Todos se habían puesto en pie cuando Leigh volvió a abrir la puerta con cara de apuro.
– Han llamado a Luke por la línea de emergencias. Parece que una mujer tiene información sobre la chica que está en cuidados intensivos.
Luke se levantó de golpe y miró a Chase.
– No hemos hablado de ella a la prensa. ¿Sigue al teléfono, Leigh?
– No. Quiere que estés delante del hospital dentro de veinte minutos. Solo.
– Me voy. Pero el señor Csorka tiene que llegar a las seis.
– Ya me quedo yo -se ofreció Talia-. Hablaré con él y llevaré las muestras de ADN al laboratorio.
– Gracias -dijo Chase-. El resto marchaos a dormir. Si pasa algo, os avisaré.
Capítulo 1 5
Raleigh, Carolina del Norte,
sábado, 3 de febrero, 17:45 horas
Harry Grimes se agachó junto a una mancha en el suelo del garaje del doctor Cassidy.
– Es sangre.
Steven se volvió hacia la anciana vecina.
– ¿A qué hora ha salido con el coche, señora?
– Hacia el mediodía. El doctor siempre se para y me pregunta cómo estoy, pero hoy no lo ha hecho. He pensado que debía de estar preocupado. -La anciana se retorció las manos-. Tendría que haber avisado a la policía.
Harry se levantó.
– ¿Le pareció que quien conducía era el doctor?
– No lo sé. Últimamente no veo muy bien. Lo siento mucho.
– Gracias, señora. Ha sido de gran ayuda. -Cuando la mujer se hubo marchado, Harry miró a Steven a los ojos-. Nadie recuerda haber visto a Genie Cassidy en el autobús.
– Steven, Harry. -Uno de los técnicos del laboratorio les hacía señas-. Kent ha encontrado algo.
Kent Thompson, de la policía científica, estaba sentado frente al ordenador del médico.
– El doctor ha recibido un e-mail de Genie hacia las once de la mañana. Decía que estaba en la estación de autobuses y le pedía que fuera a buscarla. Él le ha respondido que sí, y que tenía los billetes de avión para Toronto.
– ¿Pensaba sacarla del país? -se extrañó Steven.
– Eso es lo que quieren hacernos creer. Mirad la información que aparece en el icono de los dos mensajes.
Harry enseguida comprendió lo que Kent quería decir.
– Los dos mensajes han sido enviados con el mismo router inalámbrico -dijo-. El router está aquí, en esta casa.
– O sea que han enviado el mensaje desde aquí -observó Steven.
– Exacto -dijo Kent-. Deben de haber enviado el mensaje a nombre de Genie con una PDA o un portátil. De cualquier forma, la chica no estaba en la estación de autobuses.
Harry asintió.
– He recibido un aviso de movilización del AMBER. Alguien ha desaparecido.
Atlanta,
sábado, 3 de febrero, 18:05 horas
– Señorita Vartanian, despierte.
Susannah se despertó de golpe. Se había quedado dormida en la silla, junto a la cama de la chica desconocida. Pestañeó y miró a Ella, la enfermera del turno de noche.
– ¿Qué hora es?
– Más de las seis. Tiene una llamada en el teléfono del puesto de enfermeras. Es de la oficina del GBI.
Susannah la miró perpleja.
– ¿Qué hace usted aquí si son solo las seis? ¿Dónde está Jennifer?
– Se encontraba mal y ha tenido que marcharse. Por eso he empezado antes el turno. La esperan al teléfono.
Susannah tomó el aparato que sostenía una enfermera.
– Soy Susannah Vartanian.
– Soy Brianna Bromley, una de las taquígrafas del GBI. Tengo un mensaje del agente Papadopoulos. Quiere que se vean en la puerta del hospital. Dice que es urgente.
El corazón de Susannah se disparó.
– ¿Cuándo?
– Ha dejado el mensaje hace quince minutos. Estará a punto de llegar.
– Gracias. -Susannah salió corriendo y se estremeció al notar el aire frío en el rostro. Buscó el coche de Luke con la mirada, pero en su lugar vio otra cara conocida.
¿Jennifer? Ella ha dicho que estaba enferma.
La enfermera del turno de día tenía los ojos rojos y la cara pálida.
– Estoy esperando que vengan a buscarme.
– No tiene buen aspecto. ¿Lleva mucho rato esperando?
Jennifer apretó la mandíbula.
– Hace una hora que tendrían que haber llegado.
– Qué maleducado.
En ese preciso momento vio con el rabillo del ojo que llegaba un coche; los faros la cegaron unos instantes. Estaba pestañeando cuando reparó en que el coche era negro y que tenía los cristales tintados. A medida que se acercaba la ventanilla del lado del acompañante iba bajando. Susannah vio demasiado tarde el brillo del metal.
– ¡Al suelo! -gritó, y arrastró consigo a la enfermera. Oyó el disparo y levantó la cabeza justo a tiempo de ver que cambiaban la matrícula. DRC119.
Horrorizada, siguió el coche con la mirada hasta que un borboteo le hizo bajar los ojos al suelo.
– Mierda, mierda. -Susannah exhaló un suspiro entrecortado sin poder apartar la mirada de la mancha roja que se extendía rápidamente por el uniforme de la enfermera-. ¡Jennifer! ¡Jennifer! ¡Que alguien me ayude!
Jennifer Ohman abrió los ojos de repente.
– Bobby -exclamó-. Ha sido Bobby.
Resonaron pasos a su alrededor y Susannah se inclinó sobre la mujer herida.
– ¿Qué Bobby?
Tras ella chirriaron unos neumáticos y una puerta se cerró de golpe.
– Dios mío.
Era Luke, pero Susannah mantuvo los ojos fijos en el rostro de la enfermera.
– ¿Quién es Bobby?
– Muévase, señora -le espetó uno de los médicos.
Luke la ayudó a ponerse en pie, y la examinó con nerviosismo.
– ¿Está herida?
– No. -Entonces ella se acurrucó contra él y Luke la rodeó fuerte con los brazos. Susannah notaba latir su corazón en los oídos. Lo aferró por las solapas de la americana y, sin soltarlo, apretó la mejilla contra su pecho. Era firme. Pero estaba temblando.
– He oído el disparo y la he visto en el suelo. -Tenía la voz ronca, le faltaba el aliento-. ¿Seguro que no está herida?
Ella negó con la cabeza. Sólo deseaba permanecer donde estaba, a salvo, pero tenía que decírselo. Se esforzó por recobrar la calma y tiró de sus solapas hasta que él dejó de hacer fuerza. Pero no la soltó. Ella miró sus ojos negros, y de nuevo le dieron seguridad.
– Ha dicho que había sido Bobby.
Él frunció el entrecejo, desconcertado.
– ¿Quién es Bobby?
– No lo sé, pero la enfermera ha pronunciado su nombre dos veces. «Bobby. Ha sido Bobby.»
Luke desplazó las manos desde la espalda de Susannah hasta sus brazos.
– ¿Puede sostenerse en pie?
– Sí. -Ella hizo un esfuerzo por soltar las solapas-. Estaré bien.
Él se inclinó sobre la camilla.
– Jennifer. ¿Quién es Bobby? ¿Qué pasa con la chica?
– Tiene que apartarse, enseguida -ordenó el médico. Luke los siguió a la unidad de urgencias.
«DRC119.»
– Luke, espere. Luke. -Susannah se dispuso a seguirlo, pero aún estaba mareada y se tambaleó.
– Susannah. -De repente, allí estaba Chase, ayudándola a sostenerse en pie-. ¿Qué ha ocurrido?
– Estaba… ahí, al lado de la enfermera. Ella estaba esperando a que vinieran a buscarla y de repente se ha acercado un coche. Era el sedán negro, Chase. DRC119. -Apretó los labios y trató de no hiperventilar-. He intentado apartarla de en medio, pero era demasiado tarde.
– Chis. Espere. -Chase avisó por radio a todas las unidades disponibles para que buscaran el coche negro. Luego la acompañó a urgencias, y justo cuando entraban, Luke salía de la zona donde trataban a los pacientes con semblante adusto.
– Jennifer Ohman ha muerto -dijo.
Susannah tuvo que esforzarse por tomar aire.
– Estaba junto a mí. Ha muerto por mi culpa. Gretchen también estaba a mi lado. Oh, Dios. Oh, Dios.
Luke tomó sus manos frías entre las suyas, más cálidas, y la tranquilizó.