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Por su ubicación, tanto Friarsgate como Claven's Carn se habían salvado de los ataques fronterizos. Adam escribió que los Leslie de Glenkirk no habían respondido al citatorio del rey, pero que nadie los había echado de menos debido a la confusión producida tras la muerte del Jacobo IV en el campo de Flodden. Patrick se hallaba en perfecto estado de salud, mas no había recobrado la memoria de los últimos dos años. Rosamund leyó la carta con el rostro impasible. Ya había enterrado su dolor en lo más profundo del corazón y solo permitía que aflorara a la noche, cuando estaba en la cama, sola y en la más absoluta oscuridad. No había recibido noticias sobre el nuevo hijo de Jeannie y supuso que Logan se habría negado rotundamente cuando su esposa le preguntó si la vecina de Friarsgate podía ser madrina del bebé. No se sentía desilusionada. Después de todo, habría sido una situación de lo más extraña, aunque la dulce Jeannie ignorara la relación que su marido había querido forjar con la dama de Friarsgate.

Hacía tiempo que habían recogido la cosecha y comido el ganso de San Martín. A principios de mes, llegó un mensajero de parte de Margarita Tudor. No era una invitación como la que había recibido dos años atrás. En esta oportunidad, la reina le contaba a su vieja amiga cómo había sido la batalla del Flodden donde había muerto su marido, que el pequeño Jacobo era el nuevo soberano, que su próximo hijo nacería en primavera y que, por voluntad del extinto rey, había asumido la regencia de Escocia.

Me agotan todas las tareas que debo hacer, pero los lores que no fueron asesinados en Flodden junto con mi esposo se han mostrado solícitos y comprensivos conmigo. Sobreviviremos. Mi hermano Enrique, la causa de todos mis infortunios, anda pregonando a los cuatro vientos que él debería ser el guardián de mis hijos. Por supuesto, jamás permitiré tal cosa, pero aun cuando considerara esa posibilidad, los fantasmas de todos los reyes Estuardo se levantarían de sus tumbas y me acecharían de por vida con total justicia.

– ¡Ah, cómo le gustaría a Enrique ser el custodio de Escocia! -exclamó Tom al enterarse de las noticias. Y agregó riendo con malevolencia-A falta de un hijo propio, podría hacer de padre del pequeño Jacobo.

Rosamund no pudo evitar reír.

– Te has vuelto más lenguaraz desde que vives en Edimburgo. No te atreverías a decir esas cosas en Londres.

– Al final no respondiste la carta del rey, ¿verdad?

– Edmund la contestó por mí. De todos modos, Enrique Tudor tiene que ocuparse de asuntos más importantes que una viuda de Cumbria que conoció alguna vez. Ahora es uno de los principales actores del escenario mundial, Tom. Sus temores o sospechas respecto de mi relación con el conde de Glenkirk habrán mermado luego de la extraordinaria y terrible victoria de Flodden.

– ¿Qué novedades tienes de Claven's Carn? ¿La dulce Jeannie dio a luz un niño o una niña?

– No tengo la menor idea. No he recibido ninguna noticia, pero, en esta época, es perfectamente comprensible. Además, dudo que Logan me haya aceptado como madrina de la criatura. ¿Qué opinas?

– Tal vez cruce la frontera con algunos de mis hombres para averiguar lo que ocurrió. Estoy intrigado y, digas lo que digas, tú también lo estás.

– Entonces ve y averigua, Tom. El tiempo seguirá agradable por unos días más. Pero evita que el invierno te sorprenda en Claven's Carn. Pese a los esfuerzos de Jeannie, el castillo es de lo más inhóspito.

– Recuerdo cuando decías que jamás tendrías oportunidad de usar tus finos vestidos si vivieras en ese lugar.

– Y lo seguiría diciendo -replicó Rosamund.

Lord Cambridge y seis guardias armados que lo acompañaban desde Otterly partieron de Friarsgate a la mañana siguiente. Pese a ser un día de diciembre, el clima era seco y agradable. Llegaron a Claven's Carn a la tarde; los hombres del clan que custodiaban el pequeño castillo los reconocieron de inmediato y abrieron los portones para que ingresaran. Tom desmontó del caballo y se dirigió directamente al salón, donde solo vio a una joven criada meciendo la cuna junto al fuego. Lord Cambridge se acercó a ver al niño pensando que se trataba del recién nacido, pero, Para su asombro se encontró con el heredero de catorce meses.

– ¿Dónde está tu ama?

Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par. Asustada y nerviosa, se levantó de la silla y respondió:

– El ama está muerta, señor.

– ¿Y la criatura? -preguntó, sorprendido y apenado por la noticia

– Enterrada con su mamá.

– Por favor, ve a buscar al amo, pequeña. El niño está dormido y no necesitará de tus servicios por un buen rato.

La joven se retiró deprisa y Tom se quedó reflexionando sobre la información que acababa de recibir. Era una tragedia que Jeannie y el bebé hubiesen muerto, pero al menos, pensó, Logan ya tenía un hijo que lo sucediera. Ahora que era viudo, ¿volvería a cortejar a Rosamund? ¿Y ella lo aceptaría pese al dolor por Patrick? El invierno sería tedioso, pero la primavera y el verano traerían entretenimiento. Una sonrisa iluminó su rostro. El viaje le había procurado material suficiente para provocar a su prima durante varios meses.

– ¡Tom! -exclamó Logan al entrar al salón-. ¿Qué te trae a Claven's Carn? Se supone que ingleses y escoceses hemos vuelto a ser enemigos -acotó con una sonrisa.

– No suelo hacer caso de las decisiones políticas de reyes y reinas, querido, sobre todo cuando en el medio está metida la Iglesia. La niñera acaba de contarme la terrible tragedia. ¿Qué ocurrió?

El bello rostro de Logan se ensombreció.

– Siéntate, Tom. Sé que te gusta mi whisky. Te serviré un trago y te diré lo que le ha pasado a mi pobre esposa.

Tomó del armario una botella con un líquido ambarino, llenó dos copas de peltre, se acercó al huésped y le tendió una de ellas. Luego se sentaron frente al fuego, con la cuna donde dormía Johnnie Logan entre los dos.

– Cuando me convocaron a la guerra, Jeannie reaccionó muy mal y quería que me quedara en casa. Mandé primero a mis hermanos y la mayoría de mis hombres para que se adelantaran mientras yo trataba de calmar a mi esposa. Finalmente logré llegar al campo de batalla, pero el combate casi había concluido y el rey había sido asesinado. Al regresar a Claven's Carn, me enteré de que Jeannie y el niño habían muerto en el parto. Ya los habían enterrado, por supuesto. Luego supe que su padre y sus hermanos habían perdido la vida en la batalla. La madre ingresó al convento donde se educó mi esposa para dedicarse a rezar y a llorar a sus muertos por el resto de su vida. Le envié una carta contándole acerca del fallecimiento de su hija.

Tom manifestaba su compasión asintiendo con la cabeza.

– Fue una tragedia terrible para Escocia, pero recuerda que la paz entre nuestros países nunca ha durado mucho tiempo.

Tras una larga pausa, Logan inquirió:

– ¿Cómo está Rosamund?

Lord Cambridge mantenía un semblante impasible, pero para sus adentros pensaba: "Aja, todavía la ama".

– Sigue de duelo por su tragedia personal, Logan.

– ¿Los Leslie fueron a Flodden?

– No lo sé. Sólo sé que Adam, el hijo de Patrick, no permitió que su padre fuera a la guerra. Sospecho que incluso le ocultó la citación del rey. Adam mismo tomó la sabia decisión de permanecer en Glenkirk. Tal vez envió una tropa, no estoy seguro. Según le escribió a Rosamund, parece que nadie advirtió su ausencia, lo que es harto probable, pues no son gente muy conocida. El primer conde de Glenkirk era solamente el señor de su pueblo antes de convertirse en embajador de Jacobo IV.