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«Y ahora ¿qué?» Susannah Vartanian. Era el único cabo que le quedaba por cortar. Estaba allí con Papadopoulos; lo había echado todo a perder. «Ha arruinado mi negocio. Mi vida.» Ahora Charles obtendría lo que deseaba. Por algún motivo, siempre había odiado a Susannah, más incluso que Bobby.

«Podría haberla matado hace tiempo.» Pero el hecho de retrasarlo hacía que Charles se sintiera molesto, y ese era el único modo que Bobby tenía de controlarlo; si no, siempre era al revés.

«Muy bien, Charles. Estás a punto de conseguir lo que quieres. La mataré para ti y luego desapareceré.»

Atlanta,

domingo, 4 de febrero, 8:40 horas

Todos se encontraban de nuevo sentados alrededor de la mesa de reuniones, y una mezcla de euforia, agotamiento y desesperación enrarecía el ambiente de la sala. Estaban Ed y Chloe, Pete y Nancy, Hank, Talia y Mary McCrady. A petición de Luke, Susannah los acompañaba. Su rápida mente los había llevado hasta las chicas; merecía estar presente a la hora de las medallas.

– Todavía no hemos terminado -dijo Pete cuando Chase acabó de hablar-. Bobby aún anda suelta.

– Tenemos a las chicas, y vivas -repuso Chase-. No sólo a las de la nave sino también a Genie Cassidy y a seis más a quienes habían inducido a marcharse de casa. Y eso es mucho decir.

– También hemos encontrado cajas llenas de archivos en la camioneta de Bobby -dijo Luke-. Muestran muchas transacciones económicas entre ella y sus clientes. Aparecen los nombres y las direcciones. Con eso podremos demandar a un montón de depravados que compraban a niñas para convertirlas en esclavas sexuales.

La sonrisa de Chase traslucía cierta amargura.

– Hemos informado al FBI de los lugares en los que están los prostíbulos de carretera. Los hay desde Carolina del Norte hasta Florida. Ahora los agentes del GBI están llevando a cabo una redada en diez casas para rescatar a las chicas a las que Bobby ha vendido más recientemente, incluida la que Darryl Haynes se llevó el viernes por la noche.

Ed abrió los ojos como platos.

– ¿El que se ha presentado a senador del estado con un programa basado en los valores familiares?

– El mismísimo -respondió Chase con mala cara.

– Haynes quería a una rubia -explicó Luke-. Y una rubia nos ha ayudado a derrotarlo. Todo ha cambiado gracias a que Ashley Csorka se ha escapado.

– ¿Cómo está? -preguntó Talia.

– Sentada y hablando con su padre -dijo Luke con una sonrisa-. El hombre nos da las gracias y desea que quien trató de vender a su hija reciba en la cárcel el mismo trato que ella.

– Esta mañana hay muchas cosas de las que podemos sentirnos orgullosos. Todos lo habéis hecho muy bien -prosiguió Chase, poniéndose serio-. Granville mató a cinco chicas en la nave, pero Monica nos ha explicado que cumplía órdenes de Kate, alias «Rocky», y que Kate dijo que a ella se lo había ordenado Bobby. Cuando la encontremos, podremos imputarle esos cinco homicidios además de los diez que ha causado con sus propias manos. Si a eso le añadimos los intentos de asesinato de Ryan Beardsley Monica Cassidy…

– Y el secuestro de Dios sabe cuántas menores, la prostitución en los clubes de carretera y la pornografía infantil del catálogo que hemos encontrado… -añadió Luke.

– Le esperan un millón de años entre rejas -terminó Chase.

Chloe se quedó pensativa.

– Espera, ¿cómo que diez? También mató a Rocky, quiero decir, a Kate, y a Jennifer Ohman, la enfermera.

– Y a la hermana de la enfermera -añadió Susannah.

– Muy bien -asintió Chloe-. Eso suma tres más. Cuatro, con Helen Granville.

– Seis, con Chili Pepper y su novia -dijo Nancy.

– El chico del área de descanso y Tanner, el hombre que conducía la camioneta, son el séptimo y el octavo -intervino Luke, y miró a Pete-. Y Zach Granger el noveno.

– Joder. Lo siento, Pete -dijo Chloe, enfadada consigo misma por haberlo olvidado.

– No pasa nada -respondió Pete, lleno de rabia-. Tenemos que pillar a esa zorra y hacérselo pagar.

– El décimo es el vigilante a quien Corchran encontró muerto detrás de la casa -terminó Luke.

– Si contamos a Darcy, solo le falta un homicidio para completar la docena -dijo Susannah con frialdad.

– Y contaremos a Darcy -dijo Chase en voz baja-. Lo siento, Susannah. Además, todavía hay cuatro personas desaparecidas: el juez Borenson, el padre de Monica Cassidy y los dos hijos de Bobby.

Todo el mundo guardó silencio. Al fin Luke suspiró.

– Espero que Bobby no les haya hecho daño a sus propios hijos, pero sólo con ver lo que ha hecho hoy con el chico de la autopista… Es capaz de cualquier cosa.

– ¿Qué sabemos de ella? -preguntó Mary McCrady-. Según el perfil psicológico, es tan inteligente como despiadada; un monstruo. Pero me gustaría poder ayudaros un poco más.

– El hombre que conducía la camioneta era Roger Tanner, de sesenta y ocho años -explicó Luke-. Había cuatro órdenes de detención abiertas contra él desde los años ochenta, por agresión, robo y dos cargos por asesinato.

– ¿Qué relación tenía con Barbara Jean Davis? -preguntó Mary.

– Los asesinados fueron los padres de Bobby -dijo Susannah-. El pastor Styveson y su esposa, Terri. Los mataron a golpes en la rectoría de la pequeña iglesia de Arkansas de la que el señor Styveson era el pastor.

– Tanner se encargaba del mantenimiento de la iglesia -explicó Luke. Habían puesto en orden la información durante el camino de vuelta. Luke estaba demasiado nervioso para dormir y acabó pasándose la mayor parte del viaje hablando con el Departamento de Policía de Arkansas mientras Susannah buscaba información en los archivos públicos-. Encontraron sus huellas en la casa, lo cual no resultaba extraño siendo el encargado del mantenimiento. Pero entonces descubrieron los cargos pendientes.

– Todo el mundo dio por sentado que había sido él -prosiguió Susannah-, puesto que no había ningún otro sospechoso y ni señales de que hubieran forzado la puerta. Además, tenía la llave de la rectoría. Bobby no resultó herida, a pesar de que le contó a la policía que había forcejeado con el hombre.

Luke se encogió de hombros.

– La policía local cree que su historia no cuadraba con las pruebas, pero no tenían nada para poder inculparla. Ahora, sabiendo que estaba compinchada con Tanner, tiene sentido pensar que ya entonces lo estuvieran. Después del entierro de los padres, Tanner desapareció y nadie volvió a verlo más. A Bobby la enviaron a Carolina del Sur, a casa de la hermana de su madre.

– ¿Y cómo acabó en Dutton? -preguntó Nancy.

– Quién sabe. Puede que supiera quién era su verdadero padre y obligara a su tía a llevarla allí de nuevo. Puede que su tía culpara a la madre de Susannah de haber expulsado de allí a los Styveson y utilizara a la chica para avergonzarla. Tal vez nunca sepamos la verdad.

– Yo nunca había oído nada del asesinato de los padres de Bobby ni de que fuera la hija del anterior pastor -dijo Susannah-. Esas cosas suelen ventilarse en ciudades pequeñas como Dutton, pero nadie dijo nunca ni una palabra. Ni siquiera Angie Delacroix sabía que Bobby era hija de los Styveson. En la escuela la llamaban Barbara Jean Brown; tomó el apellido de su tía Ida Mae Brown. Y ese era el apellido de casada de la tía, o sea que nadie la relacionaba con la esposa de Styveson. Por algún motivo, su tía guardaba muy bien los secretos de Bobby.

– La tía se marchó de Dutton poco después de que Bobby se casara con Garth Davis -explicó Pete-. Y ahí es donde se le pierde la pista. No hay rastro de que trabajara en ningún sitio, ni de que dispusiera de tarjetas de crédito, ni de que utilizara ningún servicio.

– Puede que Bobby también la matara -apuntó Talia.