En el suelo, junto a la puerta, había una gabardina negra.
– Era Bobby -dijo Chase-. Le ha disparado al policía y echado a correr. La estaba esperando un coche. Los estamos persiguiendo. -Aguzó la mirada ante el jersey de Susannah-. Está herida.
– Y Bobby también -dijo ella apretando la mandíbula-. Le he dado en el brazo derecho justo antes de que volviera a dispararme. Esa es la chaqueta que llevaba.
– Pues no ha tenido muchos problemas para disparar con la mano izquierda. Los primeros dos disparos han rebotado contra el chaleco antibalas del agente, pero el tercero le ha alcanzado el muslo. Los paramédicos están en camino. El agente ha disparado dos veces pero ella ya había salido por la puerta.
– ¿Le habéis disparado al coche? -preguntó Luke, y Chase frunció el entrecejo.
– Sí. Hemos fallado. Han salido en estampida, como en las películas.
Luke se sacó unos guantes del bolsillo, se los puso y se agachó junto a la chaqueta.
– Tiene tres agujeros en el bolsillo -dijo-. Ha disparado las tres veces desde dentro. -Levantó la cabeza y miró a Susannah a los ojos-. También hay un agujero en la manga. Y mucha sangre.
– Está herida -dedujo Chase-. Pero no puede ir al hospital. ¿Qué hará?
– Tampoco puede volver a la nave del río ni a su casa de Dutton -añadió Luke-. ¿Susannah?
– No sé en quién más puede confiar para que la ayude. ¿Han visto quién conducía el coche?
Chase apretó la mandíbula.
– No muy bien. -Entonces exhaló un hondo suspiro-. Bobby llevaba una chaqueta del GBI.
A Luke le dio un vuelco el estómago.
– El topo. Bobby tiene un cómplice.
– ¿Un topo? -preguntó Susannah con un hilo de voz.
– Sí -confirmó Chase, abatido.
– Sí que has visto al conductor -dijo Luke, en voz aún más baja.
Chase negó con la cabeza.
– No, pero he reconocido el coche. Es el de Leigh.
– ¿Leigh Smithson? ¿Le han robado el coche? -Entonces vio la cara de Chase y lo comprendió-. Mierda. Leigh es el topo. Joder, Chase. Nunca habría imaginado que… Mierda.
– Sí. -Chase se frotó la frente-. He dado una orden de busca en cuanto he visto el coche.
– Tiene sentido -dijo Luke despacio-. Sobre todo por lo de la enfermera. Leigh fue quien me pasó el mensaje para que me encontrara con ella en el hospital.
Susannah se quedó callada.
– La enfermera Ohman dijo que llevaba una hora esperando en la puerta.
– En ese tiempo Leigh tuvo tiempo de atender la llamada, informar a Bobby y engañarte diciendo que tenías un mensaje mío -musitó Luke-. Joder. ¿Por qué? ¿Por qué habrá hecho Leigh una cosa así?
– ¿Por chantaje? -apuntó Susannah-. Pero ¿qué secreto puede ser tan importante como para llevarla a hacer una cosa así?
Chase exhaló un suspiro.
– No lo sé. Luke, reúne al equipo y dales las noticias. Tenemos que averiguar a dónde ha ido Bobby. ¿Tiene la pistola, Susannah?
– Luke la ha recogido.
– ¿De dónde la ha sacado?
– Era de mi padre -dijo Susannah sin pestañear-. Me la llevé de su casa.
Luke omitió lo que habría sido un hondo suspiro. Estaba protegiendo a Leo, y mentía muy bien. No estaba muy seguro de cómo se sentía al respecto, pero ya se ocuparía de eso más tarde.
Chase se limitó a asentir.
– No vuelva a hacerlo -fue todo cuanto dijo.
Susannah alzó la barbilla.
– Apresen a Bobby Davis y no tendré necesidad.
Chase sonrió con aire sombrío.
– Me parece justo.
Bobby se dio un golpe contra la puerta del coche de Leigh Smithson cuando esta dio un volantazo al doblar una esquina. Tragó saliva para evitar gritar cuando el dolor intermitente del brazo se triplicó.
– Veo que no has mejorado como conductora -le espetó entre dientes, y Smithson le lanzó una mirada furibunda.
– Te odio.
– Sí, ya lo sé. Pero no soy yo quien mató a los tres niñitos.
– Claro que sí -repuso Smithson con amargura.
Bobby soltó una risita.
– Puedes dejarme aquí.
Leigh Smithson detuvo el coche y aferró a Bobby por el brazo.
– Dispárame.
– ¿Para que parezca que te he obligado a hacerlo? Ni hablar. Pero esto te ayudará. -Se quitó la peluca de Marianne Woolf de la cabeza y se la arrojó a ella-. Date un golpe en la cabeza. -Bobby cerró la puerta de golpe y echó a andar. Temblaba de frío. Había dejado tirada la chaqueta cuando el policía empezó a dispararle. Aún llevaba la pistola, pero había perdido el móvil. Mierda. Tendría que hacerse con otro teléfono y otro coche, pero eso no iba a resultarle muy difícil.
Le dolía el brazo. La herida aún le sangraba mucho, pero al menos había podido cortar la mayor parte de la hemorragia. Por el tacto sabía que la bala seguía dentro.
«Necesito un médico.» Pero no iba a ir al hospital y Toby Granville no podía ayudarla ya que estaba muerto. Por culpa de Daniel Vartanian. El muy cabrón.
Recordó a Paul, sentado en la cocina de Charles. Él lo había curado. Odiaba tener que llamar a Charles. Odiaba a Charles.
Esta vez no tenía elección. Tenía que avisar a Charles. «Tanner podría haberte curado.» Pero estaba muerto. «Lo maté yo.» Por culpa de Susannah Vartanian. Si no los hubiera seguido hasta el área de descanso… La muy cabrona. Tenía que morir. Y pronto.
«Pero primero tengo que esconderme en alguna parte. Necesito descansar, y curarme.»
En ese momento supo muy bien adónde tenía que ir.
«Volveré a casa.»
Capítulo 21
Atlanta,
domingo, 4 de febrero, 18:15 horas
– Tanto el cámara como Gretchen están malheridos pero estables -anunció Chase cuando se hubieron reunido-. El policía a quien Bobby le ha disparado ya está en casa descansando.
– Gracias a Dios -dijo Talia-. A la pobre Gretchen le han pasado un montón de cosas esta semana.
– Como a todos -musitó Susannah, que estaba muy callada.
Luke se percató de que le había dado un bajón de adrenalina, y era consciente de que pronto le daría a él también. De momento seguía activo, y su corazón se disparaba cada vez que pensaba en el agujero del jersey de Susannah, justo a la altura del corazón.
Ahora llevaba una sudadera del GBI. Luke había entregado el jersey como prueba, junto con la pistola que llevaba guardada en el bolso. Sabía muy bien de dónde procedía, igual que sabía que Leo se habría asegurado de que no hubiera modo de relacionarlo con el arma.
Luke estaría en deuda con Leo el resto de su vida.
– De hecho, el cámara está más que contento -dijo Ed-. Cuando cayó, el objetivo quedó hacia arriba y obtuvo una imagen de la cara de Bobby. Ya la han pasado por la CNN.
– Hemos encontrado el coche de Marianne Woolf. Ella estaba dentro del maletero, atada y amordazada -explicó Luke-. Llevaba allí desde antes de la rueda de prensa de esta mañana. Ha recibido una llamada de Bobby diciéndole que quería verla, y cuando se han encontrado, ella le ha atacado y la ha encerrado en el maletero del coche. Antes le había robado la acreditación.
– ¿De dónde ha sacado Bobby la pistola? -quiso saber Pete-. Todo el mundo ha tenido que pasar por el detector de metales.
Luke y Chase intercambiaron una mirada. Aquello no iba a resultar agradable para nadie.
– La pistola estaba entre las pruebas que habíamos reunido -explicó Chase.
Se hizo un silencio sepulcral. En todos los semblantes se apreciaba la incredulidad, seguida del horror y luego de la ira. Y por fin de la suspicacia.
– ¿Y quién la ha sacado de aquí? -preguntó Pete con aire sombrío.