– Puede que para esta utilizara algo diferente -apuntó Talia-. No una fecha de cumpleaños.
– Puede, pero era un hombre de costumbres. Al menos me inculcó algo honrado en la vida.
Entonces cayó en la cuenta.
– Honrado -volvió a musitar; introdujo la combinación y la puerta se abrió-. El cumpleaños de Daniel. Cuando se entere, le sentará como una patada.
«El juez utilizó la fecha de cumpleaños del único hombre a quien no consiguió sobornar pero que se torturaba a sí mismo por los pecados cometidos por su padre.»
Arthur consideraba a Daniel débil. «Y a mí también.» Se equivocaba, pensó mientras sacaba varios libros de contabilidad y diarios. «Bingo.»
Talia se sentó en el suelo, a su lado.
– Ahí debe de haber información de treinta años. ¿Por qué no lo guardó en la caja de seguridad de un banco?
– No le merecían confianza. Marcy debe de aparecer en este diario. -Lo hojeó y dio con lo que buscaba-. Dios mío. Les pidió a los Linton setenta y cinco mil dólares. No me extraña que no pudieran reunir el dinero.
– ¿Y qué pasó con Borenson? -preguntó Talia.
– Joder -pasó el dedo por la página a medida que leía-. Dice que el «chulo» de la chica se interpuso y amenazó a Borenson, y que él «se encogió como un caracol».
– ¿Chulo? -repitió Talia-. ¿O sea que sí que era prostituta?
– Eso parece. -Susannah siguió leyendo-. Marcy era prostituta, pero no sólo vendía sexo. Dice que elegía a hombres mayores y ricos a quienes les gustaban jovencitas, los seducía y luego los amenazaba con contárselo todo a sus esposas si no le pagaban lo que les pedía. Ella le entregaba el dinero a su jefe y él le daba una parte. -Miró a Talia a los ojos-. Bobby hacía lo mismo en Atlanta, se pasó años así. Chloe le dijo a Garth Davis que habían encontrado listados con las operaciones.
– Otro vínculo -musitó Talia-. ¿Dice su padre quién era el jefe de Darcy?
Susannah siguió leyendo. Luego volvió atrás y leyó lo mismo otra vez. Al final se quedó mirando la página, estupefacta.
– Pone que el jefe de Marcy era Charles Grant. No… No tiene sentido.
– Sí que lo tiene. Chase me ha llamado por el camino. Luke ha descubierto a un hombre en una de las fotos que Mansfield tomó en la nave. Lleva bastón, como Charles Grant.
Susannah entornó los ojos con suspicacia.
– ¿Por qué no me lo ha dicho?
– Porque estaba tan pálida que creía que iba a desmayarse, y cuanto más nos acercábamos a esta casa, más palidecía. He pensado que era mejor que fuera asimilando cada cosa a su tiempo.
– Tiene razón, supongo. Pero ¿Charles Grant? -Aún no podía creerlo-. Era el profesor favorito de Daniel. Y de todo el mundo.
– Puede que también sea un asesino. ¿Qué más pone en el diario, Susannah?
Susannah siguió leyendo y llegó al límite de la estupefacción.
Ese gilipollas quería exprimirme. Puede que con sus prácticas vuduistas consiguiera engañar a Carol, pero a mí no me asustan sus chorradas sobre las ciencias ocultas y los thíchs. Grant no es más que un maldito oportunista que echa mano de lo que haga falta con tal de conseguir lo que quiere. Creía que podría utilizar a Simon para llegar hasta mí, pero ya me he encargado yo de ocultar sus pecados. Creía que podría utilizar a Susannah, como si con ella fuera a conseguir algo. Susannah… -Le flaquearon las piernas-. Susannah no significa nada para mí.
– Lo siento, querida -susurró Talia-. Déjelo si quiere.
– No. Necesito saberlo.
Pero hoy… Hoy ese… Ha puesto a Borenson en mi contra, y eso no se lo aguanto. La próxima vez que yo se lo pida, en cuanto los acusados lloriqueen un poco ante Borenson, él los soltará con una simple palmada en la espalda. Borenson es débil. Le advertí que se deshiciera de Alderman, ese abogadillo del tres al cuarto. ¿Acaso me escuchó? No, joder. Hasta ahora si Alderman lo amenazaba era su problema, pero ahora también lo es mío. Mierda; mantener esta casa cuesta dinero, y ya tengo que escalonar los pagos. No permitiré que me recorten los ingresos.
Su temor iba en aumento.
– Lo hizo por dinero. Por esta casa. -«Y lo sabía»-. Sabía lo que me había pasado.
Con las manos trémulas fue pasando páginas hasta llegar al mes de enero en que se despertó dentro del escondrijo, magullada, sangrando, cambiada para el resto de su vida.
– Al parecer, Charles Grant había intentado chantajear a mi padre para que le entregara parte del dinero que él cobraba de los acusados. -Sus labios se curvaron con amargura-. Resulta de un irónico estremecedor -musitó, y se quedó callada al ver confirmados sus temores.
El gilipollas de Grant vino a verme anoche con fotos de Simon violando a Susannah. Creía que me avergonzaría. Incesto. Le dije que se fuera al cuerno y que se llevara las fotos consigo. Susannah obtuvo lo que se merecía. Además, no lo denunciará a la policía; no tiene agallas. He vuelto a ganar. Charles se marchó con el rabo entre las piernas y amenazándome, como siempre. «Te arrepentirás. Simon hará algo terrible y ni siquiera tú podrás impedírselo.» Sí, claro. Y también me matará a mí y a mi perro. Le dije que podía quedarse con Susannah, que a mí no me sirve para nada. Él me respondió: «Gracias.»
Susannah cerró los ojos. Las lágrimas empezaron a caer sobre sus manos y se apresuró a enjugárselas.
– Estropearé las pruebas.
Talia le puso un pañuelo de papel en la mano y tomó otro para ella.
– Lo siento mucho, Susannah -susurró turbada.
De repente Susannah soltó una amarga carcajada.
– Menudas pruebas. Con esto no podemos demostrar que Charles Grant haya hecho nada, solo que sabía lo de… mi agresión.
– Él la provocó -soltó Talia con rabia-. Lo sé.
Susannah sacudió la cabeza con objetividad.
– Pero no podemos demostrar nada.
Las dos permanecieron calladas un buen rato. Entonces Talia la miró.
– Da la impresión de que su padre y el señor Grant eran enemigos acérrimos y que el juez Borenson no era más que un peón a quien iban moviendo en el tablero según su conveniencia. Y de repente todo queda en nada. Ni conflictos, ni acusaciones… Borenson se jubila y se va a vivir a la montaña; Grant se dedica a dar sus clases, y su padre a ejercer de juez, y siguen con sus chantajes. No parece que se cometiera ningún asesinato. -Talia hizo una pausa-. Hasta que volvió a aparecer Simon.
Susannah se dio tiempo para asimilar las palabras y de repente lo vio todo claro.
– Se dieron una tregua. -Ya no le temblaban las manos al hojear las páginas. Sabía lo que iba a encontrar. Pasó de largo el asesinato de Alicia Tremaine y el juicio irregular de Gary Fulmore presidido por Borenson-. Mi madre presionó a Frank Loomis para que manipulara las pruebas, pero Grant también tomó parte. Toby Granville era el protegido de Charles Grant. Si se hubiera sabido la verdad sobre la agresión de Alicia, habrían acusado a Toby y habría ido a la cárcel.
– O sea que Grant presionó a Borenson para que hiciera la vista gorda, para que diera por válidas pruebas falsas.
– Eso creo. Luego detuvieron a Marcy Linton y la guerra llegó a su punto álgido. Puede que mi padre conociera la relación entre Grant y Marcy o puede que fuera cosa de la mala suerte, pero Grant utilizó lo que sabía de Borenson para conseguir que volvieran a juzgar a Marcy y le redujeran la pena.
– A su padre no debió de hacerle ninguna gracia. ¿Cómo debieron de pactar la tregua?
Susannah avanzó hasta un año después del asesinato de Alicia Tremaine, hasta la falsa muerte de Simon.
– El día en que Simon desapareció yo le había oído discutir con mi padre. Mi padre había encontrado las fotos, las que Daniel utilizó para identificar a las víctimas del club de los violadores. Mi padre le dijo a Simon que desapareciera si no quería que lo denunciara. Unos días más tarde nos enteramos de que había muerto. Se había marchado a México y había tenido un accidente de coche.