A las once de la maana vol en helicptero con mi escolta personal hacia el campamento. Desembarqu a cinco de mis hombres en el permetro entre Castao y la guerrilla para brindarle seguridad al comandante. Estos patrulleros haban estado conmigo desde el nacimiento de la Autodefensa y dieron su vida por sacar ileso a nuestro lder, pues horas ms tarde fallecieron en combate, mientras Castao hua.
Los subversivos lo seguan con fuerza y de cerca. Carlos avanzaba sin parar. La misin de los hombres de su escolta y la ma era servirle de retaguardia. Disparaban contra los guerrilleros, corran treinta metros y volvan a enfrentarse.
Yo me march a otro lugar y viaje varias veces a la zona de combate, donde increment la tropa. Dej en puntos estratgicos los nicos treinta patrulleros que encontr en ese instante. Conmigo permaneci uno de mis hombres de confianza con quien ametrallamos a la guerrilla desde el helicptero. Parecan hormigas esparcindose por todos lados. Con la M-60 disparamos cananas en serie. Cada una puede tener mil tiros y se acaban en dos minutos. Montbamos ms y el patrullero segua disparando. Tambin les arrojamos bombas pero continuaron avanzando.
-Y cmo no le dieron a su helicptero?
-Sobrevolbamos a una altura superior a los dos mil pies, las balas no nos alcanzaban y efectubamos crculos colocando el helicptero en posicin de ataque.
Me impresion cmo cayeron cantidades de guerrilleros muertos. Como mnimo, fallecieron setenta. La zona esconda cargas de dinamita que se activan al paso de intrusos.
Durante el combate la comunicacin era deficiente y por momentos perdamos la voz de Carlos. Adems nos veamos obligados a interrumpir las conversaciones frecuentemente para evitar que escanearan la frecuencia y ubicaran a Castao. Conoceran para dnde se mova y cuntos hombres le cuidaban la espalda. Desde el aire observaba cmo la guerrilla lo cercaba. Yo necesitaba conocer el tiempo exacto que demorara Castao en llegar al nico claro de la selva donde se poda aterrizar. Apareci por el radio diciendo: Estoy a siete minutos del sitio de encuentro. Prohib ametrallar ms, pues parte de su escolta estaba efectuando maniobras para engaar a las FARC. Al final, con los tres hombres que le quedaban dej de disparar y corri hasta el sitio.
Llegu al claro, que no era tan despejado, sino un hueco en medio de la selva; un espacio de treinta metros cuadrados donde apenas caba el helicptero. Sin pensarlo dos veces, inclin el aparato bajando al sitio en forma de espiral. Cada vez deba lograr giros ms cerrados, la nica forma de acercarme al lugar. Al divisar rboles cerca, solt el aparato y lo met de frente. Para no estrellarme contra el piso, fren al mximo y la mquina comenz a temblar como si se fuese a caer pero se sustent de manera increble. El ametrallador le tendi la mano a Carlos que subi con dos de sus hombres y yo les grit:!No se puede subir nadie ms, si no, esta mquina no despega!.
Aterrizar haba resultado complicado y suicida, pero salir era an ms difcil; dependa de la potencia del helicptero y cualquier cosa poda suceder. Tuve que forzar el aparato al mximo debido a los rboles inmensos. Una vez fuera del hueco sobrevolamos a ras la copa de los rboles. Era un vuelo tctico de escape. La guerrilla te puede disparar desde la selva y nunca alcanzaran a impactar un helicptero que pasa a doscientos kilmetros por hora, unos ciento veinte nudos.
El rescate se llev a cabo en un minuto y, lejos ya de la zona de combate, el Pelao se acerc, me abraz por el cuello y dijo: Bien, muy bien!.
Al aterrizar en una finca en zona liberada y tranquila, nos abrazamos de nuevo y le dije al Pelao: Gracias a Dios no le pas nada. Todava me falta mucho por vivir, me contest.
Le propuse liderar la situacin para que descansara pero reaccion exaltado: No, no. Nos quedamos juntos!.
Yo rescat a Carlos a las cinco y treinta de la tarde y donde no hubiera reaccionado con rapidez ignoro qu habra sucedido. El error fue exceso de confianza.
Periodista, ya aterrizaremos en la finca. Mis hijos deben estar molestos porque no les di una vuelta en el helicptero.
Al descender en el potrero, los dos nios permanecan detrs de la cerca. El menor, el ms ansioso, se secaba las lgrimas de los ojos por lo que haba dicho su padre. Nos bajamos y se acercaron corriendo. Mancuso le dijo al piloto:
-Capi, llvate a los pelaos y hazles bastantes maldades, que les fascina.
Atravesamos la cerca y mientras nos desplazbamos hacia la casa de la finca, el helicptero realizaba piruetas y volaba a ras. Caminbamos en silencio por la carretera sin asfaltar. Comenzamos a hablar de la Autodefensa; Mancuso dijo:
-No existe un camino distinto al de convertirnos en un problema para nuestros gobernantes, no para el pueblo, los colombianos saben que somos parte de la solucin. Tenemos que parecer un dolor de cabeza para que se dignen tenernos en cuenta en el proceso de paz y el enemigo reconozca nuestra independencia. Si no se incluye a todos los actores del conflicto en la negociacin, jams se acabar la guerra.
-Afortunadamente miles de personas nos expresan su gratitud porque alguien est liderando el restablecimiento del orden, ya que ni los gobernantes ni las Fuerzas Militares afrontan la situacin. La gente confa en nosotros por comprometernos a devolverle la seguridad a varias zonas y continuaremos cumpliendo. La palabra nuestra y la de la Autodefensa pesa.
-No slo nos interesa derrotar a la guerrilla; tambin deseamos el progreso de nuestras zonas y si esto implica que se les acabe el fortn a numerosos polticos, se acabar. Los que ms se quejan son los corruptos de la regin pues ahora les resulta imposible mantener sus intereses particulares. Deseamos que los polticos de la Costa Atlntica recapaciten y comprendan que con su actitud y desempeo no le han producido ningn beneficio a la regin que representan. Si el pueblo no est contento con ellos, nosotros tampoco. En algunas regiones, la Autodefensa ha demostrado que es posible mejorar las vas, la salud, el empleo, tener maestros y generar progreso en la regin. Logramos lo que los polticos nunca alcanzaron, tener la regin en el momento de desarrollo que nosotros la tenemos.
-Castao dice como ejemplo: Crdoba fue declarada zona libre de aftosa en Latinoamrica por la intervencin de la Autodefensa con los ganaderos. La autoridad que impuls el cumplimiento de las normas fuimos nosotros: confiscamos ganado infectado, retuvimos animales temporalmente y hasta reprendimos a algunos ganaderos. La campaa de Fedegn no padeci ningn tropiezo.
-Hoy, la Autodefensa les paga a ms de doscientas personas por ser los veedores que controlan el funcionamiento de los municipios donde operamos.
-Para alcaldes, podramos llamarlos? -pregunt.
-Algo as. Vigilan que los municipios funcionen y el dinero del Estado no se desperdicie. La mayora de estas personas son jvenes universitarios de diferentes regiones del pas. La administracin municipal los emplea y nosotros les brindamos un aliciente econmico que compense su calidad profesional.
Mancuso interrumpi la conversacin, pues ya habamos atravesado la casa hasta llegar a un kiosco. Prendi los ventiladores para apaciguar los 38 grados de temperatura y luego nos sentamos.
-Cul es la diferencia entre usted y Carlos Castao? -le pregunt.
-Existen varias. Yo he permanecido ms tiempo en combate y me gusta liderar las tropas en las batallas y liberar zonas controladas por guerrilla. Desarrollo conceptos militares en las operaciones. Utilizo estrategias nuevas e invento artimaas para derrotar al enemigo. Me gusta dirigir las incursiones, pero a Castao le molesta: Usted tiene prohibido luchar en el frente de la batalla. No slo va a dejar hurfanos a sus hijos, sino a la Autodefensa.
-El Pelao me discute y se pone bravo. Yo hago caso, pero de vez en cuando me le vuelo y me echo mis plomitos por ah, eso me reduce el estrs.