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– ¿Y si Philippa y Giles no se llevan bien?

– Todavía no se han conocido y se verán por primera vez en Windsor. Philippa tiene apenas diez años y Giles no está en condiciones de comprometerse, así que este viaje será una expedición meramente exploratoria. Si no congenian, conozco otras familias cuyos hijos serían excelentes candidatos.

– De acuerdo. Pero después de Windsor quiero volver a casa. Tengo que ocuparme de ciertos asuntos importantes, Tom. Y antes de partir de Londres debemos reunimos con tu orfebre y elegir un representante para nuestra pequeña empresa.

– ¡Encantadísimo! Mañana, después de dejar a Philippa con su nueva amiga, terminaremos con los asuntos comerciales, mi querida. Luego, iré a Leith para ver cómo marcha la construcción de nuestro barco. Me gustaría bautizarlo con tu nombre.

– Se me ocurrió uno mejor que ese, Tom. Qué te parece si lo llamamos Audaz Aventura, ya que es realmente una audaz aventura la que emprenderemos juntos.

– Sí, me gusta. Audaz Aventura. Es perfecto.

A la mañana siguiente llevaron a Philippa a la corte y dejaron que Lucy y ella se encargaran de encontrar a Cecily Fitz-Hugh. Siguieron camino hasta la calle de los Orfebres, donde se realizaban las operaciones bancarias. Lord Cambridge presentó a su sobrina al maestro Jacobs, su orfebre personal. Rosamund estampó su firma varias veces en un pergamino para que el orfebre luego pudiera compararla con cualquier mensaje aparentemente enviado por ella. Lord Cambridge le entregó una copia de su testamento para que Jacobs la guardara y supiera que Rosamund y sus hijas eran sus herederas. También le dio una copia del acuerdo que habían firmado los dos en relación con su empresa.

– Tanto mi prima como yo haremos depósitos y extracciones de fondos, maestro Jacobs. Lady Rosamund es una importante terrateniente de Cumbria, donde actualmente resido.

– ¿Para qué usarán el barco, milord?

– Exportaremos a Europa la lana que fabrica Rosamund. Su calidad es insuperable y la más vendida será la de color azul.

– ¿Y qué productos traerá el barco a la vuelta?

– ¡Somos unos tontos! No consideramos esa posibilidad. Es un despropósito que el barco regrese vacío, Tom. ¡Podríamos duplicar nuestras ganancias!

– Tengo contactos en Holanda y en el mar Báltico, milord y milady. A cambio de un pequeño porcentaje de sus ganancias, estarían dispuestos a llenar la bodega de la nave en su viaje de regreso.

– Deben ser productos que no huelan mal -advirtió Rosamund-, pues el hedor impregnará la madera de la bodega y pasará al próximo cargamento de lana. No quiero pieles de animales ni quesos. Podrán cargar vino, madera, objetos de alfarería, oro, pero nada que despida olores fétidos. Le daré a mi capitán órdenes muy estrictas al respecto, maestro Jacobs.

– Por supuesto, milady. Ahora entiendo por qué necesitaban un navío completamente nuevo. La tarifa que sugiero es muy razonable: quince por ciento.

– No, no -replicó con firmeza-. Es demasiado alta.

– Doce, entonces -propuso el maestro Jacobs, pero al ver la expresión de la joven se corrigió-: Diez es lo mínimo que puedo ofrecerle, milady. -Frunció la boca, nervioso.

– Ocho por ciento y ni un penique más. Soy generosa con usted en virtud de la larga relación que mantiene con mi primo. Nosotros construimos el barco, criamos y esquilamos las ovejas, e hilamos la lana. El riesgo corre enteramente por nuestra cuenta, señor. Ocho por ciento por traer un cargamento es más que justo.

El orfebre esbozó una sonrisa.

– ¡De acuerdo, milady! -Y dirigiéndose a Tom, agregó-: La dama sabe negociar y argumentar muy bien, mi viejo amigo. -No le quepa duda, maestro.

– ¿Qué haremos con el representante?-preguntó Rosamund cuando estaban en la barcaza en medio del río.

– Ese asunto puede esperar hasta nuestra próxima visita a Londres. Me lo dice el instinto.

– Que nunca falla, querido. Esperaremos.

Al día siguiente, la corte salió del palacio de Westminster en dirección a Windsor, donde el rey pensaba pasar el verano cazando. Viajaron con la comitiva real. Lucy, el sirviente de Tom y el carro con sus pertenencias iban junto a la caravana con el equipaje y los hombres armados que había contratado lord Cambridge. Philippa cabalgaba a la par de su amiga Cecily Fitz-Hugh, y Rosamund y Tom marchaban al lado del conde y la condesa de Renfrew.

El conde era un hombre corpulento de ojos grises y cabello rubio. Su esposa era menuda, de cabello oscuro y hermosos ojos azules.

– Recuerdo a su último marido, sir Owein -dijo Ned a Rosamund-. Era un hombre honorable y un súbdito leal de la Casa Tudor. Yo también tengo sangre galesa.

– Owein apenas recordaba su lugar de nacimiento, milord. Fue paje de Jasper Tudor a los seis años.

– Mi esposa y yo pasamos más tiempo en la corte que en nuestras tierras. Nuestro hijo y su esposa tendrán que aprender a administrar las posesiones de la familia, pues algún día las heredarán. Tom dice que posee una gran propiedad en el norte.

– En Friarsgate. Mis padres y hermanos murieron cuando tenía solo tres años y me convertí en la heredera de Friarsgate. Philippa será mi sucesora. Tenemos tierras, ganado y muchas ovejas, milord. Con Tom fundamos una empresa que exportará a Europa mis tejidos de lana, que son de excelente calidad. Estamos construyendo un barco especial porque el transporte de la lana requiere muchos cuidados.

– Y su hija heredará todo eso en algún momento.

– Así es. Banon, quien la sigue en edad, recibirá Otterly por voluntad de Tom y la más pequeña, Bessie, obtendrá una suculenta dote. Tengo esperanzas de conseguirle un título nobiliario.

El conde de Renfrew asintió, dando a entender que comprendía perfectamente la situación. Las conexiones familiares eran muy importantes.

– Mi segundo hijo, Giles… -empezó a decir. -Philippa es demasiado joven, milord -lo interrumpió Rosamund-para considerar la posibilidad del matrimonio, pero se lo agradezco. Dentro de tres años, si su hijo aún está disponible, podremos hablar del tema.

– Es usted una buena madre.

Finalmente, llegaron a Windsor, donde Tom había reservado todo un piso en una elegantísima posada. Incluso había conseguido alojamiento para los custodios armados y les dijo que si deseaban ganar dinero extra podían ofrecer sus servicios a otras personas mientras él no los necesitara. La única condición era que se presentaran a fines de julio para acompañar a su familia a Friarsgate. El primer día Tom y Rosamund casi no vieron a Philippa, pues ella y su nueva amiga formaban parte del grupo de jovencitas de buena familia que seguían a la comitiva real. Durante el día las muchachas anduvieron a caballo, cazaron y pasaron la noche bailando y jugando. Philippa no conocía ese tipo de vida, pero le gustaba la corte mucho más que a su madre.

– Será tan aburrido volver a Friarsgate -comentó una mañana, antes de salir de cacería.

– Te guste o no, por ahora es el lugar donde perteneces, hija mía.

– ¡Oh, mamá, me tratas como a una criatura y ya estoy bastante grande! -protestó.

– Tienes apenas diez años -replicó la madre con firmeza-y te falta mucho para ser una adulta, por más que creas lo contrario.

Philippa emitió un prolongado suspiro.

– No veo la hora de regresar a casa -dijo Rosamund a Tom después de contarle la conversación que había tenido con su hija-. Philippa es muy terca y hay que controlarla.

– Me pregunto de quién habrá heredado ese carácter -murmuró el primo mirando al cielo.

– No seas injusto, Tom. Yo siempre cumplía con mis deberes cuando tenía su edad.

– No me consta, querida, pues en esa época no te conocía -repuso jocoso.

– Pídele a Edmund que te cuente -declaró acaloradamente.

– Partiremos dentro de unos días, prima -la calmó Tom-. Deja que Philippa disfrute un poco. Muy pronto estará de nuevo en el salón de Friarsgate estudiando con sus hermanas las lecciones del padre Mata.