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Doy otra vuelta, muy satisfecho, y me pongo de cara a la ventana. La luz naranja ha vuelto marrones las líneas de mi pijama. No puedo ni recordar cuál es su color originaclass="underline" tengo varios de diferentes colores, todos con las mismas rayas, y todos se vuelven marrones con esta luz. Reflexiono sobre el tema durante un rato sin llegar a ninguna conclusión. Mi argumentación sobre la naturaleza de la luz es bastante arbitraria: cómo el sodio con su fuerza y proximidad aniquila incluso el efecto de la más impresionante luna llena; pero de qué forma la luna permanece pese a todo; y cómo todo esto simboliza… bueno, simboliza algo, sin duda. Pero no pienso en ello seriamente: no tiene sentido intentar imponerles falsos significados a las cosas.

Miro un buen rato por la ventana de la cocina, directamente a la farola que brilla por entre las ramas del abeto. Se hacen las dos. La farola se apaga y una mancha borrosa, azul y verde, con forma de rombo, continúa ante mis ojos. Sigo mirando: la mancha disminuye, y luego, a su vez, de la manera más discreta, también se apaga.

Julian Barnes

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