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Ella tragó saliva.

– Lo odiaba, Luke. Y ahora ya sé por qué él me odiaba a mí.

– Arthur Vartanian era un hombre cruel, Susannah. Pero él ya no está y tú sí. Mereces la vida que tanto te esfuerzas por ganar para las personas a quienes representas todos los días.

– Siempre he soñado con que Arthur no fuera mi padre, con que me hubieran robado a unos gitanos o algo así… Pero no estoy segura de que Frank Loomis fuera mucho mejor.

– Murió por querer salvar a Daniel. Y cuando Bailey y Monica se escaparon, él podría haberlas entregado a Granville para salvar la vida; sin embargo, las ayudó. No era tan mala persona.

– Daniel tiene que saberlo. El hecho de que Frank falsificara las pruebas del juicio de Fulmore lo tiene destrozado.

– Creo que se sentirá mejor si sabe que Frank también estaba destrozado por eso -convino Luke, y la besó en la frente-. Volvamos a Atlanta. Así podrás descansar un poco.

– ¿Y tú qué harás?

– Descubrir dónde se esconde Bobby. Angie nos ha dado información biográfica que antes no teníamos. -Sonó su móvil cuando se ponía en pie-. Papadopoulos.

Luke se irguió de repente.

– ¿Dónde está? -Corrió al otro lado del coche y se sentó ante el volante mientras escuchaba aguzando el sentido. Cuando colgó, sonreía de oreja a oreja-. Adivina a quién ha sacado del río una familia que vive en una casa flotante.

– ¿A Bobby?

– No; puede que sea mejor incluso. A una jovencita de diecisiete años llamada Ashley Csorka.

– La chica de la nave. La que grabó su nombre en el somier.

Luke dio media vuelta en Main Street y salió de Dutton a toda pastilla.

– La misma. Dice que se ha escapado del lugar donde tienen presas a las demás.

Dutton,

domingo, 4 de febrero, 4:30 horas

Desde la ventana de su dormitorio, Charles observó alejarse a Luke y a Susannah. Luego pulsó la tecla número tres de su móvil y llamó al teléfono que había grabado en la memoria.

– ¿Y bien? ¿Qué les has contado?

– La verdad -respondió Angie-. Tal como me habías dicho.

– Muy bien.

Capítulo 18

Dutton,

domingo, 4 de febrero, 4:45 horas

Luke encontró el bar Jock's Raw de Arcadia sin problemas. Sus luces de neón indicaban el camino desde la carretera principal. El sheriff Corchran observaba cómo introducían a Ashley en la ambulancia.

– ¿Cómo está? -preguntó Luke.

– En estado de shock. Por la temperatura corporal, los paramédicos creen que ha estado en el agua unos veinticinco minutos. Jock ha oído que algo chocaba con su casa flotante; ha sacado a la chica del agua y me ha llamado. Yo he reconocido el nombre por el aviso del sistema AMBER que han lanzado esta noche. Está bastante lúcida. Tuvo que luchar mucho para escapar.

– Gracias. -Luke entró en la parte trasera de la ambulancia-. Ashley, ¿me oyes?

– Sí -consiguió responder ella a pesar de que le castañeteaban los dientes.

– Soy el agente Papadopoulos. ¿Están vivas las demás chicas?

– No lo sé, pero creo que sí.

– ¿Dónde están?

– En una casa, una casa vieja, con tablas en las ventanas.

– ¿Hay algún embarcadero cerca?

– No.

– Tenemos que llevarla al hospital -dijo uno de los paramédicos-. O viene con nosotros o baja de la ambulancia.

– ¿A dónde la llevan? -preguntó Susannah, de pie frente a las puertas abiertas.

– Al hospital de Mansfield. Es el que está más cerca -respondió el paramédico.

– Luke, quédate con ella y nos encontraremos allí -dijo Susannah-. Yo llevaré tu coche.

Luke le arrojó las llaves y luego miró a Corchran, que se apostaba tras él.

– Hoy le han disparado dos veces. No la pierdas de vista.

Susannah retrocedió para que la ambulancia se pusiera en marcha. Miró a Corchran con la cabeza hecha un hervidero.

– ¿Dispone de algún trazado de las corrientes del río?

– Ya les he dado las coordenadas a los patrulleros. Si llevaba veinticinco minutos en el agua, debe de haber recorrido unos ochocientos metros. Han señalado en el mapa una zona del río que comprende un kilómetro y medio más o menos y han empezado buscar.

– Sheriff, ¿puede pedirle a alguien que me acompañe al hospital?

Él pareció sorprendido de la petición.

– ¿Usted no conduce?

– Sí, pero tengo que hacer unas cuantas búsquedas en el ordenador. Es posible que averigüe dónde están. El tiempo es primordial.

– Larkin -llamó-. La señorita necesita que la acompañes. Vamos.

Dentro de la ambulancia, Luke se inclinó sobre el rostro helado d Ashley.

– ¿Se ve la casa desde la carretera?

– No. He corrido mucho rato, por el bosque.

– Tiene heridas en los pies -dijo el paramédico.

– Descríbeme la casa, cariño.

– Es muy, muy vieja. Dentro está muy oscuro. Los tiradores de las puertas son muy antiguos -Por algún motivo, eso le hizo sonreír.

– ¿Y cómo es por fuera, Ashley?

– Es una casa normal. No se me ocurre nada en particular.

– ¿Cómo fuiste a parar allí?

– Primero por el río, en una barca. Me mareé. Luego nos llevaron en un remolque.

– ¿Un remolque? ¿De un camión?

– Era un remolque para caballos. Había hierba.

Luke arrugó la frente.

– ¿Tenía algo de especial el remolque?

– Era todo blanco. Lo arrastraba una camioneta, también blanca. Lo siento.

Luke le sonrió.

– No lo sientas. Has conseguido escapar con vida, y encontraremos a las demás.

– ¿Dónde está mi padre? Debe de estar muy preocupado.

– Está aquí. Descubrimos tu nombre grabado en el somier.

Ella se encogió de hombros y las lágrimas le arrasaron los ojos.

– Tenía mucho miedo.

– Pues lo has hecho muy bien, Ashley. ¿Cómo te raptaron?

– Fui una tonta. Conocí… Conocí a un chico, por internet. -Sus labios dibujaron una mueca y le castañetearon los dientes-. Jason.

– El famoso Jason -musitó Luke-. No has sido la única, Ashley.

Su mirada se ensombreció.

– A cinco nos metieron en el barco. A las demás… les dispararon.

– Ya lo sé. Las hemos encontrado. Ashley, ¿viste a quien te apresó?

– Dos mujeres, jóvenes. Una de unos treinta años; otra de unos veinte. Y un hombre, asqueroso.

– ¿Había un hombre? Descríbelo.

– Viejo. Asqueroso. Tanner.

– ¿Qué quiere decir «tanner»?

– Es su nombre. Tanner. -Se estaba durmiendo-. Y un vigilante. Creo que está muerto.

– Ashley, despiértate -le ordenó Luke, y ella se esforzó por obedecer-. ¿Qué decías del vigilante?

– Joven. Corpulento. Blanco. -Volvió a sonreír, aunque con debilidad-. Creo que lo he matado.

– Ashley, no te duermas -dijo Luke con dureza-. ¿A qué distancia está la casa?

Ella pestañeó; le pesaban los párpados.

– No lo sé. He nadado muy deprisa, pero el agua estaba muy fría.

Él le pasó una mano por el pelo, al que le faltaban pellizcos.

– Ashley, ¿qué te han hecho en el pelo?

– He sido yo -dijo, y apretó los dientes, que seguían castañeteándole.

– ¿Por qué?

– Por Haynes. Le gustan las rubias. No quería irme con él y por eso lo hice.

«Haynes.» Tenían un cliente. Los clientes solían llevar hasta los distribuidores, al menos en el mundo de la pornografía infantil. Así era como habían conseguido destapar algunas páginas web. «Sigue la pista del dinero.» Era una sentencia tan antigua como el propio mundo.