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– Bueno, siempre será mejor.

El San Camilo de palo que me hizo Marcos Albite está muy bien, tiene cara de tonto pero a lo mejor es que es así, lo más probable es que sirva para hacer milagros.

– Muchas gracias, Marcos, es muy bonito.

– ¿De veras que te gusta?

– Sí, me gusta mucho.

En Orense, por el verano, hace mucho calor, incluso más que en Guayaquil.

– ¿No hay demasiado forastero este año?

– Sí, yo creo que hay demasiado de todo.

Gaudencio guarda cama a resultas de la tunda que le dieron, lo cuida Anunciación Sabadelle, Nunciña, también le llaman Anuncia, que escapó de su casa de Lalín para ver mundo pero no pasó de Orense.

– ¿Te duele?

– No, me encuentro ya muy bien, esta noche vuelvo al salón.

– Déjalo para mañana, más vale que descanses un poco más.

A la chapeta de piel de puerco que lleva Fabián Minguela en la frente parece como si le hubieran sacado brillo; Fabián Minguela sigue igual de pálido que siempre y crecer no creció, pero se enseña como más lustroso y elegante.

– ¿Tú piensas que podremos encontrarnos con este indeseable en el cielo?

– ¡No, mujer! ¡Qué ocurrencia! En el cielo no se puede entrar así como así y menos con la chapeta de piel de puerco en la frente, con esa señal no lo dejan pasar los ángeles, puedes estar tranquila.

La coima portuguesa de Roque Marvís, el hermano menor de Tripeiro y por tanto tío de Afouto, preparó un cocimiento de herba cabreira para que a Afouto no le pasara ninguna desgracia, después no dio resultado, se conoce que le faltó algo; la herba cabreira la traen las golondrinas de Tierra Santa y cuando algún hereje les cuece los huevos con agua mansa para escaldarlos y matarlos, ellas ponen herba cabreira en el nido y los huevos resucitan, si un manojo de herba cabreira se tira al río, nada contra corriente y manda a los encantos que declaren dónde tienen escondido el tesoro; los encantos son valerosos pero obedientes y no dejan nunca de cumplir los mandatos de Dios, los encantos guardan los tres tesoros, los de los moros, los de los godos y los de los frailes, pero los entregan con toda mansedumbre cuando se les lee el Ciprianillo; si el encanto deja de ser un dragón o un culebrón y se convierte en fantasma, entonces se hace encantamento y puede escapar silbando por el aire.

Don Jesús Manzanedo se ríe mucho contando la muerte de Inocencio Solleiros Nande, empleado de banca.

– ¡Qué miedo tenía! Cuando le pregunté si se confesaba o no, se echó a llorar, lo tuve un rato de rodillas para que escarmentara.

La versión de don Jesús Manzanedo no es cierta, Inocencio Solleiros se portó como un hombre y murió con mucha dignidad; cuando don Jesús le apuntaba con la pistola y lo tenía de rodillas, con las manos atadas a la espalda y pegándole patadas en los riñones y en los huevos, Inocencio le llamó hijo de puta y le escupió en la cara.

– ¡Mátame, si no eres un hijo de puta! -le dijo-, no me matas porque eres un asesino, eso está claro.

Las ranas del condado de Tipperary, en Irlanda, son tan nobles como las de la laguna de Antela y seguramente también vieron verter mucha sangre, cuando se rompen los cauces de la sangre se anega todo en sangre que tarda mucho tiempo en secar, hay hombres que llevan un murciélago colgado del corazón.

Inocencio no murió confesado, tampoco nadie le llevó un cura para que le confesase y le diese la absolución, es mentira lo que anotó don Jesús en su libreta, no, Inocencio no murió confesado, don Jesús es un mentiroso, bien mirado eso es lo de menos, don Jesús tenía una hija, Clarita, a la que dejó el novio porque le entró aprensión, los hay muy mirados, hay gente a quien le aguanta la vergüenza incluso cuando los demás la saldan.

– Me voy a defender a la patria, Clarita, no me escribas porque lo más probable es que me maten nada más llegar.

Cuando mataron al padre, Rosicler se fue para la aldea y no se puso de luto, a las autoridades no les gustaba que se guardase luto por algunos muertos.

Benicia fríe muy bien filloas y escancia el vino en pelota y con muy antigua y pagana sabiduría, el tiempo pasa para todos y yo le hablo de después, ya me entiende.

– Así sabe mejor, ¿quieres que me lo vierta por las tetas?

– Sí, te lo agradezco porque estoy un poco triste.

Los periódicos miran mucho los detalles: Fulano de Tal se negó a recibir los auxilios de la religión y murió desesperado, mientras Mengano de Cual confesó y comulgó con gran fervor, muriendo feliz y resignado. Es costumbre que estas resignaciones y aquellas desesperanzas sucedan en el cementerio de San Francisco, la muerte llama a la muerte. A los Guxindes siempre nos gustó andar a palos en las romerías pero ahora estamos medio idos.

– Yo estoy acojonado, Robín, esto no hay quien lo pare, es como el cólera morbo. ¿Quién podría sujetar a la gente y meter un poco de orden en esta barahúnda?

– ¡Yo qué sé!

Al ex ministro Gómez Paradela lo prendieron en Verín, lo rociaron con gasolina y le plantaron fuego; según dice Antonio, nadie sabe quién es Antonio, interpretó una danza macabra para morir.

– ¿Y qué fue de Antonio?

– Nadie sabe quién es Antonio, ya le digo, ni el fin que tuvo, puede que le hayan matado a palos, es lo más probable, a éstos siempre acaban matándolos a palos.

Fabián Minguela se trajo a Rosalía Trasulfe de la aldea.

– Y además te callas, tú estás aquí para darme gusto y callar, ¿te enteras?

Rosalía Trasulfe decía a todo amén, Cabuxa Tola no tenía nada de tola.

– Yo estoy viva y Moucho acabó como acabó, para mí tengo que cada cual acaba según haya ido por la vida, a veces no, pero casi siempre sí.

Robín Lebozán tiene a comer en su casa a su primo Andrés Bugalleira, que acaba de llegar de La Coruña.

– En el Círculo de Artesanos quemaron los libros de Baroja, de Unamuno, de Ortega y Gasset, de Marañón y de Blasco Ibáñez, claro; en cambio dejaron a Voltaire y a Rousseau, se conoce que les sonaban menos.

En el periódico se dice: A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y tanta miseria, se están quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda antiespañola y de repugnante literatura pornográfica.

– ¿Viste a Esperanza, después de que le mataran al marido?

– No, me mandó decir que no fuera por su casa.

Andrés quería pasar a Portugal.

– Si llevas dinero y puedes alejarte pronto de la frontera, bien, desde Lisboa se va a cualquier parte de Europa, pero si no tienes cuartos ándate con ojo porque los guardiñas devuelven a todo el mundo, los entregan en Tuy, que es mal sitio.

Chelo Domínguez la de los Avelaíños, o sea la mujer de Roque Gamuzo, es la envidia del hembraje del país.

– Que Dios nos coja a todas confesadas, amén, dicen que Roque el de la Cheliño calza un carallo que parece un rapaz de seis o siete meses.

– ¡Pero qué dices, mujer! Todos los carallos son iguales.

– ¡Ay, eso sí que no, que los hay que da gloria verlos y en cambio hay otros que parecen miñocas!

– Eso depende, mujer, eso depende.

– ¿Depende de qué?

– ¿De qué va a ser? ¡Pareces parva!

Moncho Preguizas habla con muy añorante nostalgia de su tía Micaela.

– Guardo un recuerdo dorado de la niñez, de las pastillas de café con leche, de las manzanas asadas de postre, de los rosales cuajaditos de rosas rojas, de las pajas que me hacía tía Micaela…, la pobre era muy cariñosa y complaciente, a mí me la meneaba para despertar en mi espíritu el ansia de vivir y la curiosidad por el mundo en torno.

– ¡No digas tonterías! A ti te la meneaba porque le gustaba sobarte las partes, les gusta a todas.