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Hallinen tomó declaración a Bennett. En ningún momento mencionó a Bobbie Long ni a Jean Ellroy. Habló de lo sucedido en el VFW. Bennett contradijo la declaración de Lola Reinhardt. Dijo que un chiflado le había roto las ventanillas del coche con una botella de Coca-Cola. Otro tipo le había reventado el parabrisas de un puñetazo. Lo que decía Bennett no tenía sentido.

Hallinen decidió hacer una rueda de identificaciones con cinco hombres. Telefoneó a Margie Trawick y le dijo que estuviera pendiente del asunto. Localizó a Lavonne Chambers en Reno, Nevada. Trabajaba de crupier en un casino, pero accedió a tomar un avión y presentarse. Hallinen le aseguró que la Oficina del Sheriff correría con los gastos.

Encontró cuatro presos internados en cárceles del condado cuyas características físicas coincidían con las del retrato robot. Todos accedieron a participar en la rueda de identificación.

Llegó Lavonne. Hallinen la recogió en el aeropuerto y la llevó a la comisaría de Temple City. Llegó Margie Trawick.

En la sala de interrogatorios había cinco hombres de pie, uno al lado del otro. Jim Boss Bennett ocupaba el lugar número dos.

Margie y Lavonne se hallaban detrás de un falso espejo. Las dos observaron a los cinco hombres por separado.

Margie dijo: «El número dos es la viva imagen de ese hombre. Su rostro parece el que vi aquella noche. Los cabellos parecen los de ese hombre; la frente y el rostro son un poco más delgados. Su aspecto me resulta familiar, me recuerda al hombre que vi aquella noche.»

Lavonne señaló al número dos y declaró: «Para mí, ése es el hombre que vi con la mujer pelirroja.»

Hallinen habló primero con Lavonne y luego con Margie. Les preguntó si estaban absolutamente seguras. Dieron rodeos y evasivas, titubearon y dijeron que, absolutamente, no.

Hallinen les agradeció su sinceridad. Bennett era un buen sospechoso, un híbrido que constituía una apuesta arriesgada. Su aspecto coincidía con el retrato robot. No parecía griego, italiano ni hispano. Sólo parecía magra basura blanca.

No podían retenerlo por más tiempo. No podían formular acusaciones de asesinato contra él. La acusación de intento de violación no se basaba en pruebas contundentes. La demandante se pasaba media vida metida en los bares. Tendrían que soltar a Jim Boss Bennett.

Lo soltaron. Hallinen continuó considerándolo un posible sospechoso.

Habló con la esposa de Bennett y con sus amigos y conocidos. Todos decían que Jim era malo, pero no tanto. Él nunca les dijo que Jim fuese sospechoso de un asesinato sexual.

Hallinen carecía de pruebas. Lo único que tenía era dos identificaciones poco firmes. Acusó a Bennett de agresión y lo encerró. Quería apretarle las clavijas.

Bennett salió con una fianza. Hallinen decidió olvidarse del asunto. Normalmente, las tácticas de acoso se volvían contra quien las practicaba. El acoso era el acoso. Los sospechosos más evidentes lo merecían, pero Bennett no entraba en esa categoría. Lavonne y Margie eran testigos fiables. Y Lavonne y Margie no estaban completamente seguras.

Era el primero de septiembre de 1962. El caso Long permanecía inactivo. El caso Ellroy tenía cuatro años, dos meses y diez días.

20

La digresión sobre Bobbie Long me dejó aturdido. Pasé cuatro días a solas con el expediente.

Coloqué tres fotos de la escena del crimen en el tablero de corcho. Coloqué una instantánea de Bobbie Long aún con vida al lado de una foto de mi madre. Con chinchetas, añadí una foto de identificación de Jim Boss Bennett. Centré el collage en tres fotografías de Jean Ellroy, muerta.

El efecto era más contundente que sorprendente. Yo pretendía quitar importancia a la condición de víctima de mi madre y exponer su muerte de manera objetiva. La sangre en sus labios. El vello pubiano. La cuerda y la media en torno al cuello.

Estudié el tablero. Compré otro y lo coloqué junto al primero. Clavé en él todas las fotos tomadas en los lugares donde habían sido asesinadas Bobbie Long y mi madre, en orden contrapuesto. Estudié las semejanzas y las diferencias entre las dos escenas del crimen.

Dos ligaduras en Jean. Una ligadura en Bobbie. El bolso junto a la valla de alambre. El seto de hiedra y el camino de tierra junto a la estación de bombeo. Los dos abrigos caídos de la misma manera.

Mi madre aparentaba la edad que tenía y algunos años más. Bobbie Long parecía más joven de lo que era. Jim Boss Bennett parecía demasiado pueblerino para ser el Hombre Moreno.

Estudié el expediente Long. Estudié el expediente Ellroy. Leí los Libros Azules de los casos Long y Ellroy y todos los informes y notas de ambos. Quería deserotizar a mi madre y acostumbrarme a verla muerta. Puse juntos ambos casos y elaboré cronologías y líneas narrativas a partir de esporádicos datos fragmentarios.

Mi madre salió de casa entre las 20.00 y las 20.30. Fue vista en el Manger Bar «entre las 20.00 y las 21.00». Estaba sola. El Manger Bar queda cerca del Desert Inn y del Stan's Drive-In. Mi madre y el Hombre Moreno llegaron al Stan's un rato después de las 22.00. Los atendió Lavonne Chambers. Dejaron el Stan's y llegaron al Desert Inn pasadas las 22.30. La Mujer Rubia iba con ellos. Michael Whittaker se les unió. Margie Trawick observó al grupo. Margie dejó el Desert Inn a las 23.30. Mi madre, el Hombre Moreno, la Rubia y Mike Whittaker seguían sentados juntos. Mi madre, el Hombre Moreno y la Rubia se marcharon alrededor de medianoche. Una camarera llamada Myrtle Mawby vio a mi madre y al Hombre Moreno en el Desert Inn hacia las 2.00. Se marchaban. Llegaron a Stan's Drive-In hacia las 2.15. Volvió a atenderlos Lavonne Chambers. Se marcharon hacia las 2.40. El cuerpo de mi madre fue descubierto a las 10.10. Su coche fue localizado detrás del Desert Inn.

Todo aquello estaba verificado por testigos. Los saltos cronológicos formaban vacíos teóricos. La cronología de Bobbie Long era sencilla. Bobbie había acudido a las carreras de Santa Anita. Su cuerpo fue encontrado en La Puente, doce kilómetros al sudeste.

En el hipódromo conoció a un hombre. Él la llevó a cenar, follaron y la mató. Era una verdad no corroborada por ningún testigo. Yo creía a pies juntillas en ella. Stoner también. No podíamos demostrarlo. En el 59, la policía ya funcionaba a base de pruebas. Transcurrido el tiempo, en la actualidad era un hecho incontrovertible. La última noche de la vida de mi madre desafiaba cualquier interpretación estricta.

Había salido de casa en su coche. En el Manger Bar estaba sola. Encontró al Hombre Moreno en alguna parte. Dejó el coche donde fuese y subió al de él. Lavonne Chambers los atendió y les llevó la comida al coche. Se marcharon del Stan's Drive-In. Fueron al Desert Inn. Por el camino recogieron a la Rubia. Regresaron al Stan's en el coche del hombre. El de ella fue localizado detrás del Desert Inn.

Quizá se reunió con el Hombre Moreno en el apartamento de éste. Quizá lo conoció en una coctelería. Quizá dejó el coche donde estaban. Fueron a Stan's en el coche de él. Ella podía haber recogido el suyo inmediatamente después. Quizá se encontraron con la Rubia a la puerta del Desert Inn. Estuvieron de juerga en el Desert Inn. Se marcharon juntos. Quizá fueron a otra parte en grupo. O quizá la Rubia se marchó por su cuenta. Quizá mi madre y el Hombre Moreno se besaron y sobaron en el coche de él, o en el de ella, detrás del Desert Inn. Quizá fueron al apartamento de él. Quizá se dedicaron a besarse y sobarse en el aparcamiento del Desert Inn antes del bocado de última hora de las dos de la madrugada. Quizás ella se negó a mantener una relación en el coche de él o en el de ella. Quizá se resistió a las proposiciones del hombre en el apartamento de éste. Quizá fueron al piso de la Rubia. Quizás allí le dijo que no. Volvieron al Desert Inn. Quizá regresaban de casa de la Rubia o de casa del Hombre Moreno o de otra coctelería o de cualquier calle oscura del valle de San Gabriel. Mi madre podía haber dejado el coche en cualquier sitio durante cualquiera de esos momentos en blanco de la reconstrucción temporal de lo sucedido. Quizás el Hombre Moreno utilizó el coche de su víctima después de matarla. Quizá lo dejó en el aparcamiento del Desert Inn entre las 3.00 y las 4.00. Quizá quien lo dejó fue la Rubia. Quizá fueron con los dos coches. Quizá los dos abandonaron la escena del crimen en el coche de la Rubia, o en el del Hombre Moreno.