– Logan, ¿ella te dijo que te amaba?
– No, pero cuando se extinga la pasión que siente por el conde de Glenkirk, Rosamund volverá a Friarsgate. Entonces, la cortejaré como corresponde, Patrick. Ella me amará, te lo aseguro.
– No hay tiempo que perder, primo. Tienes más de treinta años y debes procrear un heredero legítimo. Ya te conseguí una novia y te casarás con ella antes de partir de Stirling. Se trata de una prima lejana, emparentada con tu madre. Su nombre es Jean Logan. Tiene dieciséis años. Su madre también dio a luz a cinco varones y Jean es la única hija de la familia. Es un buen partido. La joven posee una generosa dote en oro y un portentoso baúl colmado de ropa blanca, platería y el ajuar nupcial. Por otra parte, el rey ya dio su aprobación para la boda.
– ¿Fuiste a ver al rey sin mi consentimiento? -Logan estaba indignado.
– No tienes derecho, Patrick. No desposaré a esa joven. No. Mil veces no.
– Primo, como jefe del clan cuento con todo el derecho de hacerlo. Como tal, hoy mismo firmaré los papeles de los esponsales. No tienes excusas para no casarte. Rosamund Bolton no te aceptará nunca y tu corazón no está comprometido con ninguna otra mujer. Debes casarte por el bien de Claven's Carn. Jeannie Logan es una buena niña. Y, además, es bella. Será una esposa ejemplar y una buena madre para tus hijos.
Logan se inclinó hacia adelante y se tomó la cabeza entre las manos.
– No la perderé -sollozó.
– Ya las has perdido. Ahora le pertenece a Glenkirk, primo. Cásate con la pequeña Jeannie Logan y lleva a tu flamante esposa a tu hogar. El año próximo, para esta misma época, ya tendrán un hijo si cumples con tus deberes maritales y yo sé que lo harás.
– Pero no puedo amar a esa muchacha -protestó Logan.
– Aprenderás a amarla y si no lo consigues, no serás muy distinto de la mayoría de los hombres. Los hombres se casan para tener hijos. Intenta congeniar con la joven, trátala con cariño y todo saldrá bien.
– Primero, déjame ver a Rosamund junto a Glenkirk. Debo estar convencido antes de casarme con otra, Patrick.
– Entonces, que sea esta misma noche. El rey y la reina ofrecen un baile de disfraces y toda la corte está invitada. Allí verás lo que todos ya advertimos. La pasión entre Rosamund Bolton y Patrick Leslie es única e insólita. Yo nunca vi algo semejante ni los demás tampoco.
– Quiero verlo con mis propios ojos -repitió Logan.
El primo asintió.
– Y, cuando los hayas visto, ¿me permitirás fijar la fecha de tu boda? El señor de Claven's Carn se quedó callado durante un largo rato. Luego suspiró y dijo: -Sí, Patrick.
– Bien, bien -murmuró el conde complacido-. Tu familia estará contenta y dejarán de importunarme con este asunto. Te juro que no te desagradará para nada mi elección, Logan. La niña tiene un espíritu noble y es virgen. Su padre planeaba enviarla a una orden religiosa cuando yo le pedí su mano en tu nombre. La muchacha fue criada en un convento. Posee buenos modales y sabe todo cuanto debe saber un ama de casa. Será una esposa obediente y, dado que es devota, pondrá orden en tu familia y educará a tus hijos de manera piadosa. Eres muy afortunado al poder casarte con ella.
Logan estaba abatido. Una virgen beata. ¿Qué más podía pedirle un hombre a una mujer? Volvió a suspirar.
– ¿Es bella, Patrick?
El conde se rió disimuladamente porque consideró que la pregunta mostraba que iban por buen camino.
– Sí, es bastante bonita. Sus ojos azules son tan hermosos como los tuyos. Su cabello es del color de la miel de las flores salvajes. No es claro, pero tampoco es oscuro. Su piel es lozana y tiene la dentadura completa. Sus formas son armoniosamente redondeadas donde corresponde, aunque sus senos son algo pequeños. Pero todavía es joven y las caricias maritales lograrán agrandarlos, no lo dudo. Tus hijos podrán nutrirse en abundancia.
– ¿Cuándo me propones que conozca a esta piadosa virgen de senos diminutos?
– Te la mostraré esta noche. Es una de las damas de honor de la reina. Sus padres consideran que es el lugar más seguro para una jovencita. Aunque no te puedo garantizar cuan segura ha de estar. Fijemos la fecha de la boda para la Noche de Epifanía. Sólo cuando yo compruebe que has cumplido con tus deberes conyugales, podrás llevártela a tu tierra.
– Veo que no confías en mí.
– El padre de la novia exige que la boda se realice inmediatamente. Robert Logan es un hombre anticuado. Quiere ver la sábana manchada de sangre la mañana siguiente a la noche de bodas. Está en su derecho y con eso le da a Jeannie la protección que merece. Estoy seguro de que no pondrás ninguna objeción, dado que tus intenciones son honestas, jovenzuelo.
– Si finalmente acepto tu elección, mis intenciones serán honorables -corroboró Logan.
– Entonces, dentro de unas pocas horas, verás a Rosamund Bolton y a Patrick Leslie juntos. Luego conocerás a Jeannie Logan y la suerte estará echada. Te juro que si te casas con esa joven, no te arrepentirás. Es una excelente decisión.
– Tú y mi familia me han forzado a tomarla, Patrick. No es una decisión libre.
– No puedes esperar eternamente que la encantadora dama de Friarsgate se decida a ser tu esposa, Logan. Ella fue franca contigo y te dijo que jamás lo sería.
– No. Lo único que me quedó claro es que piensa que soy un tonto arrogante y que debo atenerme a las consecuencias -respondió angustiado.
– Acepta lo que el destino te ofrece, Logan -le aconsejó el conde-, y trata de vivirlo de la mejor manera posible. De lo contrario, serás un hombre infeliz.
Logan se rió con amargura.
– Hace un rato Rosamund me dio el mismo consejo.
– Yo también empiezo a admirar a esa dama, primo. Es muy sabia para su edad. Entonces, si no piensas hacerme caso a mí, hazle caso a ella.
– No tengo otra opción. No temas, Patrick. No convertiré a Jeannie en una criatura desdichada. Si la tomo por esposa, la trataré con ternura y respeto. No es su culpa que yo sea un tonto ni que la dama de Friarsgate no me ame.
– Bien, bien -dijo el conde aliviado.
Le había pintado a Robert Logan un cuadro idílico de la vida de su única hija como dama de Claven's Carn, y no quería que fuera de otra manera. La muchacha era perfecta para su primo.
Cuando llegó la noche, el conde de Bothwell y Logan Hepburn se dirigieron al gran salón. La galería del juglar estaba colmada de invitados y la música inundaba el lugar, atestado de gente. Sirvientes y doncellas iban y venían con bandejas, fuentes con manjares y cántaros de vino y cerveza. El vestíbulo estaba decorado con acebo y pino. Velas de cera de abeja y candelabros ardían por todas partes. Los hogares, provistos de enormes leños, brillaban en todo su esplendor. El conde y su primo encontraron su mesa y se sentaron. Los comensales saludaron al conde, que les presentó a su acompañante. Las copas de vino estaban sobre la mesa, junto con la vajilla de plata que pronto se colmaría de exquisita comida y de un delicioso pan especiado y caliente.
– Mira, Logan; la mesa de al lado…
El señor de Claven's Carn se volvió y contuvo la respiración mientras contemplaba a Rosamund Bolton y a su amante. Estaban totalmente absortos. Logan nunca la había visto tan bella como en ese momento. Su rostro resplandecía de amor por el hombre que tenía a su lado y la expresión de su amante era también de absoluta adoración.
– ¡Por el amor de Dios! -dijo Logan sin aliento. Luego se dirigió a su Primo-. Arregla la cita con Jean Logan.
Ahora, mira hacia el final de la mesa. ¿Ves a la joven de vestido azul? Esa es Jean Logan. ¿Qué te parece?
Logan se dio vuelta y miró rápidamente porque no quería dar la impresión de que la estaba estudiando. La muchacha tenía un rostro dulce y escuchaba sonriente las palabras del joven caballero sentado a su lado.
– Tiene un admirador -notó Logan-, o sea que es bella. O podrá serlo. Dime, Patrick, que su tierno corazón no pertenece a otro. No quisiera arrebatarla de alguien que la ama.