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– Dígales lo que tenga que decirles. Cuénteles lo que pasó hace trece años, y lo de Hell's Kitchen, Darcy y el estigma. Estoy hasta la coronilla de mi intimidad. Lleva trece años impidiéndome vivir. -Alzó la barbilla-. Cuéntelo todo. Ya no me importa.

Casa Ridgefield,

sábado, 3 de febrero, 8:05 horas

Bobby respondió a la primera llamada del teléfono.

– ¿Ya está?

Paul suspiró.

– Sí, ya está.

– Estupendo. Vete a dormir, Paul. Tienes voz de cansado.

– ¿De verdad? -preguntó Paul con ironía-. Esta noche estaré de servicio, así que no me llames.

– De acuerdo. Que descanses. Y gracias.

Bobby abrió el móvil y miró la foto del chico de ocho años cuya madre estaba a punto de descubrir que nadie desobedecía a Bobby y se iba de rositas. El mensaje decía precisamente eso. «Haz lo que te ordeno o él también morirá.» Bobby le dio a «enviar». Ya estaba.

– Tanner, ¿me traes el desayuno, por favor? Tanner apareció entre la penumbra.

– Lo que usted diga.

Capítulo 10

Atlanta,

sábado, 3 de febrero, 8:10 horas

Luke se detuvo en la puerta de la sala de reuniones. Estaba temblando de tan enfadado.

«Tampoco merecía que se hiciera justicia.» A Luke le entraron ganas de gritarle, de agitarla para hacerle entrar en razón. Sin embargo, no lo había hecho. Solo era capaz de hacer lo correcto, así que allí estaba.

El día anterior le había sorprendido enterarse de que ella era una de las víctimas de la banda. Aún le había sorprendido más saber que habían vuelto a violarla, y encima en la misma fecha.

Se preguntó por qué Susannah no había relacionado los dos hechos. Quería saber qué hacía yendo a hoteles baratos con ligues de una noche. Y también se preguntaba cómo iba a ser capaz él de contar a todo un equipo sus secretos más íntimos.

– ¿Qué pasa? -Ed dobló la esquina. Llevaba una caja-. Se te ve agotado.

– Lo estoy. ¿Qué hay en esa caja?

– Muchas cosas, incluidas las llaves que ayer encontramos en los bolsillos de Granville.

Luke se puso tenso.

– ¿Por qué?

Ed movió las cejas arriba y abajo.

– Abre la puerta y todos lo sabremos.

La mesa de la sala de reuniones estaba abarrotada. Nate Dyer, del ICAC, estaba presente, además de Chloe, Nancy Dykstra y Pete Haywood. Junto a Nate se sentaba Mary McCrady, una de las psicólogas del departamento. Hank Germanio ocupaba un lugar junto a Chloe y levantó la cabeza cuando Luke entró. Estaba mirando por debajo de la mesa, seguramente las piernas de Chloe. La mirada de ella denotaba un desagrado general. Entre ellos dos no había ni una pizca de amor.

Chase parecía algo molesto.

– Los dos llegáis tarde.

– Yo tengo motivos de peso -aseguró Ed.

Chase tamborileó sobre la mesa.

– Ya que estamos todos, empecemos. Le he pedido a Mary McCrady que se uniera a nosotros. Está trabajando en el perfil psicológico del cómplice de Granville. Empezaré yo. -Sostuvo en alto una bolsa de plástico que contenía un cuaderno con las tapas de piel-. El diario de Jared O'Brien.

Luke se quedó atónito.

– ¿De dónde lo habéis sacado?

– De la última víctima de Mack -explicó Ed-. Su coche tenía GPS y pudimos investigar la ruta y encontrar el lugar en que se escondía Mack. El diario estaba con sus cosas.

– Es fascinante leerlo -confesó Chase-. Habla de la cabaña de Borenson, Luke. Parece que todos supieron dónde estaban una vez allí porque Toby Granville no se molestó en descolgar las fotos y las placas que Borenson tenía colgadas en las paredes. Tengo previsto seguir hoy con la lectura, a ver si eso arroja un poco más de luz sobre el mentor de Granville. ¿Más novedades? ¿Luke?

Luke tenía que sacar el tema del estigma de Susannah, pero no se sentía preparado. Todavía no.

– He recibido el informe del laboratorio sobre la sustancia que añadieron a la solución intravenosa de Ryan Beardsley. La concentración del estimulante era suficiente para haberlo matado. Los responsables de seguridad del hospital dicen que un chico llamado Isaac Gamble se movió por la zona cercana a la habitación de Beardsley.

– Tenemos a cuatro agentes buscando a Gamble -anunció Chase.

– Bien. Cuando lo encuentren, haz que lo detengan por intento de asesinato. Si no hubieran reanimado a Beardsley cuando lo hicieron, habría muerto. Por suerte ya está bien. Ha recordado un nombre: Rocky. Creemos que se trata del jefe de Granville.

– «Rocky» no es gran cosa -dijo Nancy poco convencida.

– Es un apodo, podría referirse a la fortaleza de su constitución física, o la falta de ella -observó Mary-. Podría hacer referencia a Rocky Balboa. Es algo para el perfil.

– Es más de lo que teníamos hasta ahora -comentó Chase-. Beardsley también recuerda haber oído a unos hombres cavar en el exterior de su celda. Dijeron un nombre: Becky.

– Dios -musitó Chloe-. ¿También hay cadáveres fuera?

– He pedido a un equipo de la universidad que se traslade a Dutton -dijo Ed-. Van a explorar la zona con un radar de penetración terrestre para encontrar la tumba.

– Haz que tiendan una lona -ordenó Chase-. No quiero que los periodistas vean nada desde las alturas. También hemos identificado a una de las víctimas, Kasey Knight.

– Sus padres llegarán sobre las dos -anunció Luke-. Felicity la preparará…

– ¿Ya ha terminado las autopsias? -preguntó Ed.

– Sí. Una de las chicas tiene drepanocitosis. Aparte de eso, no hay nada que identifique a ninguna en particular. Felicity ha descubierto que las dos chicas más flacas tienen niveles altos de electrolitos en sangre, lo que cuadra con las bolsas para solución intravenosa que encontramos en la nave. Una de las chicas tenía graves enfermedades de transmisión sexual. Aparte de eso, las autopsias no han revelado nada más.

– Pero a una de las víctimas ya la conocíamos. Era Angel -comentó Chase-. ¿Se sabe algo de eso, Nate?

– Me he pasado toda la noche revisando los informes y no he averiguado nada nuevo de Angel ni de las otras dos chicas que aparecían con ella en la página web que clausuramos. He enviado su foto y su descripción a nuestros homólogos. Seguiré buscando…

Nate parecía agotado y Luke comprendía por qué. Había pocas cosas que supusieran mayor desgaste emocional que tener que ver fotografías de seres humanos violados. Y si encima se trataba de niños, la cosa era un millón de veces peor.

– No he podido estar contigo esta noche -dijo Luke en tono de disculpa-. Hoy te ayudaré con la búsqueda.

– Pensaba tomarme el día libre -admitió Nate con desaliento-. Pero seguiré buscando si es lo que necesitáis. No parece que vosotros hayáis estado muy ociosos.

– No hemos parado -dijo Chase-. Pete, ¿qué ha dicho el inspector de incendios?

– Ha descubierto el dispositivo que hizo de detonador en casa de Granville -informó Pete con voz queda, pero bajo la apariencia tranquila su tono resultaba amenazador. Un miembro de su equipo había muerto y Pete estaba enfadadísimo.

Luke frunció el entrecejo.

– Pensaba que se trataba de un cable atado a la puerta de entrada.

– Lo era -dijo Pete-. Pero el tipo quería asegurarse de que la bomba estallaba. Al planificar la explosión por duplicado se equivocó. Según el inspector, los incendiarios cometen ese error a menudo. A veces preparan un detonador de más para asegurar la explosión y uno de los dos mecanismos no se pone en marcha y sirve de pista para la investigación.

– ¿Y esta vez hemos estado de suerte? -aventuró Chase.

– Sí. El tipo preparó dos detonadores, uno con un temporizador y otro conectado a la puerta. El del temporizador no estaba previsto que se disparara hasta al cabo de dos horas.

– ¿El inspector reconoció el temporizador? -preguntó Chase.

Pete asintió.