– Varias cosas. -Sus ojos brillaban en contraste con el rostro consumido-. Hemos conseguido aislar algunas huellas de las jeringuillas que encontramos en la nave y hay una que casa con el registro del hospital. -Extrajo una fotografía de su carpeta-. Es Jeff Katowsky, de treinta y nueve años; uno de los enfermeros. Lo hemos encontrado esta mañana, se escondía en el sótano de casa de su madre.
– ¿Fue él quien trató de matar a Ryan Beardsley? -preguntó Luke.
– Ha confesado -dijo Chase-. Una mujer lo amenazó con revelar su adicción a las drogas si no mataba a Beardsley. Igual que a Jennifer, la otra enfermera.
– ¿Cómo sabía Bobby los secretos de esa gente? -se extrañó Nancy-. Alguien ha tenido que informarla. ¿Quién conocía la adicción de Jeff?
– No quiere decirlo -respondió Chase-. Chloe le ha ofrecido un trato y aun así no quiere hablar.
– Está verdaderamente aterrado -explicó Chloe-. Ha dicho que gracias a nosotros estaría a salvo, y se ha echado a reír.
– Igual que Michael Ellis, el asesino de Darcy -observó Luke-. No es una coincidencia.
– Chloe, ¿le has pedido a Al Landers que presione más al asesino de Darcy? -quiso saber Chase.
– Lo he llamado esta mañana, antes de venir aquí, pero aún no había llegado al despacho. -Sacó su BlackBerry del bolso-. También le envié un mensaje anoche, después de la reunión. -Buscó entre sus mensajes y luego levantó la cabeza con mala cara-. Aquí está la respuesta. Dice que él mismo irá hoy a verlo a la cárcel, pero que no ha recibido el dibujo que le mandamos por fax, el que hizo la retratista con la descripción de Susannah del hombre que la violó la noche en que asesinaron a Darcy.
Luke cerró los ojos.
– Susannah dijo que la retratista le había entregado el dibujo a Leigh.
– Mierda.
Chase avisó a la nueva secretaria que ocupaba el puesto de Leigh. Unos minutos más tarde les informó de las malas noticias.
– No hay rastro de que se haya recibido el fax en Nueva York. Leigh no lo envió y tampoco está en su escritorio.
– La retratista debe de tener una copia -dijo Pete-. Podemos enviarlo nosotros.
– Sí, claro -dijo Luke-. Pero ¿por qué no lo envió Leigh? Parece que estuviera jugando a dos bandas, dándole información a Bobby y ayudándonos a nosotros. Me pregunto qué más nos ha ocultado.
– He rastreado las llamadas del teléfono de su despacho y las de las líneas del centro de atención que se hicieron durante la noche -dijo Chase-. Parece que compartía toda la información que llegaba.
– Puede que conociera al hombre del retrato -apuntó Luke-. O puede que Bobby le pidiera que no lo enviara.
Chase mantuvo la mirada fija unos instantes, luego suspiró.
– Tal vez tengas razón. Le pediré a la nueva secretaria que avise a la retratista. Enviaremos el dibujo y veremos qué más se mueve. De momento, vamos a centrarnos en identificar al desconocido a quien Monica Cassidy oyó en la nave. Podría ser el único que queda en pie capaz de ayudar a escapar a Bobby.
– Mansfield tomó fotos de Granville en la nave, por si alguna vez tenía que enfrentarse a él -dijo Ed-. Puede que ese tipo aparezca en alguna.
A Luke le dio un vuelco el estómago y la bilis se le subió a la garganta ante la idea de tener que volver a examinar las imágenes.
– Yo me encargaré de revisarlas.
Chase le dirigió una mirada solidaria.
– Puedo pedírselo a otra persona.
– No. Quiero pillar a ese tío. Yo me encargaré. -Y si el trabajo lo sobrepasaba, ahora tenía dónde apoyarse. Se preguntaba si Susannah sabía lo que se había ofrecido a hacer, y luego la recordó aquella primera tarde en el coche. «Y una parte de su ser va muriendo poco a poco.» Lo sabía. Lo sabía por experiencia. Y por eso sentía auténtica necesidad de ayudarle-. Pero antes quiero hablar con Garth Davis. Es posible que él sepa dónde se esconde su esposa.
– Esta tarde comparecerá ante el juez -dijo Chloe-. A las once lo trasladarán.
– ¿Puedes pedir la prisión preventiva? -preguntó Talia.
– Voy a intentarlo, pero no creo que me la concedan. Lo que sí es posible es que me permitan pedir una fianza muy elevada, y a fin de cuentas el resultado será el mismo. Las cuentas bancarias de Garth están en números rojos. Parece que Bobby lo dejó limpio antes de desaparecer.
– ¿No recuperará el dinero? -preguntó Nancy, y Chloe se encogió de hombros.
– Lo recuperaría si pudiéramos separar el dinero de Garth de los ingresos de Bobby -dijo con aire inocente-. En su ordenador encontramos el acceso a sus cuentas bancarias.
– El disco duro de Bobby estaba repleto de información -dijo Ed apretando la mandíbula-. Se estaba forrando vendiendo niñas a ricos depravados. De momento estamos demasiado ocupados tratando de demostrar sus transacciones para preocuparnos por el dinero de Garth. Por mí puede pudrirse esperando.
– Que así sea -respondió Luke-. ¿Hemos terminado? Quiero ver a Garth antes de que lo trasladen.
– En un minuto -lo frenó Chase-. Pete, consigue el retrato y difúndelo. Enséñaselo también a los familiares y amigos de Leigh, a ver si lo reconocen. Quiero saber quién es. Talia, ponte en contacto con la policía de Arkansas. Averigua todo lo que puedas sobre la infancia de Bobby, sobre quién podría estar ayudándola. Ed, ¿qué te traes entre manos?
– Estamos buscando fabricantes de cemento.
– ¿Para qué? -preguntó Pete.
– ¿Recordáis que os conté que el suelo de la nave era muy antiguo pero que las paredes eran nuevas, prefabricadas? Bueno, pues adivinad quién tenía en su sótano paredes prefabricadas de idéntica composición.
– Mansfield -dijo Nancy, chasqueando los dedos-. En el sótano donde guardaba las municiones y el material pornográfico.
– Exacto. Tengo una lista de fabricantes de cemento que utilizan esos minerales -dijo Ed-. Si Mansfield compró una nave entera, ¿a quién más le habrán entregado material?
– ¿Qué hay de la llave de la caja de seguridad de Granville?
– Comprobadlo -ordenó Chase-. Hoy los bancos están abiertos. Averiguad si Granville tiene una caja de seguridad en alguno. Germanio, te quiero en Dutton a las diez. El funeral de Janet, la hija del congresista Bowie, se celebra al mediodía.
– Fue la primera de las víctimas de O'Brien la semana pasada -explicó Chloe-. Para los medios será un festín, habrá políticos y periodistas por todas partes. Y es posible que Bobby se deje caer.
– Ya lo sé. Hemos dispuesto videovigilancia y agentes de paisano tanto en la iglesia como en el cementerio. -Chase miró a Germanio-. Te conseguiré una lista de los agentes. Quiero que tú te encargues de la coordinación. Vigilaremos a la gente que entre en la iglesia, pero el cementerio será más difícil de controlar. Al parecer han invitado a los medios a un almuerzo que se celebrará después. Me encargaré de que te permitan entrar.
Germanio asintió.
– De acuerdo.
– Muy bien. Volveremos a encontrarnos aquí a las cinco. Ahora os quiero a todos fuera. -Chase señaló a Luke y a Chloe-. A vosotros dos no.
– ¿Qué pasa? -preguntó Luke impaciente cuando los demás se hubieron marchado.
– Anoche, cuando terminé de rastrear las llamadas de Leigh, estuve leyendo el resto del diario de Jared O'Brien. Luke, describe todas las violaciones con todo lujo de detalles y Susannah no aparece por ninguna parte. -Chase suspiró-. Y Jared era tan cabrón que se habría jactado de ello, como mínimo en el diario. Él quería… Había elegido a Susannah, pero Simon siempre se negó.
– Porque ya lo había hecho él -musitó Luke, y Chase frunció el entrecejo.
– ¿Qué sabes, Luke?
Luke suspiró.
– Susannah no quería que Daniel se enterara, pero Simon tomó parte al menos en una violación. Le enseñó una foto en la que aparecía violándola.