Se formalizaron los cargos y se consiguieron órdenes de arresto. Stoner urdió un plan con la policía de Okeechobee. Le prometieron que lo ayudarían a localizar a Laney Jacobs. Llamarían a su abogado y prepararían una cita con la promesa de no arrestarla por la muerte de Larry Greenberger. Dirían que sólo querían hablar con ella. La interrogarían y la detendrían por alguna orden de arresto de California. Luego la entregarían a la Oficina del Sheriff del condado de Los Ángeles.
Era un plan jodidamente bueno.
Stoner dispuso un puesto de mando. Estaba a medio camino entre la casa de Marti y el apartamento de Mentzer. Para apresarlos, solicitó dos comandos SWAT.
Carlos Avila fue a Maryland para arrestar a Bob Lowe. Bob Deremer trabajaba de camionero. Nadie sabía dónde estaba. 2/10/88:
La policía de Okeechobee detiene a Laney Jacobs. Dos comandos SWAT detienen simultáneamente a Mentzer y a Marti.
Cortan las líneas telefónicas y llaman a los dos hombres desde un circuito cerrado. Les dicen que miren por la ventana y vean a los agentes armados. Mentzer y Marti miran por sus respectivas ventanas y salen con las manos en alto.
Se despliegan los equipos de registro. Con ellos van perros entrenados para encontrar droga y bombas. Registran a fondo la casa de Marti y el apartamento de Mentzer.
Carlos Avila detiene a Bob Lowe. La policía local arresta a Bob Deremer en Lafayette, Indiana.
Deremer pide la extradición. Lo llevan a Los Ángeles y lo procesan por complicidad. Laney Jacobs y Bob Lowe también solicitan la extradición. Permanecen bajo custodia en el Este.
Carlos Avila está exhausto. Bill Stoner está exhausto. Sigue enganchado a Tracy Lea Stewart. Aún se le pone dura cuando piensa en detener a Bob Beckett.
Laney Jacobs consiguió la extradición en Navidad. La llevaron a Los Ángeles y quedó retenida en el instituto para mujeres Sybil Brand. Robbie Beckett fue juzgado en febrero del 89.
El juicio duró una semana. El jurado pasó una hora deliberando. Robbie fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua. Papá Beckett quedó libre. John Purvis seguía en prisión. La policía de Fort Lauderdale abandonó el caso Hamway.
A la mierda John Purvis. Ya estaba condenado. No tenían pruebas en contra de papá Beckett, Paul Serio y Paul Hamway. Necesitaban a Robbie Beckett, pero éste no traicionaría a su padre.
Se tardó tres años en fallar el caso del Cotton Club. Los preliminares, las audiencias previas y el proceso de selección del jurado llevó meses. El juicio duró catorce meses. La promulgación de la sentencia no llegaba nunca. Carlos Avila se jubiló. Bill Stoner trabajó con plena dedicación para el fiscal. Se movió en avión de un lado a otro del país. Interrogó a cientos de testigos. Recorrió miles de kilómetros por aire y por carretera. El caso del Cotton Club consumió cuatro años y medio de su vida.
El jurado volvió a reunirse el 22 de julio del 91. Mentzer, Marti, Lowe y Jacobs fueron declarados culpables y condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Stoner aún no sabía por qué, exactamente, habían matado a Roy Radin.
Mentzer dijo que sus planes de tortura se habían torcido. Marti no había parado de llamar a Radin «gordo judío» en la limusina, para provocarlo. En el momento en que llegaban a Caswell Canyon, lo mató.
Marti contó una historia diferente. Lo mismo hizo Lowe. A Stoner había dejado de importarle.
Un policía de Fort Lauderdale llamó a Stoner en enero del 93. Dijo que la madre de John Purvis acababa de contratar a un abogado que salía en un programa nocturno de televisión. Se proponía montar un gran alboroto. El Departamento de Policía de Lauderdale iba a reabrir el caso Hamway.
Stoner le deseó buena suerte. La policía de Fort Lauderdale reabrió el caso y volvió a llevarlo mal.
Se confundieron al identificar a Paul Serio. Creyeron que el amigo de papá Beckett era un matón de Las Vegas que se llamaba igual. Pensaron que éste y Paul Hamway habían planeado la muerte de Susan. Ofrecieron a papá Beckett la inmunidad completa si declaraba contra ellos. Papá Beckett aceptó el trato y declaró ante un jurado de acusación, que presentó una solicitud de procesamiento contra Paul Hamway y Paul Serio. Papá Beckett dijo a la policía que su Paul no era un matón de Las Vegas. Su Paul era un maestro de escuela que vivía en Texas.
John Purvis fue puesto en libertad. La policía de Fort Lauderdale arrestó al auténtico Paul Serio, quien culpó a papá Beckett tras desmentir el relato de éste sobre la muerte de Hamway. La declaración no sirvió de nada. Papá Beckett estaba exento de procesamiento.
John Purvis apareció junto a su madre y su abogado en el programa de Phil Donahue. Donahue emitió alguna información interesante, como las cintas de vídeo con la confesión de papá Beckett a la policía de Fort Lauderdale.
Allí estaba papá Beckett, explicando a los agentes cómo había estrangulado a Sue Hamway. Allí estaba papá Beckett, eximido de procesamiento. Papá Beckett, declarando sobre el asunto Stewart. Papá Beckett, confesando lo de Sue Hamway y su hija.
Robbie Beckett vio el programa desde la prisión de Folsom. Vio a su papá escenificar la muerte de Hamway con auténtico brío. Vio los ojos de papá. Supo que estaba reviviendo el momento en que había matado a Tracy.
Robbie llamó a Stoner y le dijo que quería hablar. Stoner y Dave Davidson fueron a Folsom. Robbie hizo una declaración formal y se comprometió a declarar en contra de su padre. Prometió que esta vez no se echaría atrás. Stoner y Davidson le creyeron.
Davidson consiguió un mandamiento judicial. Acusó a Robert Wayne Beckett del asesinato de Tracy Lea Stewart. Localizó a papá Beckett en Las Vegas. Dispuso unos cuantos agentes y lo arrestó en el jardín delantero de su casa.
Papá Beckett quería llegar a algún trato. Stoner lo mandó a tomar por culo. Papá Beckett se entrevistó con un juez. El juez dijo que no había fianza. Los tribunales de Los Ángeles estaban brutalmente colapsados. El cabrón no sería juzgado antes del 95.
Stoner se sumía a menudo en sus ensoñaciones.
Veía las cosas rápidas y brillantes. Pasaba mucho tiempo con sus mujeres muertas.
Estaba exhausto. Le faltaba un mes para jubilarse. En su mente revoloteaba un pequeño pensamiento divertido.
No estaba seguro de poder abandonar el caso por completo.
IV. GENEVA HILLIKER
Estás a punto de huir. Tienes de tu parte el tiempo y el sigilo. El tiempo favorece a los que huyen. Sus pasos desaparecen. No se sabe cómo se esconden hasta que ya han desaparecido.
No quieres que yo lo sepa. El propósito de tu vida secreta era evitar la entrada de ciertos hombres. Huiste de los hombres y hacia los hombres y te quedaste en nada. Tenías la astucia del fugitivo y su camuflaje. Tu pasión de fugitiva te mató.
No puedes huir de mí. Yo he escapado de ti demasiado tiempo. Es aquí donde fuerzo una competición entre fugitivos.
Ahora es nuestro tiempo.
14
Volé a Los Ángeles para ver el expediente del asesinato de mi madre. Mis motivos eran ambiguos, como poco.
Estábamos en marzo del 94. Jean Ellroy llevaba treinta y cinco años y nueve meses muerta. Yo tenía cuarenta y seis años.
Vivía en una zona adinerada de Connecticut. Tenía una casa tan grande como aquellas en que solía entrar para robar. Tomé un vuelo, a primera hora, y me alojé en una suite del hotel Mondrian. Quería acercarme al expediente con la cabeza clara y el corazón frío.
El impulso había surgido seis semanas antes. Mi amigo Frank Girardot me había llamado para contarme que estaba escribiendo un artículo sobre los viejos asesinatos del valle de San Gabriel. El artículo se publicaría en el Tribune de San Gabriel y en el Star-News de Pasadena. Se centraría en cinco asesinatos sin resolver, el de mi madre entre ellos, y expondría a la luz pública al Departamento de Casos No Resueltos de la Oficina del Sheriff de Los Ángeles.