Por un momento rein el silencio y record las palabras de Castao acerca de don Rodrigo Garca: l es ms radical que yo en el concepto de la guerra pero a pesar de su verticalidad, siempre me ha demostrado que no se deben utilizar todos los mtodos en un conflicto. Se puede derrotar militarmente al enemigo, pero al final perder la guerra, me explicaba. El fue un bastn, mi apoyo y mi gran consejero espiritual despus de la muerte de Fidel. Su condicin de historiador tambin me acerc ms a l y siempre lo he considerado un orientador intelectual. En la Autodefensa es una autoridad moral, tica y crtica sobre todos nosotros. Yo ya viva una etapa en la que buscaba ansioso el conocimiento que no haba adquirido ante la imposibilidad de estudiar en una universidad.
Con l dialogbamos frecuentemente sobre la importancia de la doctrina, la mstica y los principios. En general, sobre lo institucional, lo perfecto para m, pues en esa poca estaba tratando de darle identidad a la Organizacin. Los estatutos y el rgimen disciplinario de las ACCU se encontraban en la puerta del horno. Recuerdo que don Rodrigo me insista:
Organizacin que se respete tiene una oracin, un nico uniforme, unas insignias y un himno. De lo contrario esto de la Autodefensa no funciona.
Arribamos al centro de la ciudad donde, en una antigua pero cmoda casa esquinera, vive don Rodrigo. Al tocar la puerta nos abri l mismo y nos hizo pasar a su oficina, enmarcada por una inmensa biblioteca de libros que parecan incunables. Monseor se despidi y prometi regresar al medioda, para trasladarme a casa de Hernn Gmez Hernndez.
Don Rodrigo vesta una guayabera azul clara acorde con sus canas y su acento costeo, pausado y sonoro. Emita frases perfectamente redactadas, como para escribirse sin necesidad de correcciones. Despus de escuchar la historia de la violencia de Crdoba, omit lo innecesario y le pregunt:
-Le molesta que a la gente de Crdoba y Urab la llamen despectivamente amigos de los paras?
-Cuando hoy nos dicen que somos paramilitaristas, se olvidan de todo nuestro pasado, en el que solicitamos, insistimos y hasta rogamos que se nos brindara fuerza pblica para protegernos de la guerrilla. Parecamos no formar parte de Colombia y de eso fue testigo la prensa que registr mi clamor. Despus de tanto insistir, nos instalaron la XI Brigada, su aparato administrativo, pero sin soldados suficientes. Vino luego el ministro de defensa Guerrero y result unindose a nuestras crticas, pues los soldados en el batalln permanecan de pantuflas porque les prestaban las botas a los que salan de servicio. Se fija!
Al ver esto, los ganaderos abrimos una cuenta secreta en un banco para ayudarle a la XI Brigada y al batalln de Canalete. Le comprbamos a la fuerza pblica desde gasolina hasta colchones. Todava tengo los recibos. Varias veces tocaron a mi puerta, a las 11 de la noche, ganaderos con uno y dos millones de pesos, que en los aos ochenta era mucho dinero. Me lo daban y rogaban no contarle a nadie. Ese fue el aporte de muchos al Ejrcito colombiano, pero no resultaba suficiente con una guerrilla que creca con los dineros de la extorsin y el secuestro.
Los cordobeses produjimos toda clase de esfuerzos para ayudar a sostener el Ejrcito. Eso no cuenta hoy. Se fija!
Ahora slo importa que somos amigos de los paramilitares. Pero nadie sabe por qu y hasta dnde. Eso no le preocupa a nadie porque este pas es as y punto. Inconsistente desde el Presidente hasta el ltimo obispo.
Un conflicto tal en un pueblo como el nuestro resulta terrible, porque todos en el pas se van relajando y poco a poco se pierde la capacidad de reaccin y raciocinio. El colombiano se ha liberado de la responsabilidad sobre su propia vida, la del vecino y su coterrneo, algo ms grave an. Por eso ve usted la crisis que padecemos. El egosmo y el individualismo cerril de nuestra sociedad son los culpables. Se fija!
En una poca los partidos polticos representaron las ideas de un porcentaje de la poblacin. Pero hoy nada de aquello sucede, los partidos son agencias burocrticas y de serruchos.
No se producen ideas importantes que aglutinen a la gente. Por eso es tan difcil que haya lderes. No es que no nazcan. Claro que estn ah. Lo que pasa es que el pas vive una crisis moral, intelectual y poltica profunda, por eso el pueblo no los reconoce.
Yo le explicaba a Carlos Castao que esta realidad era ms grave que la existencia de la guerrilla. Es la razn de fondo de la guerra en la que estamos.
En medio del abandono y olvido estatal inmersos en una tremenda violencia guerrillera, se apareci el seor Fidel Castao como un ngel de justicia y de revancha -por qu no decirlo. Nos dejamos llevar por la sed de venganza debido a las heridas que nos dejaron las extorsiones y el gran nmero de secuestros. En la prensa se justificaba la guerrilla y algunos periodistas sostenan que nosotros nos merecamos la violencia porque no pagbamos buenos jornales. Hasta un general de tres soles me dijo aquello y yo le pregunt airado: General, y cunto le paga usted a sus soldados? Usted les paga menos a sus soldados de lo que yo a mis trabajadores y sus hombres no pueden dejar de ser leales a la Patria y a usted. Lo que se perdi fue el principio de la honradez. Yo creo, seor general, que usted esta peleando del lado que no es.
Durante diez aos, en la Federacin de Ganaderos luch contra la guerrilla por sus fechoras, con el Ejrcito y la Polica porque no nos cuidaban. Se fija!
En ese entonces los subversivos seguan creciendo y corrompieron an ms a los polticos que se dedicaron a saciar sus intereses mezquinos, su ansias de dinero y poder, acomodndose a la embestida de la guerrilla. La gran ganadora fue la subversin. Lo anterior tiene lgica dentro de sus ideas. Corromper el Estado para que se caiga ms fcil y as la conquista comunista sea ms cmoda. Lo peor es que esta idea no ha cambiado en la guerrilla.
Entonces ocurri lo que sucede siempre que no existe Estado: la autoridad la ejerce el que controle la metralleta ms grande y ms rpido dispare. Autoridad primitiva!
Las ausencias totales y vergonzosas del Estado colombiano nos llevaron a pensar que la nica opcin para sobrevivir era Fidel Castao, que con un nmero pequeo de hombres haba golpeado a la guerrilla en Crdoba como el Ejrcito an no lo lograba. Se sum que el gobierno finalmente envi la primera brigada mvil a Crdoba. Bien equipada y comandada. En dos meses y medio temblaba la guerrilla en Crdoba y Fidel por su lado continuaba dndole derrotas certeras a la subversin. Entre la fuerza pblica y Fidel Castao se erradic la guerrilla de aqu. Despus entreg sus armas y quiso vivir en paz pero el Gobierno retir la brigada mvil y el Ejrcito nunca ocup los espacios que dejaron el EPL y las Autodefensas. Se nos vino encima las FARC, el ELN y un grupo disidente del EPL. Recuerdo que Fidel retom los fusiles y me coment: Don Rodrigo, se da cuenta por qu yo no quera entregar las armas.
La justicia privada fue la nica alternativa. De ella no es partidaria nadie pero se instaura y se acepta por la falta de Estado.
-Qu aprendi de usted Carlos Castao?
-Yo siento que en las primeras declaraciones de Carlos a la prensa se distinguen varios temas que hemos hablado l y yo.
Por un tiempo largo logr que Castao mantuviera ciertos lmites en la lucha pues tema que se desbordara y su movimiento se tornara demasiado cruel. Cuando declar que ejercera justicia contra los corruptos y mataron un tesorero ladrn, yo le envi una carta recordndole nuestras charlas sobre los peligros del poder. Me contest:
Le su carta ante el Estado Mayor y usted sale derrotado ante la mayora de la comandancia, pero djeme decirle que usted tiene razn, don Rodrigo.
Ante la guerrilla Castao deba comportarse como un enemigo de guerra. Pero frente al Estado, las instituciones y su gente, no poda convertirse en juez.
La captura del jefe guerrillero del frente Carlos Alirio Buitrago del ELN descubri para m la esencia de Carlos Castao. A cambio de la libertad del guerrillero demand la liberacin de un significativo nmero de secuestrados y cuando se los entregaron cumpli a cabalidad devolviendo al subversivo. Pero se le form un problema en la Autodefensa porque los dems comandantes exigan aniquilar al tipo. No importaba que Carlos incumpliera su palabra. Entonces se reuni con todos y cuando las crticas lo arrinconaban, alguien le dijo: