Выбрать главу

– Pero ¿dónde están los niños? -preguntó Mary-. ¿Quién se ha encargado de ellos mientras ella ha andado ocupada regentando los prostíbulos de carretera y vendiendo jovencitas a los hombres ricos?

– Los Davis tenían una niñera -dijo Pete-. Es inmigrante, probablemente ilegal. No habla muy bien inglés. He hablado con ella para tratar de averiguar el paradero de la tía. Trabajaba todos los días laborables de nueve a cinco. Dice que Bobby salía de casa todos los días para ocuparse de su estudio de interiorismo. A veces le pedían que se quedara a trabajar por las noches si Bobby tenía una reunión con algún cliente y Garth no estaba en casa. Parece haberse ocupado bien de los niños, y si es que tenía alguna idea de en qué estaba metida Bobby, lo disimula muy bien.

– Los únicos parientes que tiene son el tío de Garth, Rob Davis, y la familia de él -dijo Chase.

– Le he preguntado a Rob Davis si la habían visto -dijo Pete-. No he registrado la casa.

– Pero ¿es posible que Rob estuviera escondiendo a los hijos de Garth? -preguntó Chloe-. Creía que se odiaban.

– Eso es lo que Kate nos dijo cuando vino el jueves por la noche. -Luke miró a Chase con mala cara. Acababa de encajar una de las piezas del puzle-. Kate nos llevó hasta Mack O'Brien.

Chase se frotó la frente.

– Han jugado con nosotros como si fuéramos una pelota barata.

– Kate debía de querer desviar nuestra atención de Garth y del resto del club, porque cuanto más cerca estuviera Daniel de descubrirlos, más nos acercaríamos también al negocio de la nave. Kate nos llevó hasta Mack para que ella y Bobby pudieran seguir guardando sus secretos. Ha jugado con nosotros.

– Kate también nos dijo que la esposa de Garth se había marchado con los niños después de que Mack O'Brien asesinara al hijo de Rob Davis -explicó Ed-. Joder.

– Creímos lo que nos dijo al pie de la letra -concluyó Luke.

– ¿Y cómo no ibais a hacerlo? -preguntó Susannah con razón-. No teníais ni idea de lo que se llevaba entre manos. Vamos, pedid una orden para registrar la casa de Rob Davis y buscad a los niños.

– Luego. Hace una hora he recibido un aviso por el móvil -anunció Chase-. Me ha llamado Kira Laneer, la amante de Garth, la que trabaja en el aeropuerto. Dice que sabe dónde está Bobby, que Garth conoce todos sus escondrijos. Es posible que sólo quiera darse publicidad, pero le pediré a alguien que lo compruebe de todos modos. Nancy, ¿por qué pones mala cara?

– Estaba pensando en Bobby. Decimos que ha matado a diez personas en dos días, pero para eso ha tenido que contar con ayuda.

– Tanner era un cómplice seguro -dijo Luke-. Ashley Csorka nos ha contado que es quien llevaba la Casa Ridgefield. Ella lo llama «el mayordomo asqueroso».

– No sé -vaciló Nancy-. A menos que fuera un forzudo, no podría haberle rebanado la garganta a Chili Pepper; el tipo es corpulento. Bueno, lo era.

– Puede que tenga algún otro lacayo -dijo Pete con aire adusto.

– Algún otro -musitó Susannah-. Ya saben, nos falta otra pieza del puzle. Estoy pensando en el thích. La conversación entre Simon y Toby Granville tuvo lugar cuando yo tenía once años. Entonces Bobby tenía doce, y aún vivía en Arkansas.

– Y Tanner también -observó Luke-. O sea que no podía ser él.

– «Yo era de alguien más» -citó Susannah en voz baja-. Hay alguien más.

– Hemos difundido hasta Manhattan el dibujo que la retratista hizo basándose en su descripción -dijo Chase-. En la fiscalía del distrito se encargarán de enseñárselo al asesino de Darcy. De momento nos centraremos en Bobby Davis y en sus dos hijos. Pete, ve a casa de Rob Davis y encuentra a los niños. Hank, Nancy y tú volveréis a registrar la casa de Davis. Talia, averigua todo lo que puedas sobre los amigos de Bobby, de ahora y de antes. Chloe, ¿cuánto tiempo más podemos retener a Garth?

– Mañana tiene que comparecer ante el juez.

– Haremos que lo sigan, por si está más implicado en esto de lo que creemos. ¿Ed?

– Hemos encontrado el cuerpo de Becky enterrado fuera de la nave, junto a la celda de Beardsley. La mataron de una paliza.

– O sea que tenemos un cadáver más. -Chase cerró los ojos un momento-. Consígueme una foto de Becky. Le pediré a los medios que nos ayuden a identificarla. Y… -Chase miró a Susannah-. Gretchen French ha organizado una rueda de prensa para las cuatro de la tarde.

– Sí. En el Gran Hotel. Ha planeado que todo el mundo esté de pie.

– Nos hará falta videovigilancia y equipos de seguridad, y también un detector de metales. Bobby podría ser lo bastante arrogante para regodearse con su momento de gloria.

– O dispararle otra vez a Susannah -apuntó Luke en voz baja.

Chase volvió a mirar a Susannah.

– ¿Adónde tiene previsto ir después?

– Al hospital -dijo ella-. Tengo que hablar con Daniel de unas cuantas cosas.

Una era lo de su padre, Luke estaba seguro. Otra debía de ser el motivo que Frank Loomis tuvo trece años atrás para falsificar pruebas.

– Yo la acompañaré. Aún tengo que averiguar quién alteró la solución intravenosa de Ryan Beardsley. Podría tratarse de ese «alguien» a quien estamos buscando.

– Muy bien. Id todos con cuidado -dijo Chase-. Y manteneos en contacto. A las dos y media volveremos a reunirnos aquí para ponernos al día antes de la rueda de prensa de Gretchen French. -Todo el mundo empezó a desfilar, pero Chase le hizo un gesto a Luke para que se quedara-. Luke, llevas una semana entera trabajando las veinticuatro horas del día -empezó Chase-. Has encontrado a las chicas.

– Bobby aún anda suelta -repuso Luke, pero Chase le indicó que se callara.

– Todos los agentes de mi departamento están buscándola.

– ¿Me estás retirando del caso? -preguntó Luke, y la ira empezó a hervir en su interior.

– Tranquilízate. No, no te retiraré del caso, pero precisamente porque quiero poder contar contigo, te quiero en condiciones. Ya le hemos cortado las alas a Bobby -prosiguió-. Es probable que necesite tiempo para reorganizarse. Mientras, vete a casa y carga las pilas. Y vuelve preparado para averiguar su paradero.

– Muy bien. En cuanto haya acompañado a Susannah a ver a Daniel, me marcharé a casa y me echaré a dormir.

Capítulo 19

Dutton,

domingo, 4 de febrero, 9:00 horas

Bobby cerró de golpe el teléfono. Su topo del GBI creía que su relación había terminado, sólo porque ella había perdido un poco de terreno. Pero los secretos seguían siendo una valiosa moneda de cambio, sobre todo dada la situación. «Saben quién soy.» Eso significaba que tenía que andarse con más cuidado.

Soltó una risita. «Kira Laneer cree que sabe dónde estoy.» Pero no debía ignorar el hecho de que Garth supiera más cosas de las que ella creía. Su marido no era estúpido, Bobby no pensaba jugársela con Kira Laneer.

Marcó el número de Paul.

– Te necesito.

– No lo creo, tesoro. Estoy viendo la televisión y tú estás más que acabada. Susannah Vartanian aparecía muy favorecida en las imágenes del informativo, robándote el inventario en las narices.

La furia hirvió en su interior.

– No te hagas el listo. Tengo un trabajito para ti. -Le dio la dirección de Kira Laneer-. Que no le duela. Después de todo, me ha evitado unos cuantos manoseos de Garth. -Bobby odiaba a Garth, detestaba que la tocara. Había parido a los dos mocosos y con eso había cumplido sus obligaciones como esposa de Davis. Los chicos también le habían sido de utilidad a la hora de representar su papel de ama de casa de clase media, y se había portado bien con ellos. Daba muy buen resultado tener una tapadera de mujer sana y sonriente-. Mata a Kira Laneer antes de que le cuente al GBI lo que sabe de mí.

– Bobby, me pides demasiado -se quejó Paul-. No puedes seguir matando a esa gente.

– Haz lo que te digo o llamaré a la policía y les hablaré de ti. -Era la primera vez que amenazaba con hacerlo, la primera vez que había tenido esa necesidad. Temblorosa, colgó el teléfono. Esa tarde las víctimas de Garth iban a reunirse con la prensa. Susannah estaría allí. «Y yo también.» Valía la pena saber que el GBI había aumentado las medidas de seguridad, aunque eso complicaba un poco más las cosas. Pero Bobby sabía cómo solventar el problema. «Susannah, ha llegado tu hora.»