Conclua la ltima hoja de la declaracin, cuando, de repente, regres Castao:
-Yo le dije que hoy le iba a contar cositas. Est por llegar Don Berna, pero si quiere evacuamos preguntas -me sugiri Castao.
-Comandante, dice en la declaracin que usted permanecera fuera de Antioquia por una temporada y que no quera cobrar la recompensa. Pero, cmo se enteraba de los inminentes atentados?
-Fcil. En Medelln haba mucho bandido a sueldo, incluyendo a los miembros de la organizacin de Escobar. Pablo quera hacer un atentado y le haca la propuesta a varias personas que estaban en capacidad de llevarlo a cabo. La gente de Escobar deca: Hay tanta plata para esta vuelta, quin se le mide? As se planearon muchos atentados y, en la mayora de los casos en los que yo tena claro que varias personas saban que un hecho se iba a producir, me atreva a pasar la informacin a las autoridades, pues los sospechosos de una delacin ramos varios y as poda seguir en mi lucha contra Pablo Escobar.
Sin embargo, no siempre puede evitar muertes en esa guerra tan absurda. En agosto de 1989, me toc ver, en la vspera de la explosin, un Mercedes Benz blanco cargado con trescientos kilos de dinamita. Con este carro bomba Pablo pensaba asesinar al coronel Valdemar Franklin Quintero, y a esa informacin tuvimos acceso muy pocas personas. Quise evitarlo, pero pens con cabeza fra y decid callar: Esto equivale a mi muerte de manera intil, porque era fcil que encontrara al delator y el monstruo iba a seguir vivo.
Esa noche no dorm, era imposible. Saber que iba a estallar un carrobomba repleto de dinamita al da siguiente fue terrible, pues yo no poda hacer nada. A las 7 y 50 minutos de la maana en los alrededores del estadio Atanasio Girardot, el carro bomba explot, como estaba previsto, al paso de una caravana escoltada. Pero una fatal coincidencia se dio, quien cruzaba la calle Pichincha era el gobernador de Antioquia, Antonio Roldn Betancourt, y no el coronel Quintero. Antonio Roldn y varios personas ms murieron en el atentado, que, mire lo raro, le caus mucho dolor a Escobar. No sufri por los inocentes que fallecieron, se lament porque consideraba al gobernador su amigo y el pobre Roldn lo era, pero, como muchos, por obligacin.
-Por qu Alberto Romero, director de la Central de Inteligencia del DAS, termin declarando ante la Fiscala a favor suyo?
-Lo que sucedi, se lo explico as: los hombres de Pablo Escobar que se entregaron a la justicia queran vengarse de alguna forma de los hermanos Castao Gil. Entonces me acusaron calumniosamente de ser el autor material de la bomba que explot en el avin de Avianca. Absurdo. Mi trabajo permanente era evitar el narcoterrorismo de Escobar, por lo cual mi abogado solicit que se tomara declaracin a la persona a quien yo le transmit la informacin en el DAS.
-Pero si usted era un informante que se autodenomin Alekos, cmo se enteraron de que Alekos era Carlos Castao?
-Muy sencillo. Las grabaciones con mi voz existen, pero nicamente se enteraron de que era yo porque los visit. Un da llam a la Central de Inteligencia y ped que me comunicaran con su director, a quien le dije: Seor Romero, le habla Alekos cmo est?. Caramba, Alekos!, exclam, sorprendido, y yo continu: Algo extremadamente grave est pasando en este pas y tenemos que hacer algo o Colombia se destruir. Yo quiero hablar personalmente con usted. Alekos, a usted yo le salgo a donde me diga. No se moleste, seor Romero, yo lo visito. Aqu?, me pregunt, incrdulo. Entonces le contest: S, seor, maana estoy en su oficina en las horas de la maana. La expectativa era enorme, no saba cmo reaccionara Romero al enterarse de mi identidad.
Lo que motivaba mi determinacin fue la fuga de Escobar, pues yo saba la oleada terrorista que desatara en todo el pas, yo conoca la mente enfermiza de Escobar.
Al da siguiente, llegu al DAS, y cinco hombres me estaban esperando en la puerta, y les dije: Soy la persona que tiene una reunin con el seor Romero. De inmediato me subieron por un ascensor privado hasta el ltimo piso. Yo estaba vestido de traje y corbata, como siempre; me indicaron la oficina y entr. Al verlo, alcanc a sonrer por dentro sin que se me notara mucho; es que le digo una cosa: pocas personas en el mundo son tan parecidas como el ex narcotraficante Jorge Luis Ochoa y Alberto Romero, fundador de la Central de Inteligencia. Su aspecto es el de un hombre gordo y bonachn.
Romero me esperaba parado detrs de su escritorio, yo camin hasta las sillas para invitados y, al darle un breve saludo de mano, me dijo: Sintese, hombre!. Al instante percib que el encuentro iba a ser ms tenso y fro de lo que me imaginaba. Recuerdo que antes de iniciar la conversacin medi un silencio eterno en el que alcanc a mirar por el inmenso ventanal blindado de su oficina el hermoso cerro de Monserrate, en Bogot, con su iglesia en la cima.
De pronto me dijo: Alekos, nosotros a usted lo dbamos por muerto. Aqu decamos: al Fantasma lo eliminaron. Incluso, de cada cuerpo sin vida que apareca en el ro Medelln, pensbamos: se era. Qu pas? Por qu no volvi a aparecer?
Seor Romero, a ustedes siempre les fui fiel, pero slo una vez les ped un favor y, como no se me colabor, sent ingratitud por parte de ustedes, y, sobre todo, no haba confianza para continuar trabajando con el DAS, y como yo trabajo es por Colombia, continu suministrado informacin a otra institucin del Estado. Recuerde el caso del seor Hctor Castao.
S, Alekos, hicimos todo lo que se pudo, pero tenamos encima a una fiscal delegada, con la que trabajar era muy difcil.
Seor Romero, usted tena pleno conocimiento de que al testigo de Las Tangas el DAS le dio un libreto que recit al pie de la letra para mantener preso a Hctor Castao. Y as acusar al nico de los Castao que lograron capturar. El testigo saba dnde estaban las fosas, nicamente; lo dems fue producto de un montaje que ustedes hicieron. Yo les coment que ese individuo es hermano de un seor muy mentado, Fidel Castao. Resulta que ese hombre es mi principal informante contra Escobar y es l quien me ha dado la mayora de los positivos al DAS, adems ustedes saben que no hay pruebas. Simplemente, me dieron la espalda, seor Romero. Yo les ped algo justo y dentro de la ley, ustedes me dijeron que lo haran y despus no cumplieron, y la lnea que separa la ingratitud de la traicin es tenue, y as no poda uno trabajar con confianza. Entre pregunta y respuesta siempre medi un silencio que mantuvo el encuentro muy lento; yo no dejaba de ser un informante al margen de la ley y l, el jefe de Inteligencia del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS.
Alberto Romero an no saba mi verdadera identidad, para l yo segua siendo Alekos.
El Hctor Castao, del que hablbamos, es otro hermano mo que es casi un cura, nunca estuvo de acuerdo con la Autodefensa y es un hombre muy sano. l haba visitado a Fidel en la finca Las Tangas, en el departamento de Crdoba. Resulta que por esa poca el DAS mont un operativo contra nosotros y descubri unas fosas comunes con cadveres en predios aledaos a una finca de Fidel. Efectuaron un allanamiento en Medelln y culparon a Hctor Castao, mi hermano, quien, a pesar de no tener cuentas pendientes con la Justicia, es capturado, sin oponer resistencia. Por espacio de tres das lo mantuvieron detenido de manera irregular en la Cuarta Brigada.
Mientras tanto, el testigo fue sacado de los calabozos del DAS, y obligado a leer un libreto para inculparlo en el hallazgo de las fosas. Esos cuerpos eran de la masacre de Pueblo Bello, un error, un horror y una estupidez que orden Fidel a uno de sus hombres. La guerrilla del EPL le haba robado a Fidel un ganado y varia gente en la vereda tuvo que ver con el robo. Fidel estaba en Europa cuando esto, le consultaron y orden recojan la gente, pero esta ejecucin la hizo el Cabezn, uno de los peores hombres de la Autodefensa. Casos aberrantes como este no tienen justificacin; tiempo despus se le hizo un juicio al Cabezn y fue ejecutado. Mi hermano Hctor sali libre a los ocho meses y la acusacin se cay por su peso.