– ¿Por qué te importa tanto la esposa de Garth Davis? -preguntó Ed.
– Porque Davis ha empezado a hablarnos de una cabaña en la que estuvo con Granville hace trece años -explicó Luke-. La utilizaron para cometer una de las violaciones porque tuvieron que cambiar de planes.
Las cejas de Ed se dispararon hacia arriba.
– ¿Y por qué es tan importante la cabaña?
– Porque hace trece años Granville tenía un mentor, alguien que le enseñaba a manipular a los demás, a controlar sus reacciones. El propietario de la cabaña podría estar relacionado con el mentor, y Davis no nos proporcionará la información hasta que vea a sus hijos.
– ¿Crees que el mentor es su cómplice? -preguntó Nancy.
– Puede ser. -Luke se encogió de hombros-. De todos modos, es lo máximo que tenemos por ahora.
– ¿Qué hay de la esposa de Granville? -sugirió Pete-. Sigue en el aire.
– También he buscado sus datos en los aeropuertos; no ha tomado ningún avión -explicó Luke-. Chase, vamos a repartir fotos de la señora Granville por todas las estaciones de autobuses.
– Daniel se crió en Dutton -advirtió Chloe-. Puede que conozca la cabaña.
– Sigue inconsciente, ¿no? -preguntó Pete.
– Ahora mismo está sedado. Pero puede que su hermana sepa algo -dijo Luke-. Se lo preguntaré.
Chase asintió.
– Esto empieza a parecerse a un plan. Vamos a…
– Espera -lo interrumpió Ed-. ¿Qué hay de Mack O'Brien?
Chase se mostró sombrío.
– Está muerto. Daniel lo mató.
Luke exhaló un suspiro.
– Dios mío, tienes razón, Ed. Recuérdalo; Mack O'Brien descubrió lo del club de los violadores porque le robó los diarios de su hermano a la viuda de Jared. No llegamos a descubrir dónde ocultaba Mack esos diarios. La viuda de Jared le dijo a Daniel que allí describía las violaciones con todo detalle. Es posible que también explicara la de la noche en que fueron a la cabaña. ¿Y si esos diarios contuvieran la información que Davis se niega a darnos?
Chase sonrió, y por primera vez en toda la noche su sonrisa fue auténtica.
– Encontradlos. -Señaló a Pete-. Tú encárgate de buscar a la esposa de Davis, por si no encontramos los diarios. Tiene que haber dejado alguna pista. Nancy, vuelve a casa de Mansfield y, en cuanto los artificieros inutilicen el detonador, regístrala de cabo a rabo. Ed, sigue registrando la nave. Nate, nos serías de gran ayuda si pudieras seguir el rastro de Angel.
– Y yo volveré a interrogar a Beardsley -se ofreció Luke-. Como ya está más recuperado, es posible que recuerde algo más.
– En marcha. Volveremos a encontrarnos aquí a las ocho de la mañana. Tened cuidado.
Capítulo 7
Atlanta,
viernes, 2 de febrero, 22:15 horas
«Es ella», pensó Rocky, aliviada de que hubiera llegado un poco antes de la hora. El turno duraba bastante rato. Nursey debía de haber salido temprano. Oyó su enérgico paso al dirigirse al coche.
No era el paso de una mujer que acabara de cometer su primer asesinato y tampoco era una buena señal. Rocky era la responsable de que la enfermera matara a la chica. Sabía que con ello la ponían a prueba. Si lo lograba, volvería a ganarse la gracia de Bobby.
Alcanzó a la enfermera y luego aminoró la marcha para seguir su ritmo.
– Perdone.
– No me interesa -le espetó la enfermera.
– Sí, sí que le interesa. Me envía Bobby.
La enfermera paró en seco y se volvió con la mirada llena de temor. Pero no de culpabilidad. Rocky suspiró.
– No lo ha hecho, ¿verdad?
La enfermera se puso tiesa.
– No exactamente.
– ¿Qué quiere decir «no exactamente»?
La furia y la desesperación encendían la mirada de la mujer.
– Quiere decir que no la he matado -susurró.
– Entre. -Rocky se sacó la pistola del bolsillo y le apuntó con ella-. Abra la boca para gritar y será la última vez que lo haga -dijo con toda tranquilidad, a pesar de los fuertes latidos de su corazón. «Por favor, entra. Por favor no me obligues a disparar.» La enfermera la obedeció, visiblemente temblorosa, y Rocky pudo respirar.
– ¿Va a matarme? -musitó la mujer casi sin voz.
– Bueno, depende. Empiece por explicarme qué quiere decir «no exactamente».
La enfermera siguió mirando al frente.
– No he podido hacerlo. No he sido capaz de matarla. Pero me he asegurado de que no hable con nadie más.
– ¿Con nadie más? ¿Qué quiere decir «con nadie más»? -«Mierda.»
– Esta noche ha tenido dos visitas: un hombre y una mujer.
Bailey y Beardsley. «Joder con Granville.» Rocky no tenía ni idea de que los hubiera llevado a la nave hasta que Bobby lo puso en evidencia. Y también que ella había mentido. «Me dijiste que estaban todas muertas. Me dijiste que estabas segura. Me mentiste. Esa chica podría jodemos a todos.»
Ella pensó con rapidez, pero el hecho de mentirle y contarle que lo había comprobado y que se le había pasado por alto la chica porque tenía el pulso muy débil no la había salvado. Rocky resistió las ganas de ladear la mandíbula. Bobby la había golpeado con fuerza. No tenía la mandíbula rota, pero le dolía como un demonio.
Claro que más le dolería si la chica acababa hablando. Las consecuencias dependían de quién se hubiera escapado. Angel era la que llevaba más tiempo allí, pero Monica era la más lista. «Que no sea Monica.»
– ¿Quiénes eran?
– Él trabaja en el GBI, es el agente especial Papanosequé. Papadopoulos. La mujer es quien encontró a la chica, cerca de la nave que está junto al río. Su hermano también está en cuidados intensivos.
Rocky pestañeó.
– ¿Susannah Vartanian ha encontrado a la chica en la cuneta?
«Estupendo.» Eso era fantástico. Rocky no sabía por qué; la cuestión era que Bobby odiaba a Susannah Vartanian. Junto a su ordenador tenía una fotografía de la hija del juez con la cara tachada en rojo. Si se encargaba de Susannah, tal vez volviera a ganarse su favor. Como mínimo, la ira que a buen seguro invadiría su ser cuando Rocky le contara las últimas noticias la apartaría del punto de mira.
– ¿Le ha dicho la chica algo a Susannah?
– Según he oído, cuando la han encontrado solo ha pronunciado unas pocas palabras. Ha dicho que alguien las había matado a todas. Supongo que se refería a las chicas que han encontrado en la nave. -La enfermera la miró nerviosa con el rabillo del ojo-. Lo han dicho en las noticias.
Rocky había visto cómo Granville mataba al resto. «Qué mal.»
– ¿Y luego, en el hospital? ¿Qué más ha dicho?
– Nada. Sigue intubada. Han utilizado una cartulina con letras y han descubierto que su nombre empieza por «M». Pero se ha acabado el tiempo y han tenido que marcharse.
«Monica.» Las cosas iban cada vez peor. «Tendría que haberla metido en el barco; tendría que haberle hecho sitio. No tendría que haberla dejado allí.»
– ¿Qué más?
– El agente del GBI le ha preguntado si conocía a una chica llamada Ashley y ella ha cerrado los ojos para indicarle que sí.
«¿Cómo demonios habría averiguado Papadopoulos lo de Ashley? ¿Qué más sabría?» Mantuvo la voz serena.
– ¿Cómo evitará que hable con nadie más?
La enfermera exhaló un suspiro.
– Le he puesto un líquido paralizante en la solución intravenosa. Cuando se despierte no podrá abrir los ojos, pestañear, moverse ni decir nada.
– ¿Cuánto le durará el efecto?
– Unas ocho horas.
– ¿Y qué piensa hacer luego? -preguntó Rocky con dureza, y se echó a reír amargamente-. No piensa hacer nada, ¿verdad? Pensaba fugarse.
La enfermera mantuvo la vista fija al frente. Le costaba tragar saliva.