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Susannah miró a Luke. Él también parecía sorprendido. Garth palideció.

– Todo este tiempo… -susurró-. Me dijo que había montado un estudio de interiorismo. Mi tío Rob siempre me advirtió que no era trigo limpio. Tendría que haberle hecho caso.

Susannah se frotó las sienes.

– Garth, esta mañana he estado revisando los anuarios de la escuela -empezó-. Sólo unos pocos alumnos de la academia Bryson no procedían de familias ricas. Barbara vivía con su tía, ¿verdad? Y no iban precisamente holgadas.

– Tenía una beca -musitó él-. Uno de los profesores le ayudó a conseguirla. No lo soporto más. Que se me lleven de aquí.

Cuando se hubo marchado, Chloe sacudió la cabeza.

– Su mujer vende niñas a viejos depravados, mata a su hermana y lo que más le molesta es que lo engañara.

Luke tomó a Susannah por la barbilla y le levantó la cabeza.

– Lo de Simon y tu madre ha sido un buen golpe.

– Pero explica muchas cosas. -Sus labios se curvaron con amargura-. Anda que Daniel y yo venimos de buena cepa.

– En general los personajes de esa ciudad parecen salidos de la caldera del diablo -bromeó Chloe-. Pero dicen que las malas hierbas son mucho más resistentes que las rosas.

Susannah esbozó una triste sonrisa.

– Gracias, Chloe.

Chloe se puso en pie.

– Tengo que interrogar a otro preso. Si se da prisa, llegará a tiempo de ver a Daniel en el vestíbulo.

– ¿Daniel está aquí? -preguntó Luke.

– Le han dado el alta esta mañana -explicó Susannah-, pero no sabía que fuera a venir aquí.

– Alex tiene algún asunto pendiente con su padrastro -dijo Chloe-. Ellos se lo explicarán. Yo la veré más tarde.

Cuando se hubo marchado, Luke ayudó a Susannah a ponerse en pie.

– Te llevaré a ver a Talia para que podáis buscar juntas a la familia de Marcy. O Darcy. -Vaciló-. No te habrá afectado esa bobada de las malas hierbas, ¿verdad?

– No lo sé. Claro que en este caso da bastante igual si en la formación del carácter tiene más peso la biología o la educación. Tanto en el caso de Daniel como en el mío, las dos cosas han sido una mierda. No me extraña que Simon se convirtiera en un monstruo semejante.

– Pero Daniel y tú sois buenas personas.

Ella sonrió, aunque tenía el estómago más revuelto que antes de entrar en aquella sala.

– Dos de tres no es una mala proporción, ¿no?

Dutton,

lunes, 5 de febrero, 10:00 horas

Charles estaba preparando su traje negro cuando sonó su teléfono móvil.

– Paul. ¿Y bien?

– Ya está. Le agradezco el aviso. La retratista hizo un trabajo de puta madre. Cualquier policía de Atlanta que hubiera visto el dibujo me habría reconocido en dos segundos.

– ¿Tienes el original y todas las copias?

– Sí. La retratista había guardado una en el servidor del GBI pero la ha borrado antes de que yo la borrara a ella de la faz de la tierra. Y hoy -dijo con regocijo en la voz- me han asignado una nueva misión.

Charles dejó de prestar atención a las corbatas.

– ¿De qué estás hablando?

– Bueno, parece que el grupo de investigación del GBI se ha quedado un poco corto esta vez, entre los agentes que han muerto y los que están hospitalizados.

– Ya me imagino que en estos momentos están algo faltos de recursos. ¿Y?

– Pues que han pedido ayuda al Departamento de Policía de Atlanta para que proteja a las personas que piensan que corren peligro por culpa de Bobby. Me he prestado voluntario.

Charles se sentó mientras se le aceleraba el pulso.

– ¿Te ha tocado hacer de guardaespaldas de Susannah?

– No. De eso se encarga Papadopoulos. Pero casi. Me ha tocado proteger al valiente y respetable Daniel Vartanian.

La sonrisa de Charles se amplió.

– Excelente. ¿Dónde estarás?

– Ahora estoy dentro del coche, delante de su casa. Él está convaleciente y se supone que yo debo encargarme de ahuyentar a los periodistas y a cualquier enemigo potencial.

– Nos ocuparemos de que descanse en paz -dijo Charles. Su sonrisa se desvaneció-. Supongo que su enfermera particular, es decir, Alex Fallon, también está con él.

– Supongo que sí.

– Ellos mataron a Toby Granville.

– Fue Mark O'Brien quien mató a Granville, Charles, no Daniel Vartanian ni Alex Fallon.

– Me da igual. Las cosas se sucedieron por culpa de Vartanian y su enfermera. Ellos mataron a uno de los míos y lo pagarán. Tengo que dejarte. Hoy se celebra otro funeral y aún he de vestirme.

– ¿A quién entierran ahora?

– A Janet, la hija del congresista Bowie. Se espera una plaga de periodistas y el tráfico estará imposible. Entre el oficio religioso, el entierro y el almuerzo que han previsto luego, la cosa durará todo el día. Envíame un mensaje al móvil si me necesitas; dentro de la iglesia no podré hablar por teléfono.

– De acuerdo.

Charles echó un vistazo a los utensilios de cirujano con los que la noche anterior había curado a Bobby. Eran un regalo de Navidad de Toby Granville. Esa semana le habían resultado muy útiles entre el juez Borenson y Bobby Davis. Pensó que a Toby le habría alegrado saberlo.

– Ah, Paul. No mates a Vartanian. Tráemelo a mí.

– ¿Lo dejo donde siempre?

– Sí. Pero antes tendrás que deshacerte del juez Borenson.

Paul gruñó con repugnancia.

– ¿Cuánto tiempo lleva muerto, Charles?

– Es posible que siga con vida. Hace unos cuantos días que no lo compruebo.

– ¿Ya ha averiguado todo lo que tenía que averiguar?

– Sí. Si no está muerto, haz lo que quieras con él. Y que Daniel lo vea.

– ¿Y la hermana?

– Ya me ocuparé de ella a mi manera.

– Hágalo rápido. Cuando el GBI descubra que la retratista está muerta, le pedirán que haga otra descripción. Podría acabar conmigo, y me prometió que eso no sucedería.

– No sucederá.

– Tendría que haberla matado hace años, Charles.

– Hoy morirá -le espetó Charles-. Tengo que marcharme. Mantente en contacto.

Atlanta,

lunes, 5 de febrero, 10:45 horas

Luke y Susannah encontraron a Chase en su despacho junto con un policía uniformado, un joven con un cuaderno bajo el brazo.

– Ya estarnos de vuelta -dijo Luke.

– Entra -le pidió Chase en tono lacónico-. Susannah, usted también.

Luke y Susannah se miraron con inquietud.

– ¿Qué ocurre? -preguntó ella.

– La retratista con quien habló no ha aparecido por aquí esta mañana. Pete ha encontrado restos de sangre en su piso. Ed ha ido hacia allí.

Luke soltó un resoplido.

– Mierda.

Susannah frunció los labios.

– ¿Han desaparecido los dibujos?

Chase asintió.

– De su piso y del servidor. Los borraron antes de que anoche se hiciera la copia de seguridad. Este es el agente Greenburg, es uno de los retratistas del Departamento de Policía de Atlanta. Susannah, necesitamos otra descripción. Pueden utilizar la sala de reuniones.

– Claro -susurró ella. Se puso en pie e irguió la espalda-. Vamos.

– ¿Os ha contado algo Garth? -preguntó Chase cuando Susannah se hubo marchado.

Luke vaciló.

– No nos ha dicho nada de Barbara Jean que no supiéramos ya, excepto que tiene un anillo con una esvástica que probablemente fuera lo que utilizara para estigmatizar a las víctimas del depósito de cadáveres. La marca de Susannah es dos veces mayor, o sea que tiene que haber otra cruz por ahí.

– ¿Qué más? -preguntó el perspicaz Chase-. Sé que la cosa no acaba ahí.

Luke suspiró.

– Garth no tomó parte en la agresión de Susannah. Opina igual que tú, que si Jared hubiera tenido algo que ver, habría presumido de ello. Parece que Granville les dijo que… Susannah era suya, y les pidió que se mantuvieran al margen. -Apartó la mirada-. Garth también nos ha explicado que la relación entre Simon y Carol Vartanian era más estrecha de lo que debiera.