El paramédico volvió a ocuparse de Daniel y Luke regresó a la primera celda, donde Alex se encontraba arrodillada junto a Beardsley, aplicándole gasas limpias en el costado.
– ¿A cuántas chicas se han llevado? -preguntó Luke en tono quedo.
La mirada de Beardsley denotaba cansancio.
– A cinco o seis. Les he oído hablar de un barco.
– Avisaré a la policía local y a los patrulleros -dispuso Luke-. Y a los guardacostas.
En el pasillo, la camilla en la que se llevaban a Daniel se cruzó con otra camilla para Beardsley. Alex le agradeció que le hubiera salvado la vida y salió de la reducida celda para unirse a Daniel.
Luke le tomó el relevo y se agachó junto a Beardsley con cuidado de no interferir en el trabajo de los paramédicos.
– Necesito saber exactamente qué ha visto y oído.
Beardsley hizo una mueca cuando lo levantaron para tenderlo en la camilla.
– No estaba muy cerca del despacho, así que no he podido oír gran cosa. A Bailey y a mí nos encerraron en las celdas del otro extremo de la nave. Nos mantenían separados. Todos los días nos llevaban al despacho, para interrogarnos.
– ¿Se refiere a la sala donde han muerto Mansfield y los demás?
– Sí. Querían la llave de Bailey. Le han pegado y… -Su áspera voz se quebró-. Dios mío. Granville la ha torturado. -Apretó los dientes con rabia, y sus ojos se llenaron de angustia-. Todo por una llave. No tienes ni idea de las ganas que tenía de matarlo.
Luke miró a Angel, muerta sobre el colchón, y pensó en Susannah Vartanian y en todas las otras víctimas inocentes a quienes el doctor Granville y los miembros de su club habían ultrajado.
– Sí, creo que sí lo sé.
Tenía que llamar a su jefe. Tenían que reagruparse. Necesitaban un plan.
Necesitaban que la chica que estaba con Susannah sobreviviera.
Luke siguió la camilla de Daniel hasta el exterior. Allí se encontró con el agente Pete Haywood, del equipo de Chase.
– ¿Qué ha pasado ahí dentro? -quiso saber Pete.
Luke le contó una versión resumida de los hechos, y con cada detalle los ojos de Pete se abrían más y más.
– Ahora tenemos que hablar con la chica. Es posible que sea la única que sepa adónde se han llevado a las demás.
– Ve tú -dijo Pete- Yo me quedaré aquí. Llámame en cuanto tengas noticias de Daniel.
– Precinta el escenario. No dejes pasar a nadie y no comuniques nada por radio hasta que hayamos avisado a Chase y a la Agencia. -Corrió hacia el coche y marcó el número de Chase Wharton mientras los paramédicos introducían a Daniel en la ambulancia que lo esperaba.
– Mierda -soltó Chase antes de que Luke tuviera tiempo de hablar-. Llevo veinte minutos tratando de localizarte. ¿Qué coño está pasando ahí?
La ambulancia se puso en marcha.
– Daniel está vivo, pero su estado es crítico. Alex está ilesa. O'Brien, Mansfield, Granville y Loomis están muertos. -Luke se llenó los pulmones de aire fresco. Aun así, el sabor de la muerte persistía-. Y la situación es de órdago.
Capítulo 4
Dutton,
viernes, 2 de febrero, 16:40 horas
Susannah observó cómo los paramédicos colocaban a la chica dentro del helicóptero.
– ¿Puedo subir yo también?
El paramédico de más edad negó con la cabeza.
– No está permitido. Además, no hay sitio.
Susannah se mostró preocupada.
– A Bailey se la han llevado en ambulancia. Ahí dentro sólo va la chica.
Los paramédicos intercambiaron una mirada.
– Estamos esperando a otro paciente, señora.
Susannah ya había abierto la boca para preguntar quién era cuando apareció otra ambulancia seguida del coche de Luke. Este se apeó de un salto en el preciso momento en que Alex Fallon bajaba de la ambulancia. Estaba cubierta de sangre, pero parecía ilesa.
– ¿Qué ha ocurrido? -preguntó Susannah. Entonces lo vio por sí misma. «Daniel.»
Su hermano estaba sujeto a la camilla con una máscara de oxígeno cubriéndole el rostro. Observó pasmada cómo lo trasladaban por delante de sus narices hasta el helicóptero.
Siempre le había parecido fuerte, invencible. En esos momentos, sujeto a la camilla, tenía un aspecto muy débil. En esos momentos él era todo cuanto le quedaba en el mundo. «No te mueras, por favor. No te mueras.»
Luke le pasó el brazo por los hombros para darle ánimos, y ella se percató de que le flaqueaban las rodillas.
– Está vivo -le susurró Luke al oído-. Su estado no es muy bueno, pero está vivo.
«Gracias a Dios.»
– Menos mal -dijo ella. Se dispuso a apartarse de Luke, cuyo apoyo se le antojó de pronto muy importante, pero él la asió de los brazos y la miró a los ojos.
– ¿Y qué hay de la chica? ¿Ha dicho algo más?
– Solo ha estado consciente un par de minutos. No ha parado de repetir «Las ha matado a todas» y luego ha preguntado por su madre. ¿A qué se refería? ¿Qué ha pasado allí?
La mirada de Luke era penetrante.
– ¿Ha dicho algo más? Cualquier cosa. Piense.
– No, nada más. Seguro. Ha empezado a faltarle el aliento y los paramédicos la han intubado. Mierda, Luke. ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha ocurrido a Daniel?
– Se lo contaré por el camino. -La guió hasta el asiento del acompañante y ayudó a Alex a subir detrás-. Puede que la chica desconocida se despierte antes de llegar a urgencias. -Le dirigió a Susannah una mirada inquisitiva mientras se ponía en marcha-. ¿Tiene alguna herida?
– No. -El temor hizo que se le encogiera el estómago-. ¿Por qué?
– Allí había cinco chicas más, todas adolescentes. Estaban muertas. Parece alguna operación de tráfico de humanos. Alguien se ha llevado a varias chicas vivas lejos de aquí, pero no sabemos quién es. Puede que la desconocida sea la única que lo sabe.
– Dios mío. -A aquella chica la habían maltratado tanto… Entonces comprendió la pregunta de Luke-. Nos hemos manchado con su sangre -dijo en voz baja. Llevaban guantes, pero la chaqueta de Susannah estaba empapada, al igual que la camisa de Luke-. Si tiene alguna enfermedad, corremos el riesgo de contagiarnos.
– En urgencias nos harán todo tipo de pruebas -terció Alex-. Les preocupa más la hepatitis que el VIH. Nos administrarán gammaglobulina por si acaso.
– ¿Cuánto se tarda en tener los resultados del VIH? -preguntó Susannah en tono ecuánime.
– Veinticuatro horas -respondió Alex.
– Muy bien. -Susannah se acomodó en el asiento deseando que su estómago se asentara. Veinticuatro horas no era mucho tiempo. «Es bastante menos que la semana que tardaron la otra vez.»
– Luke -llamó Alex de repente-. Granville ha dicho algo justo antes de morir.
Susannah se volvió a mirarla de nuevo.
– ¿Granville está muerto?
– Mack O'Brien lo ha matado. -Alex escrutó el rostro de Susannah, y entonces su mirada se llenó de compasión-. Lo siento. No ha podido descargarse con él.
La nueva amiga de Daniel era perspicaz.
– Bueno; aún quedan dos.
Alex negó con la cabeza.
– No. Mansfield también ha muerto. Lo he matado yo después de que le disparara a Daniel.
Susannah se debatía entre la gratitud y la frustración.
– ¿Han sufrido al menos?
– No lo bastante -repuso Luke en tono sombrío-. Alex, ¿a qué te refieres? ¿Qué ha dicho Granville?
– Ha dicho: «Crees que lo sabes todo, pero no sabes nada. Hay más.»
Luke asintió.
– Tiene sentido. Alguien se ha llevado a las chicas que faltan. Tenía que haber más gente con él.
Alex sacudió la cabeza despacio.
– No; no lo ha dicho por eso. Ha dicho: «Simon era mío. Pero yo era de alguien más.» -Hizo una mueca-. Como si fuera una especie de… secta o algo así. Qué horror.
«Yo era de alguien más.» Un desagradable escalofrío recorrió la espalda de Susannah cuando la acosó el recuerdo de una conversación oída mucho tiempo atrás.