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– Muy bien. ¿Lo acompaño ya?

– No. Espere aquí hasta que vuelva. -Al y Luke se pusieron derechos e intercambiaron una mirada por encima del coche-. ¿Puede encargarse del coche de alquiler?

– Sí. Esa mujer, Kate Davis, era la hermana de Garth, el único miembro del club de Simon que queda vivo. ¿Es posible que se haya filtrado información sobre la declaración de Susannah?

– ¿Y que fuera ella el objetivo? -Luke ya se había planteado la posibilidad-. Lo descubriré.

Luke encontró a Chase junto al cadáver de Kate Davis. El hombre lo miró con amargura.

– Llevo un día fatal.

– Kate Davis también -repuso Luke-. ¿Quién le ha disparado?

– No lo sé -respondió Chase, con mayor amargura en la voz. Luke lo miró pensativo.

– ¿Quieres decir que no ha sido el GBI?

– No; quiero decir que no ha sido ningún agente de los que estaban destinados aquí. Ninguno ha disparado el arma, así que no sé quién ha matado a esta mujer -dijo Chase con irritación.

Luke miró alrededor, aguzando la vista.

– ¿Han disparado dos personas distintas?

– Eso parece.

– La bala le ha ido directa al corazón. Ha sido alguien con muy buena puntería.

– Sí, ya lo he notado. Por lo menos Kate no apuntaba tan bien. Gretchen se recuperará.

– Eso dice Susannah. Voy a llevármela a Atlanta conmigo. Entonces, ¿qué ha pasado?

– Kate Davis se encontraba entre un grupo de personas apiñadas junto a la tumba. Había una larga caravana de coches aguardando para salir del cementerio y la gente ha empezado a impacientarse.

– Yo había aparcado en el camino de acceso -dijo Luke-. He tenido que andar un poco pero he podido salir enseguida.

– Pero no has sido el único, y en parte ese ha sido e problema. Cuando se han producido los disparos, la gente ya había empezado a marcharse. Ha sido imposible retenerlos a todos.

Todavía quedaba mucha gente en el cementerio, muchos se alineaban junto a la cinta amarilla que había tendido uno de los agentes con la esperanza de presenciar la acción que se desplegaba en el escenario de un crimen de verdad.

– ¿Hay testigos?

– Los tres ancianos de las sillas plegables lo han visto todo de muy cerca. Dicen que han visto que Kate llevaba una chaqueta doblada en el brazo, y que parecía «inquieta». -Señaló la chaqueta tirada en el suelo, a medio metro del cadáver-. Al instante se ha oído un disparo y la gente ha empezado a chillar. Al Landers se ha echado sobre Susannah y la ha tirado al suelo, pero han herido a Gretchen French. Unos segundos más tarde dos policías habían desenfundado el arma y apuntaban a Kate. Uno le ha ordenado que bajara la pistola. Dicen que parecía atónita. -Chase lo miró a los ojos-. Y que ha dicho: «He fallado.»

A Luke se le heló la sangre en las venas.

– Mierda.

– Sí. Al cabo de un segundo ha caído desplomada. Debe de haber muerto antes de llegar al suelo. Tal como has dicho, quien haya sido tiene una puntería de la hostia.

– Y una pistola con silenciador.

– Eso también.

– Entonces la segunda persona se ha escapado. -Luke no permitió que el pánico que le atenazaba el vientre lo dominara. Habían errado el tiro y Susannah estaba ilesa. La herida de Gretchen no era importante-. Me alegro de que te encargues tú de los jefazos. Una cosa así nos hará quedar a la altura del betún.

– Más o menos esa expresión lo resume todo. No es necesario que te quedes, Luke. Ed se está ocupando del escenario y yo me las arreglaré con la prensa. -Hizo una mueca-. Seguro que todos han conseguido unas imágenes estupendas para los informativos.

– Menos mal que estábamos aquí -dijo Luke sin rodeos, y Chase alzó los ojos al cielo.

– Tenías razón. No era malgastar recursos.

– Gracias. Me marcho. Tengo que encontrarme con los padres de Kasey Knight a las dos; ya sabes, los padres de la primera víctima que hemos identificado. No me apetece nada, la verdad.

– Espera -dijo Chase-. ¿No querías ir a ver si Granville tenía a su nombre una caja de seguridad en algún banco de Dutton?

– He ido antes pero estaba cerrado -explicó Luke-. Hoy entierran en Atlanta al nieto de Rob Davis, el director del banco.

– Porque Rob Davis se la jugó a Mack O'Brien y él, como represalia, mató a su nieto. -Chase suspiró-. Ahora su sobrino, Garth, está en la cárcel, su esposa y sus hijos han desaparecido y Kate ha muerto. No me gustaría pertenecer a esa familia.

– Ni a la familia Vartanian -añadió Luke en voz baja.

– Ni a la familia Vartanian -convino Chase.

– Disculpen.

Luke y Chase se volvieron a mirar al pálido pastor Wertz, apostado tras ellos.

– ¿Sí, pastor? -dijo Chase-. ¿Hay algo qué podamos hacer por usted?

Wertz parecía aturdido.

– Esta tarde tenía previsto celebrar otro funeral. ¿Qué debo hacer?

– ¿A quién entierran? -preguntó Luke.

– A Gemma Martin -respondió el pastor-. Dios mío, esto no pinta bien. Nada bien.

– Es la tercera víctima de Mack O'Brien -musitó Chase-. ¿Se espera que asista mucha gente?

– La familia ha contratado a un equipo de seguridad para que no entre ningún periodista -explicó el pastor-. Aun así, están sobrevolando la zona. Se cuelan por todas partes. Es horrible. Horrible.

– Tenemos que acordonar toda la zona del cementerio -dijo Chase-. Es el escenario del crimen. Tendrán que aplazar el funeral y el entierro.

– Oh, no. Oh, no. -El pastor Wertz se retorcía las manos-. Se lo diré a la señora Martin, la abuela de Gemma. No le gustará nada, nada.

– Yo se lo diré, si cree que es mejor -se ofreció Chase, y el pastor asintió.

– Sí, sí que será mejor -Bajó la cabeza y suspiro-. Pobre Kate. Era la última persona de quien habría esperado una cosa así. Pero supongo que hasta las manos más limpias se manchan en momentos así, habiendo acusado Gretchen a su hermano de violación. Los padres de Kate y Garth se habrían llevado un gran disgusto al ver en qué se han convertido sus hijos. Estarían muy tristes. Muy, muy tristes.

Dutton,

sábado, 3 de febrero, 12:45 horas

Luke echó un vistazo a Susannah antes de volverse de nuevo hacia la carretera. Había mantenido los ojos pegados a la pantalla del ordenador desde que salieran del cementerio.

– ¿Qué está haciendo ahora?

– Buscando a la desconocida en páginas de niños desaparecidos. Anoche le dediqué unas tres horas.

– Ya tenemos a gente buscando en esas páginas. ¿Por qué no se recuesta y duerme un poco?

– Porque es mía -respondió Susannah con tranquilidad-. Además, ustedes solo tienen fotos de ella con la cara llena de golpes y los ojos cerrados. Yo la vi con los ojos abiertos, es posible que capte algo que los demás no captan. Y me volveré loca si no hago nada.

– Eso sí que lo comprendo. ¿Qué ha encontrado esta mañana con respecto a la esvástica?

– Nada emocionante. Usan esa cruz el hinduismo, el jainismo y el budismo. En todos los casos es un símbolo religioso y puede representar muchas cosas, desde la evolución de la vida hasta la buena suerte o la armonía. Significa cosas distintas según esté orientada hacia la derecha o hacia la izquierda. La mía mira hacia la derecha, lo que significa fortaleza e inteligencia. Si mirara hacia la izquierda, significaría amor y misericordia -dijo con mala cara.

Luke se quedó pensativo.

– Ninguna de las cruces mira hacia la izquierda.

– Eso me parece. De todos modos, la cruz gamada de los nazis siempre mira hacia la derecha.

– O sea que podría tener vinculación con algún grupo neonazi.

– Cabe la posibilidad, pero no lo creo. La cruz nazi tiene formas muy rectas y casi siempre está girada cuarenta y cinco grados. Nunca tiene las puntas terminadas en ángulo.

Él se quedó mirándola.

– ¿Por qué no se hizo quitar la suya?

– Como penitencia, supongo. -Vaciló; luego se encogió de hombros-. Tampoco iba a verla nadie, así que daba igual.