Выбрать главу

Agachó la cabeza para buscar su monedero en el momento en que un fuerte disparo cortaba el aire.

En un instante Susannah se encontró tendida en el suelo, y sus pulmones se quedaron sin aire cuando Al aterrizó sobre ella. El cementerio era un puro revuelo. La gente pasaba por su lado corriendo y gritando mientras la policía se movilizaba para restaurar el orden entre la multitud.

Aturdida, levantó la cabeza y sus ojos captaron la imagen de una mujer que permanecía impasible en medio del frenesí de actividad que la rodeaba. Iba vestida de negro, desde el velo de su sombrero hasta las puntas de sus dedos enguantados, pasando por el dobladillo de su anticuado vestido. El velo de encaje le llegaba por debajo de la barbilla y le cubría el rostro; sin embargo, de algún modo Susannah supo que la mujer la estaba mirando. «Me mira a mí.»

Y Susannah también la miró, momentáneamente hipnotizada.

Labios rojos. «Tiene los labios rojos; labios rojos.» El color se transparentaba perfectamente a través del encaje negro y creaba un efecto llamativo. Entonces la mujer se mezcló con la multitud y desapareció.

– ¿Estás bien? -gritó Al para vencer el fragor de los chillidos de pánico.

– Más o menos.

– Quédate tendida unos… Mierda. -Al se levantó de un salto y Susannah se puso de rodillas en el momento en que él tendía a Gretchen French en el suelo-. Está herida.

Veinte policías uniformados ocuparon la zona. Era la segunda vez que Susannah tenía que detener la hemorragia de una herida de bala en menos de veinticuatro horas. Gretchen estaba consciente, pero se la veía pálida y temblaba. La bala le había atravesado la parte más gruesa del brazo y de la herida manaba sangre sin cesar.

– Quédese quieta -dijo Susannah-. No se mueva. -Enrolló el pañuelo de bolsillo de Al y presionó con él el brazo de Gretchen-. Al, dame… -Levantó la cabeza y vio que Al miraba fijamente hacia delante con horror, y entonces Susannah notó que el corazón le daba un vuelco-. Joder. Oh, no.

Kate Davis se encontraba tendida en el suelo entre dos sepulcros con la mirada fija en el cielo y su falda blanca teñida del rojo de su sangre. Uno de sus brazos caía flácido hacia un lado. Todavía llevaba la pistola en la mano.

Dos agentes enfundaron sus armas Susannah siguió mirando, estupefacta. No había oído el disparo. Pero Kate Davis estaba muerta.

Al miró al suelo, anonadado.

– Le ha disparado a Gretchen French.

– Hágase a un lado, por favor. -Los paramédicos la apartaban para abrirse paso por segunda vez en veinticuatro horas. Susannah se levantó. Le flaqueaban las piernas.

– Al…

Él la rodeó con los brazos y evitó que cayera al suelo cuando las rodillas le fallaron. La cubrió con su propio cuerpo cuando empezaron a dispararse los flashes de las cámaras.

– Ven conmigo. -Tenía la respiración agitada-. Susannah, esta ciudad es una mierda.

– Sí -respondió Susannah casi sin aliento-. Ya lo sé.

Tanner aminoró la marcha y Bobby se deslizó en el asiento del acompañante.

– En marcha.

Tanner obedeció y tardaron poco más de diez segundos en cruzar las puertas del cementerio.

– ¿Lo ha hecho?

– Claro. -Tal como lo había planeado.

– ¿La ha reconocido alguien?

– No.

Tanner hizo una mueca de disgusto cuando Bobby se quitó el sombrero y el velo.

– El sombrero es espantoso pero el pintalabios lo es más. -Le tendió su pañuelo-. Límpiese la cara.

– Sheila siempre llevaba los labios pintados de este color. He pensado que sería un bonito detalle.

Tanner alzó los ojos en señal de exasperación y Bobby se retiró el pintalabios.

– ¿Dónde tiene la pistola?

– La de Rocky la he tirado al suelo, tal como tenía pensado. La otra aún la llevo en el bolsillo. -Bobby palpó el pequeño agujero en la tela-. Al final las lecciones de Charles me han servido de algo. He alcanzado los dos objetivos, uno con cada mano. Los especialistas en balística pasarán todo el día tratando de establecer correspondencias.

– Entonces, ¿Susannah Vartanian también está muerta?

– Claro que no.

Tanner se volvió de golpe con expresión furibunda.

– Ha dicho que lo había hecho. ¿Es que ha fallado?

Bobby también lo miró con ceño.

– No he fallado. Si hubiera querido darle a Susannah, lo habría hecho. Mi intención nunca ha sido que tuviera una muerte tan dulce. Si Charles puede jugar con ella, yo también.

– Entonces, ¿a quién más le ha disparado?

– No tengo ni idea -respondió Bobby en tono jovial-. A una mujer que ha tenido la desgracia de encontrarse junto a Susannah justo en ese momento. -Soltó una carcajada-. No me había sentido así desde… Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez. Puede que cuando maté al cabrón de Lyle.

– Su padre lo llevaba escrito en la frente -dijo Tanner con decisión.

«No era mi padre.»

– Rocky también. Volvamos a Ridgefield. Tenemos cosas que hacer antes de que salgas hacia Savannah.

Tanner se puso tenso.

– Baje la cabeza. Hay un coche de policía a las doce.

Bobby se agachó y se escondió detrás del salpicadero.

– No he visto ningún coche de policía.

– Iba de incógnito. Pero ya se ha marchado. Vámonos de aquí.

Dutton,

sábado, 3 de febrero, 12:05 horas

Luke salió del coche con el corazón desbocado.

«Se han oído disparos en el cementerio de Dutton.» En cuanto oyó la noticia por la radio, dio media vuelta y regresó a toda pastilla. Susannah ocupaba el asiento del acompañante de su vehículo de alquiler, rodeado de coches patrulla. Dos agentes de la policía del estado se dedicaban a controlar a la multitud y Al Landers, con cara de enojo, caminaba arriba y abajo junto al coche.

– ¿Qué ha pasado? -quiso saber Luke. Al sacudió la cabeza.

– Aún no lo sé, y creo que su jefe tampoco.

Luke asomó la cabeza por la ventanilla del coche. Susannah permanecía quieta, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Tenía la cara y la pechera del vestido negro veteadas de barro rojizo.

– ¿Está bien?

Ella le dirigió una mirada llena de hastío.

– Lo único que me ha rozado ha sido Al. Kate Davis ha muerto.

Luke arrugó la frente.

– ¿Kate Davis? Está de broma.

– Ojalá. La policía la ha matado a tiros después de que ella le disparara a Gretchen French.

Luke sacudió la cabeza para aclararse las ideas.

– ¿Kate Davis ha disparado? ¿En el cementerio?

– Sí -respondió Susannah con calma-. A Gretchen French. En el cementerio. Con una pistola.

– ¿A la víctima que Chloe ha mencionado esta mañana? ¿La que quería organizar una rueda de prensa junto con las otras víctimas?

– La misma. Gretchen no está malherida. Los paramédicos la están atendiendo.

Al asomó la cabeza por el otro lado con expresión sombría.

– Lo que no le ha dicho es que en ese momento ella estaba al lado de Gretchen.

A Luke se le puso un nudo en el estómago. Podrían haberla matado.

– Le pediré a la señorita French que me ponga al corriente de lo ocurrido -dijo con brusquedad-. Usted volverá conmigo.

Susannah lo miró sorprendida.

– Kate no me ha disparado a mí, le ha disparado a Gretchen. Además, está muerta; no podrá dispararle a nadie más.

– Hágame caso. Por favor.

Algo cambió en los ojos grises de Susannah.

– Ha sido muy amable, Luke, pero no tiene por qué cuidar d mí. Sé cuidarme sola.

Se había alejado a pesar de no haber movido un solo músculo.

– Hágame caso de todos modos -dijo él con la mandíbula tensa-. Susannah, estoy tan cansado que me cuesta concentrarme. Si encima estoy preocupado por usted, aún me costará más.

Eso cambió las cosas. Ella asintió.