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Entre los dos, el proceso de identificar las letras duró poco.

– «Mi hermana» -leyó Luke cuando Monica dejó de pestañear-. ¿Sabes lo de tu hermana? -le preguntó.

Monica empezó a mover los ojos de nuevo.

«Enfermera ha dicho que se la han llevado. Foto.» Luke le estrechó con suavidad la otra mano.

– ¿La enfermera ha hecho una foto o te ha enseñado una foto?

«Móvil.»

– No había ninguna foto en el móvil de la enfermera -dijo Luke-. Claro que ha podido borrarlas. Les entregaré el aparato a los forenses; tal vez puedan recuperarlas.

«¿Genie aún desaparecida?»

– Eso me temo, cariño -dijo Susannah, y Monica se estremeció a la vez que se le arrasaban los ojos de lágrimas.

– En el catálogo que encontramos en el ordenador de Mansfield la llamaban «Cariño» -explicó Luke.

– Betrice Monica -dijo Susannah mientras enjugaba los ojos de Monica con la máxima ternura-. Cariño. Oh, Monica, debes de haber pasado mucho miedo.

«Enfermera me drogó. No pudo matarme. No quería que hablara.»

Luke arrugó la frente.

– ¿Cómo?

«Paralizada.»

Desde el otro lado de la cama de Monica, Susannah miró a Luke a los ojos.

– Por eso no podía moverse.

– Utilizó un paralizante que deja de hacer efecto al cabo de unas horas -dedujo Luke-. Monica, ¿viste a Bobby?

«No. Rocky.»

Luke se inclinó.

– ¿Viste a Rocky? ¿Cómo es ése hombre?

«Mujer.»

Luke se recostó en la silla, anonadado.

– ¿Has dicho «mujer»?

«Sí. Rocky mujer.»

– Dios mío. -Susannah suspiró. Se había quedado de una pieza-. Todo el tiempo hemos pensado…

Luke apretaba la mandíbula.

– Una mujer. Joder. Hemos estado dos días perdiendo el tiempo.

Los ojos de Monica volvieron a llenarse de lágrimas.

«Lo siento.»

Luke exhaló un suspiro, y se relajó de golpe.

– No, no, Monica. No es culpa tuya, querida. Lo siento, no era mi intención que te disgustaras.

– Luke -musitó Susannah-, ¿tienes alguna foto de Bobby?

Luke buscó en su maletín y sacó la foto que antes le había mostrado a Susannah.

– Monica, ¿es esta la mujer a quien viste?

«No. Joven. Morena. Melena corta.»

Susannah levantó la cabeza para mirar a Luke y él se percató de que estaban pensando lo mismo.

– ¿Tienes alguna foto de Kate Davis? -preguntó ella. Él trató de recordar y volvió a buscar en su maletín.

– Sólo esta.

Susannah hizo una mueca. Era la foto del depósito de cadáveres. Al menos ella no tenía la cara ensangrentada y llena de contusiones. La bala de Bobby había ido directa al corazón.

– Monica, ¿esta es Rocky?

«Sí.»

Luke exhaló un suspiro.

– Joder -dijo en voz baja-. Rocky es Kate Davis.

– Y Bobby la ha matado. -A Susannah el corazón le martilleaba el pecho-. Dios mío.

«La odio. Dijo que mataran a las chicas. Y a mí.»

– Pero tú te escapaste -dijo Susannah, y le asió la mano-. Y ahora estás a salvo.

«No. Otro. Daño B.»

– Beardsley -dedujo Luke-. Entonces, ¿no fue Jennifer Ohman quien intentó matarlo?

«No. Otro. No seguro. Mató hermana Jen.»

– ¿Han matado a la hermana de la enfermera? -se indignó Susannah.

«Paliza. Jen lloraba. Preocupada por hijo.»

– Qué bien -musitó Luke-. Protegeremos al niño. Pero Rocky está muerta.

La satisfacción invadió la mirada de Monica, y Susannah no la culpaba por ello.

– Monica -empezó Luke-, ¿cómo te cogieron?

La mirada de satisfacción de Monica se desvaneció.

«Culpa mía.»

– Nada de esto es culpa tuya -afirmó Susannah con decisión-. Tú eres una víctima.

«Conocí chico. Internet. Jason. No. Ayudante sheriff.» Luke entrecerró los ojos.

– Así que Mansfield te engañó. Se hizo pasar por Jason.

«Sí. Me hizo…»

Se interrumpió y cerró los ojos. Las lágrimas asomaron bajo sus párpados, le rodaron por las sienes y desaparecieron entre su pelo.

– Ya lo sabemos -dijo Susannah enjugándole las lágrimas-. Lo siento mucho.

– Jason -musitó Luke.

– Tal como dijo el agente Grimes -musitó ella a su vez. Harry Grimes les había contado lo de las conversaciones que había encontrado grabadas en el ordenador de los Cassidy. También les había contado que el padre de Monica había desaparecido; y, según sospechaban, en circunstancias poco claras. Pero de momento Monica no tenía por qué enterarse de eso. Todavía no. Ya lo había pasado bastante mal.

La chica abrió los ojos y empezó a pestañear con rapidez.

«Quién es Simon.»

– ¿Cómo…? -empezó Susannah-. Estabas despierta. Lo has oído todo.

«Simon. Quién.»

– Mi hermano -respondió Susannah, y Monica pestañeó de forma acelerada, perpleja-. Está muerto.

«Bien.»

Susannah sonrió con tristeza.

– Sí; bien.

– Monica. -Luke se acercó más-. ¿Conocías a Angel? La llamaban Gabriela.

«Sí.»

– ¿Y a Kasey Knight?

«Puticlub carretera.»

El semblante de Luke se ensombreció y un músculo de su mandíbula tembló.

– ¿Granville y Mansfield tenían un prostíbulo de carretera? -preguntó.

«Kasey escapó. Mansfield cogió. Médico llevó al río. No comida.»

– En la nave del río encontramos bolsas para solución intravenosa -explicó Luke-. Creíamos que las tenía en tratamiento.

Los ojos de Monica emitieron un centelleo.

«Solo curaba un poco. Daño otra vez. Quería morirme.»

Susannah se percató de que por dentro Luke estaba hecho una furia y le costaba controlarse. Pero lo logró, y cuando habló, su tono era tan amable que ella se sintió conmovida.

– No puedes morirte, Monica -le dijo-. Si te mueres, ganan ellos. Si vives, me ayudarás a arrojarlos al infierno.

Monica volvió a pestañear para apartar de sí las lágrimas.

«Y a tirar la llave.»

Luke le sonrió.

– Eso también lo oíste.

«También quiero otra oportunidad.»

– Tú también tendrás otra oportunidad -le prometió-. Ahora tenemos que marcharnos, pero enviaré a otro agente para que haya vigilancia tanto dentro como fuera de la unidad. Estarás a salvo.

«Gracias.»

– Gracias a ti. Eres una jovencita muy valiente. Ahora intenta dormir. Nosotros buscaremos a tu hermana y al resto de las chicas.

«Mamá.»

– Está en camino -dijo Susannah-. Me ha pedido que te diga que te ha echado muchísimo de menos. -Acarició el pelo de Monica y luego la besó en la frente-. Te quiere.

Una vez hubieron salido de la unidad de cuidados intensivos. Luke atrajo a Susannah hacia sí.

– Ha ido bien. Trabajamos bien juntos.

Tenía razón. Ella apoyó la frente en su pecho.

– Tendría que quedarme aquí con ella.

– Volveré a traerte cuando hayamos hablado con Angie Delacroix.

Ella se apartó un poco para verle la cara.

– Pero ahora ya sabemos quién es Bobby. -La idea de tener que regresar a Dutton no dejaba de producirle ansiedad-. ¿Para qué necesitamos a Angie?

– No sabemos dónde tiene retenidas a las chicas… Ni dónde están sus dos hijos.

– De acuerdo. Vamos.

Atlanta,

domingo, 4 de febrero, 3:25 horas

Cuando Luke se sentó ante el volante, Susannah estaba buscando algo en su maletín.

– ¿Qué haces? -le preguntó al verla sacar una caja de polvos compactos.

– Me arreglo. A mi madre nunca se le habría ocurrido poner un pie en el centro de estética sin ir bien peinada y maquillada. Y a mí tampoco.

– Entonces, ¿de qué sirve ir allí?

Ella se encogió de hombros.

– Es cosa de mujeres; no pretendas entenderlo, Luke. Es así y punto.