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Hank Germanio puso mala cara cuando Pete y Nancy lo miraron con desconfianza. No dijo nada y Luke se sintió apenado por él.

Chloe entornó los ojos y miró a Chase y luego a Luke.

– Sabéis quién es. Decídnoslo. Decídnoslo ya.

La mirada de Chase aún estaba teñida de dolor.

– La policía de Atlanta ha encontrado el cadáver de Leigh en su casa, en la bañera. Se ha… -Se le oyó tragar saliva-. Se ha disparado en la boca.

Durante varios segundos nadie pronunció palabra, nadie respiró siquiera. La suspicacia que denotaban sus ojos volvió a transformarse en incredulidad, y luego dejó paso a una profunda conmoción.

– ¡Leigh! -preguntó por fin Talia-. ¿Leigh Smithson?

– ¿Leigh? -musitó Pete.

Chase volvió a tragar saliva.

– Sí.

– Pero ¿por qué? -preguntó Nancy, y su voz se quebró-. ¿Por qué lo ha hecho?

– No lo sabemos -dijo Chase, y apretó la mandíbula-. Todavía. Pero lo averiguaremos.

– Tiene sentido -dedujo Luke-. Ha habido testigos y sospechosos que han muerto antes de que pudiéramos dar con ellos. Leigh debía de estarle pasando información a Bobby. Al rastrear sus llamadas se ha descubierto que se había puesto en contacto con el número del teléfono que estaba en la chaqueta de Bobby.

Talia dio un respingo en la silla.

– Pero ¿cómo sabía ella lo que pasaba aquí dentro?

– Colocó un micrófono en la sala -explicó Ed.

– Os mantendré informados de la investigación sobre el móvil de Leigh -dijo Chase-. Ahora tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en encontrar a Bobby. Ha desaparecido. Hemos puesto vigilancia en la Casa Ridgefield, en la nave del río y en la casa en la que vivía con Garth.

– Hemos registrado su ordenador -dijo Luke-. Y a sus clientes principales. No parece que esté con ninguno de ellos. Hemos hablado con todos los familiares de Davis y nadie la ha visto.

– ¿Qué hay del thích de Granville? -preguntó Susannah en voz baja.

Chase suspiró con desaliento.

– No niego que exista, Susannah, pero mientras no tengamos pruebas de que le ha hecho algo a alguien…

– Sí que ha hecho algo -lo interrumpió Susannah-. Monica dice que estuvo en la nave, que habló con Granville y que Granville le pidió que le ayudara a destruirla. Tanto si le ha puesto la mano encima a Monica como si no, sabía que ella estaba allí. Y eso lo convierte en cómplice de secuestro.

– Tiene razón -dijo Chloe.

«Tiene muchas razones», pensó Luke, y volvió a sentir que lo invadía un sentimiento de orgullo y admiración hacia ella. A pesar de todo lo que había tenido que soportar, su mente funcionaba con la precisión de un reloj.

– Además -prosiguió Susannah-, puede que Bobby se esconda allí.

Chase se frotó las sienes.

– Tiene razón. ¿Alguna idea?

– Tenemos que conseguir que el asesino de Darcy hable -sugirió Susannah-. Él sabe quién es pero tiene miedo.

– Avisaré a Al Landers -dijo Chloe-. Seguiremos intentándolo.

– Hemos enviado la foto de Bobby a todas las agencias de la zona metropolitana, y también al servicio aduanero, por si trata de salir del país -anunció Chase.

– Claro que eso sólo servirá si utiliza su nombre verdadero -observó Susannah.

– Otra vez tiene razón -reconoció Chase con tirantez-. Pero hasta que sepamos más cosas, eso es todo cuanto podemos hacer. Volveremos a reunirnos a las ocho de la mañana.

– Susannah -empezó Chloe-. ¿Podría concederme un minuto? Necesito hablar con usted.

Susannah permaneció sentada mientras todos los demás abandonaban la sala, a excepción de Luke. Chloe arqueó las cejas y Luke sacudió la cabeza, molesto por el mal ambiente que se había creado.

– Yo me quedo, Chloe.

Chloe se encogió de hombros. Cuando hubieron cerrado la puerta, ella se volvió hacia Susannah.

– La pistola.

– Era de mi padre -respondió Susannah.

– No está marcada ni registrada -dijo Chloe-. Le han borrado el número de serie.

– No se me ocurrió mirar el número de serie. Lo siento.

Chloe sacudió la cabeza.

– Vamos, por favor. Es demasiado lista para cometer un error como ese. Pero sigamos adelante. Llevaba un arma oculta sin permiso.

– Sí que tiene permiso -protestó Luke-. En Nueva York.

– Aquí no vale -dijo Chloe-. No está reconocido.

– ¿Adónde quieres ir a parar? -le espetó Luke. Sabía que tenía que llegar ese momento, pero aun así se estaba poniendo como loco.

– La cuestión es que todos los periodistas de la sala han visto a Susannah dispararle a esa mujer con una pistola que no está registrada y sin permiso para llevarla encima. No puedo pasarlo por alto.

– Por el amor de Dios, Chloe -protestó Luke, pero Susannah posó una mano sobre la suya.

– Está bien. Era consciente de lo que estaba haciendo cuando me guardé la pistola en el bolso. Sabía que Bobby no se detendría ante nada, y me sentía vulnerable. No quería morir, así que tomé una pistola de mi padre, me la guardé en el bolso y he disparado a esa mujer dentro de una sala llena de cámaras. -Miró a Chloe a los ojos-. ¿Presentará cargos contra mí?

Chloe pareció incomodarse.

– Joder, Susannah.

– Si no hubiera llevado la pistola, ahora no estaríamos hablando -dijo Susannah con calma-. Bobby me estaba apuntando desde dentro del bolsillo. Sabe que ya había disparado tres veces, y una me ha herido a mí. Por eso le he disparado yo, y no lo siento.

– No voy a presentar cargos por el disparo -dijo Chloe-. Está claro que ha sido en defensa propia. Pero, Susannah, ¿qué clase de ejemplo daría si la dejara libre después de haber quebrantado la ley? ¿Qué haría usted si fuera al revés? Sea sincera.

– Me vería obligada a presentar cargos contra usted -dijo Susannah.

Luke apretó los dientes.

– Susannah.

– La ley es clara, Luke. Chloe no tiene elección.

– Ya lo sé. -Chloe cerró los ojos-. Joder.

– Eso ya lo ha dicho -le espetó Susannah con ironía. Una de las comisuras de sus labios se curvó-. ¿Quiere consultarlo con la almohada, abogada?

Chloe, sorprendida, soltó una risita. Enseguida se puso seria.

– Podrían inhabilitarla.

La sonrisa de Susannah se desvaneció.

– Mejor inhabilitada que enterrada.

Luke volvió a pensar en el agujero de bala de su blusa y sintió la necesidad de exhalar un profundo suspiro.

– Yo habría hecho lo mismo -musitó Chloe-. Por eso me resulta tan difícil.

– Chloe, yo he hecho lo que tenía que hacer. Haga usted también lo que tenga que hacer. No me opondré.

– Si se opusiera, me sentiría mejor -se quejó Chloe.

– No es tarea mía conseguir que se sienta mejor -repuso Susannah sin alterarse.

Chloe se quedó mirándola.

– Mierda. ¿Es que no hay nada que le afecte?

– Sí -respondió Susannah con amargura-. Muchas cosas, pero se me ocurre una en particular. ¿A qué coño se refería ese periodista cuando ha dicho que Garth Davis negaba haberme violado?

Chloe suspiró.

– Tomlinson ha dicho que había recibido una llamada anónima informándole del asesinato de Darcy Williams y de que Garth Davis no la había violado a usted, y pidiéndole que lo consultara con el propio Garth. Él lo hizo y Garth negó categóricamente haberla agredido de ninguna forma.

– Pero la foto… -Susannah cerró la boca.

– Susannah aparecía en una de las fotografías de la caja -informó Luke, y reprimió el deseo de arrancarle la cabeza de cuajo a Garth Davis.

– Ya lo sé -dijo Chloe-. He hablado con el técnico que las está clasificando. Dice que había imágenes de desnudos y de violaciones. Dice que hubo, dieciséis víctimas a quienes fotografiaron desnudas, pero sólo a quince las violaron. Susannah, a usted no la violaron.

Susannah se puso tensa, pero no dijo nada, y Luke recordó la conversación que habían mantenido en la habitación de Monica el día anterior. «Violó como mínimo a una persona», había dicho refiriéndose a Simon. ¿Cómo lo sabía?