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Charles lo sopesó.

– Si es así, te presto el coche.

Atlanta,

sábado, 3 de febrero, 16:55 horas

– Luke, despiértate. Despiértate.

Luke levantó la cabeza de golpe. Se había quedado dormido encima del escritorio.

– Dios -masculló.

Leigh se encontraba de pie a su lado con expresión preocupada.

– Son casi las cinco. El equipo ya se dirige a la sala de reuniones. -Le tendió una taza de café-. A ver ese pulso.

Se tomó la mitad de un trago.

– Gracias, Leigh. ¿Ha ocurrido algo mientras dormía?

– No. Hoy hemos recibido muchas menos llamadas que ayer por la noche. No ha ocurrido nada importante, de momento.

– ¿Has encontrado algún barco con los números que Daniel ha recordado?

– Muchos. Pero he reducido la lista, teniendo en cuenta que en el barco sólo cabían cinco chicas. -Le entregó una hoja de papel-. Acabo de terminar. Aquí tienes.

– Buen trabajo, Leigh. De verdad te agradezco todo el tiempo del fin de semana que has dedicado. Con suerte, esto terminará pronto. -Luke se paso las manos por la cara y noto la barba incipiente-. Tengo que afeitarme, quizá así me sienta un poco mas persona. Dile a Chase que llegaré en cinco minutos.

Cinco minutos más tarde ocupo una silla entre Chase y Ed y miró alrededor de la mesa. Pete y Nancy estaban presentes, igual que Chloe y Nate. Talia Scott había regresado de Ellijay, y tanto ella corno la psicóloga Mary McCrady parecían más frescas que el resto.

– ¿Empezamos Chase? -preguntó Luke.

– Sí. Germanio sigue buscando a Helen Granville, o sea que solo faltabas tú.

Luke se irguió en la silla.

– Hemos identificado a Kasey Knight, una de las chicas muertas, y es posible que también hayamos conseguido identificar a una de las desaparecidas, Ashley Csorka. Su padre está en camino desde Florida con muestras de ADN.

– He pedido resultados urgentes de las muestras de orina que tomamos de los colchones de la nave -explicó Ed-. Empezaré a analizar las muestras que traiga el padre y para mañana tendremos la identidad.

– Bien -dijo Chase-. ¿Qué más?

– Daniel vio parte de la matrícula del barco cuando este salía -explicó Luke-. Leigh ha acotado la lista de propietarios.

Chase tomó la lista.

– La comprobaremos. ¿Algo más?

– Lo que Nate y yo hemos encontrado. -Señaló a Nate.

– Hemos descubierto catálogos de venta de chicas. La empresa se llama Carne Americana Joven de Primera Calidad y el logo es una esvástica -explicó Nate-. He encontrado las fotos de tres de las chicas muertas. Kasey Knight no aparece en ninguno.

– ¿A cuántas has encontrado en total? -preguntó Luke.

– Solo a las tres que hemos visto juntos. ¿Por qué?

– Porque Kasey llevaba dos años desaparecida. Todos los catálogos de las tres publicaciones son como mucho de hace un ano.

– ¿Y? -presionó Chase.

– Que Kasey no estaba en el negocio de Carne Americana Joven -dedujo Nate-. Pero aun así se encontraba en la nave.

– Una pieza más del puzle -dijo Luke, y Chase suspiró.

– Parece uno de esos en que todas las piezas son del mismo color -gruñó-. ¿Podremos seguir la pista a alguna de las fotos de los discos duros de Mansfield?

– Tenemos en ello a otro miembro del ICAC -explicó Nate-, pero en dos mil quinientos gigas caben muchas fotos.

– Las que más me interesan son las que Mansfield tomó en secreto -dijo Luke-. Como no están retocadas, es posible que encontremos algo útil.

Nate asintió.

– Pero están borrosas, o sea que la cosa será lenta. Si no me necesitáis para nada más, sigo.

– ¿Ed? -llamó Chase, cuando Nate hubo cerrado la puerta tras de sí.

– Ah, mucho material -respondió Ed-. Es estupendo para confundirnos y desconcertarnos un poco más. -Depositó dos bolsas de plástico sobre la mesa. En cada una había una pistola-. Esta -dijo, palpando un arma- la tenía Kate en la mano. La otra la hemos encontrado en el suelo. -Se levantó y dibujó un triángulo en la pizarra-. Kate estaba de pie aquí, encima del triángulo. Aquí -dijo señalando el vértice izquierdo- es donde hemos encontrado la segunda pistola. Es una semiautomática con silenciador. En el vértice inferior es donde estaba la señorita French.

– Lo que viene a continuación es lo que más me gusta -dijo Chase con ironía.

– La posta que ha herido en el brazo a Gretchen French estaba por aquí. -Ed señaló una zona lejos del triángulo, hacia la de recha-. ¿Me seguís?

Luke arrugó la frente.

– ¿Cómo es posible? A menos que rebotara, es imposible que la haya disparado Kate.

– La bala que ha herido a Gretchen French no procedía de la pistola de Kate. Venía de aquí. -Ed señalo el lugar en el que habían encontrado la semiautomática.

– Entonces, a Gretchen le han disparado con la semiautomática -preguntó Nancy.

– No -prosiguió Ed-. Había tres pistolas, la de Kate, la semiautomática y una tercera que no hemos encontrado. La tercera es la que le ha disparado a Gretchen y la semiautomática ha disparado a Kate. Pero Kate Davis no ha disparado a nadie.

Pete sacudió la cabeza.

– Me duele la cabeza.

– Bienvenido al club -exclamó Chase-. Los de balística dicen que es posible que lo que disparara Kate fuera una bala de fogueo.

Chloe pestañeó.

– ¿Por qué?

– ¿Quién le ha disparado a Gretchen? -preguntó Talia Scott.

– Aún no se sabe -respondió Ed-. Vamos a revisar el vídeo de esa zona, pero en cuanto se ha oído el primer disparo la gente ha empezado a correr por todas partes.

– Entonces, si Kate no le ha disparado a Gretchen -empezó Luke-, ¿qué ha querido decir con «he fallado»?

– Hemos conseguido buenas imágenes de Kate gracias a la cámara de videovigilancia -explicó Ed-. Al darnos cuenta de que la suya era una bala de fogueo, hemos rebobinado y hemos vuelto a mirar la cinta. No ha apuntado a Gretchen ni a Susannah; apuntaba hacia aquí. -Señaló la zona donde habían encontrado la semiautomática-. Ha apuntado a quien le ha disparado a ella.

– Y por si eso no es bastante interesante, hay una cosa más. -Chase deslizó una fotografía sobre la mesa-. Es la foto de la autopsia de Kate.

Todos ahogaron sendos gritos.

– Tiene el estigma -observó Chase-. Joder.

– Creo que necesitamos un poco más de información sobre Kate Davis -dijo Luke-. Ha llegado el momento de hacer otra visita al alcalde Garth. ¿Me acompañas, Chloe?

– Claro. ¿Sabemos algo de su esposa?

– La orden de busca de su Chrysler no ha surtido efecto -dijo Pete-, pero está en movimiento. Aquí tengo los resultados del rastreo de su móvil. Ha telefoneado al móvil de Kate Davis unas cuantas veces todos los días desde que se marchó el jueves. Va hacia el oeste. Hoy está en Reno. La última llamada la ha hecho hoy a las dos y ha durado cinco minutos.

Luke se mostró extrañado.

– ¿A las dos? A esa hora Kate ya había muerto.

– Ya lo sé -dijo Pete-. ¿Llevaba algún teléfono móvil encima?

– No -respondió Chase-. Pero alguien ha respondido a la llamada, o puede que haya saltado el contestador. Haremos que nos transfieran el número a uno de nosotros. Chloe, ¿crees que es posible?

– Sí, pero me hará falta un poco de tiempo. Creo que conozco a un juez que me ayudará a acelerar el asunto.

– Gracias -dijo Chase-. Pete, ¿tiene la esposa de Garth familia en el oeste del país?

– No. Tiene una tía que vivía en Dutton, pero los vecinos dicen que cuando ella se casó con Garth, la tía se mudó. Nadie tiene la nueva dirección. Sigo buscando.

– ¿Has hablado con Angie Delacroix? -preguntó Luke-. La peluquera. Susannah dice que se entera de todo lo que pasa en la ciudad.

– No, pero lo haré. -Pete se pasó la mano por la calva, tratando de quitar hierro al asunto-. Necesito un corte de pelo.