– Al menos admite que, si no fuera por mí, no habrías conocido a Rosamund.
– Es verdad. Eso te lo debo a ti. ¿Te diriges a Glenkirk?
– No. He mandado avisar a mi hijo que continúe a cargo de las tierras He decidido ir a Friarsgate con Rosamund.
– Claven's Carn les queda de camino -dijo el rey con picardía.
– No pensamos detenernos en ningún lado -replicó Rosamund tajante.
Los dos hombres se echaron a reír. Luego, el conde y el rey se dieron un abrazo. Jacobo besó la mano de Rosamund y ella se inclinó en una reverencia.
– Vayan con Dios -exclamó el rey antes de que se retiraran.
Lord Cambridge estaba aguardándolos. Juntos descendieron la colina del castillo y llegaron a la casa alquilada.
– No es justo. Tanto esfuerzo para venir a Edimburgo y no me dejan ir a la corte -gruñó el primo Tom.
– Puedes quedarte si lo deseas.
– ¿Sin ti? ¿Y después de todos estos meses? Ni lo sueñes, primita -respondió lord Cambridge con firmeza-. Es aquí.
Sacó la llave de un bolsillo, abrió la puerta de la casa de piedra gris y los hizo pasar.
– ¡Señora MacGregor! ¡Ya llegamos!
Una mujer menuda y flaca salió de un rincón oscuro del salón.
– No soy sorda, señor.
Al ver a la dama y el conde, hizo una reverencia.
– Mi prima desea tomar un baño.
– Tendrá que hacerlo en la cocina, milady. La tina está llena con agua caliente, pero no hay nadie que pueda cargarla hasta arriba.
– Me encantará bañarme junto al fuego ardiente de la cocina. Muy pronto llegarán nuestros criados. Dermid es un hombre muy fuerte y la ayudará en las tareas más pesadas, y Annie, aunque está embarazada, no es débil.
– Me vendrá muy bien un poco de ayuda, milady -dijo el ama de llaves con una amplia sonrisa.
– ¿Annie está esperando un bebé? -preguntó Tom.
– Ella y Dermid se casaron en marzo. Luego de que Patrick y yo nos hayamos bañado, puesto ropas limpias y abrigadas y comido bien, te contaré todas mis aventuras en San Lorenzo, Tom. Me habría gustado tanto que estuvieras allí. Te hubiera fascinado el lugar. El clima era cálido, había flores por todas partes. Es un pequeño paraíso en la tierra.
– Me alegra saberlo.
Annie y Dermid llegaron en un carro que transportaba el equipaje, pe la posada de Leith habían ido directamente al castillo y de allí los habían enviado a la casa de lord Cambridge.
Primero Rosamund y luego Patrick, ambos tomaron su baño en una tina, asistidos por sus respectivos sirvientes. La señora MacGregor les sirvió una rica cena que constaba de salmón asado, pato con salsa de ciruelas, habas verdes frescas, pan y queso, todo regado con una deliciosa cerveza negra.
Una vez satisfechos y relajados, le contaron a Tom las aventuras de los últimos meses. Se rió con la historia de los desnudos que había pintado Loredano sin que ellos se dieran cuenta.
– Recuerdo a ese Howard. Es un hombre taimado con gran ambición y poco talento. ¿Te reconoció, Rosamund?
– Sí, pero cuando nos presentaron formalmente afirmé que no lo conocía. Es el tipo de persona que ve conspiraciones en todas partes.
– Ansío ver el retrato que te hizo el artista. ¿Es bonito?
– ¡Es magnífico! -intervino el conde entusiasmado-. La pintó como la defensora de Friarsgate, rodeada de colinas y un rojo atardecer. No hay palabras para describir la belleza del cuadro, Tom. Tendrás que juzgarlo por ti mismo.
Más tarde, cuando Patrick y Rosamund se metieron en la cama por primera vez en varias semanas, él la estrechó en sus brazos, acariciándole la larga cabellera. Ya habían hecho el amor, larga y dulcemente, y ahora se disponían a descansar.
– ¿Estás dormida?
– Casi.
– Marchémonos a Friarsgate lo antes posible, Rosamund, estoy cansado de viajar.
– Sí, partiremos en uno o dos días, cuando recupere el sueño perdido. Mientras tanto, Tom podrá divertirse en la corte -dijo y bostezó-. Estoy extenuada, Patrick.
– De acuerdo. Pasaremos unos días durmiendo -aceptó y luego comenzó a roncar. Rosamund
CAPÍTULO 10
Tres días después, Rosamund y Patrick partieron de Edimburgo rumbo a Friarsgate. Por invitación de la reina, lord Cambridge pasaría un tiempo en Stirling y luego se uniría con ellos.
– Le he dicho a Margarita que no tengo ninguna noticia de la corte de su hermano Enrique, pero insiste en que me quede un par de semanas. Tal vez vaya primero al sur para cerrar lo antes posible el trato con tu tío Henry.
– Serás un vecino mucho más agradable.
– Ten piedad de tu pobre tío. Es muy triste que haya caído tan bajo. Es un hombre aniquilado. Su esposa lo destruyó. Todos los hijos bastardos de Mavis se apellidan Bolton, pero del único que puede asegurar que es el padre es del joven Henry. Aunque el adulterio de su esposa era un secreto a voces, tu tío siempre fue demasiado orgulloso como para reconocerlo en público. Además, -agregó jocoso-te repito, todos esos muchachos terminarán con la soga al cuello.
– Encuentras diversión donde no la hay. Escríbeme y avísame antes de regresar. Tendrás que vivir en Friarsgate mientras transforman Otterly en un sitio habitable para un ser humano.
– Lo tiraré abajo y construiré una nueva casa.
– ¿La decorarás como tus residencias de Londres y Greenwich? -preguntó, conociendo la respuesta.
– ¡Por supuesto! Sabes que detesto los cambios. Me llevaré a los sirvientes para que no haraganeen. Todos estos meses los he mantenido en Londres y no han hecho nada. ¡Es ultrajante!
– ¡Te adoro, Tom! -exclamó Rosamund y besó sus dos mejillas.
– Me alegra que todavía ocupe un lugar en tu corazón, querida niña. Que tengan un buen viaje. Te escribiré.
– Quiero que me cuentes todas tus aventuras.
– Mis aventuras son un aburrimiento en comparación con las tuyas ¡Pensar que cuando te conocí eras una tímida ratita de campo!
Haciendo un saludo con las manos, se despidió de Rosamund y Patrick.
– Te quiere mucho.
– Y yo a él. Es como un hermano mayor. Desde que nos conocimos siempre fue muy cariñoso y protector conmigo.
Salieron de Edimburgo en dirección al sudoeste. En la zona fronteriza viajaban solo de día porque, aun en tiempos de paz, era un lugar peligroso. La noche los sorprendió en el último lugar donde Rosamund deseaba detenerse: Claven's Carn.
– Preferiría acampar a la intemperie con las ovejas -protestó la muchacha.
– Yo no. Además, recuerda que Logan es ahora un hombre casado.
– Ya verás, Patrick. Logan me mirará con odio y hará comentarios crueles. No deseo herir a su dulce esposa, pero no es tonta y le llamará la atención la actitud de su marido. Los rufianes de sus hermanos y sus respectivas mujeres le dirán que he venido con la intención de seducirlo.
– ¿Hay otro sitio donde podamos descansar?
– No -admitió Rosamund desconsolada.
– Entonces no tenemos otra alternativa.
– Diremos que estamos exhaustos y que necesitamos dormir -propuso la dama de Friarsgate.
– Excelente idea. Desplómate en la silla de montar y finge agotamiento, mi amor. Yo hablaré en tu nombre. Además, tenemos la excusa del embarazo de Annie. Pareceremos una banda de desgraciados.
En Edimburgo, el conde había contratado a un grupo de hombres armados para que los acompañaran a Friarsgate.
– ¡Ey, del castillo! -gritó ante los portones cerrados de Claven's Carn.
– ¿Quién anda ahí?
– Patrick Leslie, conde de Glenkirk, la dama de Friarsgate, dos criados y veinte hombres armados. Necesitamos albergue para pasar la noche. La dama y su doncella, que está encinta, se encuentran al límite de sus fuerzas y no pueden seguir viajando. Solicitamos la hospitalidad de Logan Hepburn y su esposa.
– Esperen allí.
Aguardaron y aguardaron. Los minutos pasaban. El viento comenzaba a soplar y el aire olía a lluvia.