismo para ustedes.

Birdie Kelly se marchó.

Lo mismo hizo Perry. Para cuando Rebka y Graves lograron alcanzarlo, ya comenzaba a sellar la cápsula.

—Nos llevan nueve horas —dijo—. Estando tan cerca de la Marea Estival, es más que suficiente para matarlos a todos.

Pulsó una última secuencia de comandos, y la cápsula comenzó a retornar por el estrecho corredor.

Hans Rebka se reclinó en su asiento y miró hacia delante, aguardando la primera vista de Sismo cuando emergieran de la Estación Intermedia.

Se sentía tenso y sin embargo experimentaba una extraña satisfacción. Sus instintos no le habían engañado. El golpe que había estado esperando, desde que Max Perry les dijo a los demás que Sismo estaba prohibido, había sido asestado.

O al menos un golpe.

Su sensación de inminentes revelaciones no había desaparecido por completo. Su vieja voz interior le aseguraba que habría más.

ARTEFACTO: FAGIA

UAC#: 1067

Coordenadas galácticas: No aplicable

Nombre: Fagia

Asociación estrella/planeta: No aplicable

Nodo de Acceso Bose: Todos

Antigüedad estimada: Varias. Entre 3,6 y 8,2 Megaaños.

Historia de su exploración: Los humanos informaron sobre las primeras Fagias durante la exploración de Antorcha, en E. 1233. Posteriormente, se supo que las Fagias habían sido observadas y evitadas por exploradores cecropianos durante al menos cinco mil años. La primera entrada humana en una Fagia fue efectuada en E. 1234 durante el conflicto Remolino (sin sobrevivientes).