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Chase negó con la cabeza.

– Jared lo deja muy claro. Simon nunca participaba. ¿Dónde está esa foto?

– No lo sabe.

– Si aparecía Simon quiere decir que al menos había otra persona -observó Chase-. Quien hizo la foto.

– Granville -dijo Luke, apretando los dientes-. Tuvo que haber sido Granville.

– Entonces es posible que Garth Davis esté diciendo la verdad -dedujo Chloe con voz queda.

– Ya lo sé -contestó Luke-. Y si está…

– No es culpable de su violación -terminó Chase-. Y es el único de los siete que sigue vivo.

– O sea que Susannah se ha expuesto públicamente en vano -concluyó Chloe con hastío-. Mierda.

– No ha sido en vano. -Los tres se volvieron hacia la puerta, donde Susannah se apostaba con un anuario en las manos-. Lo he contado por mí, para rehacer mi vida. -Miró a Luke a los ojos y Luke se obligó a corresponderle, a pesar de tener el corazón partido. Ella se aclaró la garganta-. He encontrado algo que deberíais ver. -Depositó el anuario sobre la mesa y lo abrió-. Estaba demasiado nerviosa para quedarme sentada mano sobre mano, así que me he dedicado a hojear los anuarios de la caja de tu despacho. Este es del instituto Springfield, está a unos treinta kilómetros de distancia de Dutton. -Señaló una foto-. Mirad.

– Marcy Linton. -Chase la miró con una mueca-. No la entiendo.

– Yo no la conocía como Marcy Linton -explicó Susannah-. La conocía como Darcy Williams.

Durante unos instantes se hizo un silencio lleno de estupefacción. Luego se oyó un suspiro colectivo.

– O sea que se crió a pocos kilómetros de ti pero la conociste en Nueva York -dijo Luke, despacio.

– No fue ninguna coincidencia -concluyó Susannah-. Eso formaba parte del plan. Quiero saber de qué modo, por qué y qué salió mal la noche en que la asesinaron.

– Estoy de acuerdo -dijo Chase-. Tenemos que averiguar más cosas sobre la señorita Marcy Linton. Le he pedido a Talia que se ponga en contacto con la policía de Arkansas para averiguar el pasado de Bobby. Cuando termine, le pediré que investigue a la familia Linton.

– Me gustaría ayudarle -se ofreció Susannah-. Por favor, Chase. Cuando conocí a Darcy me dijo que se había escapado de casa, que no tenía familia. Era mi amiga, o eso creía yo. Hice que la enterraran en Nueva York.

– ¿Usted pagó el funeral? -preguntó Chloe.

– No podía permitir que la llevaran a Potters Field. Si tenía familia en alguna parte, necesitarían saber qué le había ocurrido. Por favor, déjeme ir con Talia.

– Mientras no encontremos a Bobby, no quiero que salgas de este edificio -le espetó Luke.

Susannah negó con la cabeza.

– ¿Y si se escapa, si vuelve a desaparecer? ¿Y si no la encontráis nunca? No puedo pasarme la vida escondiéndome, Luke. Talia es una buena agente. Con ella estaré a salvo, y te prometo que me andaré con cuidado. Pero antes necesito hablar con Garth Davis.

Charlotte, Carolina del Norte,

lunes, 5 de febrero, 8:45 horas

El agente especial Harry Grimes estaba dando los últimos retoques al informe final sobre el secuestro y la liberación de Eugenie Cassidy cuando sonó su teléfono.

– Grimes.

– Harry, soy Steven Thatcher. Hemos encontrado el coche del doctor Cassidy.

El padre de Genie y Monica.

– Joder, Steven. ¿Dónde?

– En el lago Gordon. Ayer se celebró un torneo de pesca de róbalo y un tipo encontró allí el coche de Cassidy con la sonda de pesca. Ha llamado esta mañana cuando ha visto en las noticias que habíamos encontrado a Genie, pero se sigue sin rastro del padre. Hemos pedido a un equipo que drague el lago.

– Voy hacia allí.

– Oye, por cierto, ¿cómo está la chica? -preguntó Steven.

– Genie está intacta -dijo Harry-. Al menos físicamente, porque por lo demás sigue en estado de shock. Monica… Bueno, lo suyo es diferente. He hablado con su madre esta mañana. A la chica le espera una larga recuperación. Ojalá… Ojalá hubiéramos podido hacer algo para evitar todo esto.

– Al menos está viva -repuso Steve-. Recuérdalo. ¿Qué hay del tal Jason?

– En realidad era una banda formada por dos mujeres, un médico y un ayudante del sheriff. Todos los integrantes están muertos, excepto la mayor de las dos mujeres. Genie identificó a la más joven como su raptora.

– ¿Podría ser que alguien de la banda hubiera matado al doctor Cassidy, suponiendo que el coche que se ha encontrado sea verdaderamente el suyo?

Harry verificó sus notas.

– No, no ha podido ser ninguno de ellos cuatro. Dada la hora a la que la vecina de Cassidy vio pasar el coche, no ha podido ser ninguna de las mujeres. La más joven murió al mediodía, en Georgia. La mayor fue vista en el escenario y es probable que fuera quien mató a la más joven.

– ¿Y el ayudante del sheriff?

– Lo mataron el viernes, el día en que se escapó Monica. Ese mismo día mataron al médico.

– Mierda -renegó Steven-. Tienen montado un buen lío por ahí abajo.

– No creo que sepamos ni la mitad. He hablado con Luke Papadopoulos, de Atlanta. Dice que por lo menos dos elementos andan sueltos: la mujer joven y otro más.

– ¿Qué sabes del secuestro de Genie?

– Se la llevaron de una cafetería que no cierra por las noches; se llama Mel's.

– Yo que tú echaría un vistazo.

– Ya lo hice, pocas horas antes de que encontraran a Genie. Según la chica, fue la mujer joven quien la raptó, y ahora está muerta.

– Pero también dices que esa mujer no pudo haber estado implicada en el secuestro del padre de Genie, o sea que al menos tenemos un elemento más. Puede que sea el mismo a quien ese Papadopoulos de Atlanta está buscando. En la cafetería, ¿hay alguna cámara de videovigilancia?

– Sólo la de la caja registradora. Pero… -Harry volvió a hojear sus notas-. Al otro lado de la carretera hay un cajero automático. Es posible que el ángulo de la cámara sea el apropiado.

– Ya lo tienes -dijo Steven-. Sigue por ese camino, chico. Te llamaré si encontramos al doctor Cassidy.

Atlanta,

lunes, 5 de febrero, 9:35 horas

A Susannah se le revolvió el estómago mientras esperaba en la puerta de la sala de interrogatorios en la que estaba Garth Davis.

– Tengo miedo, Luke -susurró.

Él le pasó el brazo por la cintura.

– No tienes por qué hacerlo. Puedo entrar yo solo a hablar con él.

– No; necesito hacerlo. -Exhaló un hondo suspiro-. Terminemos cuanto antes.

Chloe aguardaba dentro de la sala, junto con Garth Davis y su abogado.

– Garth -musitó Susannah, y se sentó en la silla que le ofrecía Luke.

– Susannah -dijo él con recelo-. Cuánto tiempo.

– Sí, mucho. -Escrutó su rostro, no como fiscal sino como una mujer cuya vida llevaba desbaratada demasiado tiempo. Garth tenía un aspecto demacrado, ojeroso. A sus apenas treinta y dos años se lo veía… viejo. Tanto como se sentía ella.

Garth miró a Luke.

– Ha encontrado a mis hijos. Gracias.

Luke, sentado al lado de Susannah, respondió con un único gesto afirmativo.

– Ya le dije que los encontraríamos.

– He visto las noticias. Le juro que no sabía en lo que andaba metida Barbara Jean.

– Ayer intentó matarme -le espetó Susannah.

Garth la miró a los ojos con expresión angustiada.

– Ya lo sé.

– ¿Sabías que me odiaba?

– No.

– ¿Sabías que era hija de Arthur Vartanian? -preguntó.

Él abrió los ojos con gran asombro.

– ¿De verdad?

– Sí. -Y entonces supo lo que quería preguntarle-. ¿Violaste a quince chicas?

– Garth -le advirtió su abogado, pero Garth levantó la mano con gesto cansino.

– Ya está bien. No voy a librarme de esta. Tienen fotos, y un diario. Mi hermana está muerta, y la mitad de la población de Dutton también. Ya ha muerto demasiada gente por culpa de los pecados de una panda de chiquillos imbéciles.