-A qu lderes de izquierda admira usted?
-A los sindicalistas que defienden los derechos del obrero, a los personajes lderes de los movimientos de izquierda como Luis Eduardo Garzn y Angelino Garzn, a quienes siempre he respetado. Lament que falleciera Bernardo Jaramillo Ossa, quien nunca debi morir. Tampoco se atent contra hombres como Julio Roberto Gmez, un sindicalista moderado. Muchos hombres del partido comunista nunca fueron objetivo militar nuestro, Gilberto Vieira y Gerardo Molina, los fundadores del PC en Colombia. Respetamos tambin a Hernn Motta Motta, senador de izquierda, quien llevaba mensajes de las FARC al Gobierno, pero en un tono conciliador; fue un hombre moderado y decente, se mantuvo dentro de su ideologa. Carlos Romero fue otra persona a quien le reconocimos su tendencia poltica, porque nunca fue guerrillero; era un hombre de izquierda, cosa muy distinta.
Como stos, se dieron muchos casos en la lucha antisubersiva urbana, pero, vuelvo y repito, a m no me queda la menor duda de que ms del cincuenta por ciento de los polticos de la Unin Patritica los mat El Mexicano en una guerra por cocana con las FARC.
-Pero con todas esas ejecuciones extrajudiciales, no cometi usted crmenes injustificables? Usted no es juez para decretar la pena de muerte -observ.
-Ejecutar a un hombre es un crimen. Yo slo justifico la muerte de un ser humano en casos extremos de legtima defensa, pero cuando se est en la guerra, es otra cosa. En una guerra irregular como la que nos toc vivir, es injustificable. Lo nico que me deja tranquilo es que esta guerra no la comenc yo; somos efecto, no causa. En la mayora de los casos se analizaron dos fuentes no conexas, pruebas, grabaciones y documentos que nos permita tomar la decisin. Eso no quiere decir que en los comienzos de la lucha antisubversiva pude haber cometido graves errores con terceros y conmigo mismo.
-Era consciente de las consecuencias que esto le traera a usted?
-No. Despus del secuestro y muerte de mi padre, yo an era un nio y estaba enceguecido por el odio, la rabia y el deseo de venganza. Quiz el error ms grande de mi vida fue que avanc sin ser previsivo y nunca tuve un terreno allanado al que yo pudiera retornar. Sin darme cuenta, poco a poco fui pasando una frontera de no retorno a la normalidad, hasta que llegue el fin de la guerra.
Pero sigo teniendo un sentimiento antisubversivo irrenunciable. Lo que pasa es que uno va cometiendo errores y esos excesos quedan temporalmente sumergidos. Pero el hecho de que estn ocultos no lo exime de tener un compromiso ms adelante con su enemigos irregulares o con la justicia, espero que no sea frente a la justicia de la subversin institucionalizada; por eso prefiero la justicia internacional, ella podra entender objetivamente mi tragedia. El punto de no retorno nunca es fcil percibirlo. Eso es lo que ms le recalco hoy en da a la nueva generacin de comandantes y combatientes en la Autodefensa. Les hago ver hasta dnde puede uno dejar avanzar el odio, porque pelear con odio slo conduce a cometer errores. A nuestras filas ingresan muchachos que por conviccin son antisubversivos, pero otros vienen porque han sido vctimas de los excesos de la guerrilla y su odio es inmenso. sta es la triste historia del odio que gener el odio.
En medio de la entrevista con Castao, el comandante Alemn se levant de la mesa y conversaba en voz baja con varios hombres de la escolta, y por radiotelfono reciba mensajes. Castao detuvo la conversacin y pregunt en voz alta:
-Qu pasa, Alemancito?
-Tenemos un enfrentamiento cerca, comandante.
-Dnde? -pregunt Castao, mientras se paraba de la mesa para acercarse al Alemn.
Sin ningn asomo de intranquilidad, Carlos Castao se acerc y nos dijo:
-Seores, lo ms seguro es que nos tengamos que separar; lamentablemente, no vamos a poder dormir aqu esta noche. Creo que lo mejor es que usted regrese a Montera, porque yo me voy a enmaraar y nos espera una buena caminada. Es posible que me desplace hasta un campamento que tengo selva adentro, en el Nudo de Paramillo, donde pienso estar unos ocho das. Pero antes quiero que nos veamos con Adolfo Paz, Don Berna, mi fiel amigo y compaero de Causa y en la guerra contra Pablo Escobar. Adolfo, mi hermano Fidel y yo conformamos la direccin del grupo los PEPES, los perseguidos por Pablo Escobar. Maana buscamos la forma de reencontrarnos. Creo que va muy bien acompaado por el doctor Ernesto y Monseor, son muy buenos conversadores.
Mientras pasbamos los maletines de una camioneta a otra, Carlos Castao alcanz a cambiarse de ropa, un blue jean ancho y unas botas pantaneras de caucho, que le llegaban a la rodilla. Antes de salir comenz a llover nuevamente y la temperatura daba la sensacin de subir, pero no, slo la humedad incrementaba.
El viaje fue lento porque la va pareca un jabn sacado de una tina. La camioneta se deslizaba y se enterraba a su antojo en el fangal, mientras el conductor giraba rpidamente la direccin hacia el lado contrario de donde se precipitara el carro.
Con pantano hasta en las orejas, dejamos a Ernesto Bez en una finca cercana, eran las tres de la maana. Casi no abren el hotel. Llegamos a Montera y el recepcionista sali en piyama. Dorm tranquilamente hasta el medio da, cuando me visit un enviado de Castao. Al bajar a la recepcin, alcanc a ver una camioneta que me conducira hasta la finca Cocuelo. Llegu a la solitaria casa de una sola planta, similar a las anteriores, me ubiqu en el kiosco y despus del almuerzo vino una corta espera. Escoltado por dos camionetas con veinte hombres, reapareci Castao.
VII. LA GUERRA CONTRA PABLO ESCOBAR
El da que Pablo Escobar orden mi muerte, sal ileso del atentado y horas ms tarde redact dos cartas. Una a mi hermano, en la que le cont lo sucedido, y otra a Escobar, donde le escrib algo que nadie se atreva a decirle:
Antioquia, 1 de enero de 1992
Pablo:
Mientras le he servido en lo que creo debo hacer, segn mi criterio, usted intent matarme a traicin. No se extrae si maana lo entrega su esposa o cualquier miembro de su familia, cuando descubran que no es un ser humano sino una bestia traicionera lo que tienen en la casa.
Carlos Castao Gil.
Esta carta le lleg a Escobar y se encoleriz. Ese hombre era un alacrn! Pero las guerras son as, primero hay que sacarle la rabia al enemigo para descomponerlo. Mientras ms pantera negra se crea y ms intimide, ms duro hay que tratarlo.
Alguna vez le o decir a Pablo: Cuando un tipo no se deja ver y hay que bajarlo, no le mande un combo, mndele dos o tres. Escobar intent matarme con tres combos integrados cada uno por dos sicarios, en total seis hombres armados.
Al comenzar el da me diriga hacia Medelln y al aproximarme al peaje de Yarumal, en un campero Mistsubshi con mi esposa y mi hija, reduje la velocidad. A unos cien metros, un taxi Renault 9 que se encontraba estacionado en la berma aceler de manera abrupta y se hizo adelante de nosotros. Me pareci un poco raro, lo confieso, pero a m todo en la vida me ha parecido raro. No me gust mucho, por eso merm un poco la velocidad de manera desprevenida. Soy excesivamente precavido y desconfiado, por eso detall que el taxi lo manejaba un muchacho sin camisa, acompaado por otro joven, y pareca no haber nadie en la silla trasera. De repente, se levant un hombre en la silla trasera, mir hacia mi carro y volvi a esconderse. Esto sucedi en segundos y me pareci ver que el de adelante le dijo al que se par: Mralo.
Ellos pasaron rpidamente el peaje, mientras yo prefer hacerlo despacio, con toda la precaucin del caso. El taxi, de manera extraa, no se adelant, se detuvo en el carril izquierdo, por donde venan los carros en sentido contrario, pero dejaba un espacio libre en la calzada.
De inmediato le dije a mi esposa: Esto est muy raro. No voy a pasar por el carril derecho. Aceler el carro al mximo y me col rpidamente por el pequeo espacio que haban dejado al lado izquierdo, el campero alcanz hasta patinar cuando pas por la berma y por algn cascajo que haba all regado. Yo no mir, y cuando el velocmetro subi a cien kilmetros por hora, le pregunt a mi esposa: Usted vio lo que pas? Ella me contest: S, fue muy raro. Qu reaccin tuvieron cuando me les pas por el lado contrario? Todos nos miraron, los tres que estaban en el taxi, contest.