Bruton preguntó a la señora Krycki si tenía más fotos de Jean. La mujer le entregó seis instantáneas Kodachrome. Etzel le pidió que los acompañara a registrar el bungaló. Necesitaban efectuar un inventario de las cosas de Jean y determinar qué zapatos y qué bolso llevaba el sábado por la noche.
La señora Krycki fue con Bruton y Etzel a la casita y examinó con ellos las pertenencias de la víctima. Del bolso no supo decir nada, pero indicó que faltaban unos zapatos de plástico de tacón alto y color claro.
Bruton y Etzel regresaron a la comisaría de El Monte y dejaron allí las fotografías para que las reprodujeran.
Hallinen se reunió con Lawton.
Sus respectivas pesquisas por diversos locales habían resultado infructuosas. Habían entrado en numerosos bares y clubes nocturnos, pero nadie recordaba haber visto a una pelirroja en compañía de un hombre moreno el sábado por la noche.
Fueron en coche a la empresa donde trabajaba Jean, Airtek Dynamics. Quedaba justo al sur del centro urbano de Los Ángeles y era un gran edificio de seis plantas. La jefa de personal se llamaba Ruth Schienle.
La mujer estaba al corriente de la muerte. Dijo que en la empresa nadie hablaba de otra cosa. Declaró ser amiga de Jean, quien estaba considerada una buena empleada.
Airtek era una división de la Packmeyr Gun Company, que fabricaba marcos de ventanillas para aviones militares. El puesto de Jean era de enfermera. Había sido contratada en septiembre del año 1956.
La señora Schienle añadió que sabía muy poco de la vida privada de Jean. Hallinen y Lawton insistieron sobre el tema.
La mujer dijo que Jean tenía muy pocos amigos íntimos. No se trataba de una persona demasiado sociable y sólo bebía esporádicamente. Sus amistades eran, sobre todo, parejas mayores que ella, y se remontaban a su época de casada.
Hallinen y Lawton describieron a la rubia y al hombre moreno. La señora Schienle dijo que no le parecían gente de Airtek ni le recordaban a ninguno de los amigos de que Jean le había hablado. El nombre de Tommy no le sugirió nada.
Hallinen y Lawton le dejaron una tarjeta y dijeron que se mantendrían en contacto. Le pidieron que llamase si se enteraba de algo sospechoso.
La señora Schienle les aseguró que colaboraría. Hallinen y Lawton regresaron a El Monte.
El Destacamento Metropolitano era una unidad cuya única función consistía en echar una mano a la Brigada de Detectives de la Central cuando se presentaba una investigación importante. Los agentes adscritos a ella iban de paisano y eran expertos en recoger información.
Frank Godfrey empezó a dedicarse al caso Ellroy el lunes por la tarde. Bill Vickers tenía previsto hacerlo muy pronto.
Godfrey fue de local en local con una foto de la víctima. Preguntó a camareros y dueños de restaurantes y bares. Mencionó a la pelirroja, a la rubia y al hombre moreno cuyo nombre tal vez fuese Tommy. Dijo que la pelirroja había pedido comida mexicana: enchilada con queso.
Entró en el Staat's Cafe, en la esquina de Meeker y Valley. Una camarera comentó que la pelirroja le resultaba familiar. Dijo que el sábado por la noche había entrado un grupo de cuatro y habían pedido enchiladas con queso. Pearl Pendelton había atendido la mesa.
Pearl tenía el día libre. Godfrey pidió su teléfono al dueño y la llamó. Pearl escuchó sus preguntas y declaró que ninguno de sus clientes del sábado por la noche respondía a la descripción que Godfrey le daba.
Godfrey se dirigió a continuación al Rick's Drive-In, en Rosemead con Las Tunas. No encontró a nadie que hubiese trabajado el sábado por la noche. El encargado no estaba en el local.
Una de las chicas que llevaban los pedidos a los coches le dio algunos nombres: Marlene, Kathy, Kitty Johnson y Sue, la cajera. Todas ellas trabajaban la noche del sábado al domingo, y su siguiente turno era el miércoles.
Godfrey cruzó la calle y preguntó en el Clock Drive-In. El encargado le dijo que ningún miembro del personal de servicio en aquel momento estaba de turno el sábado por la noche. Repasó su listado de asistencias y soltó algunos nombres y números: dos chicas del comedor, una camarera, una cajera y cuatro repartidoras de pedidos.
Godfrey se dio una vuelta por el Five Points y por el Stan's Drive-In. El encargado de éste le informó de que todas las chicas del turno del sábado por la noche tenían el día libre. Godfrey anotó los nombres y las señas:
Eve McKinley: ED3-6733; Ellen Nicky Nichols: ED3-6442; Lavonne Pinky Chambers: ED7-6686.
Eran las cuatro de la tarde. Godfrey tomó hacia el sur por Garvey y se detuvo en el Melody Room.
El propietario se presentó a sí mismo como Clyde. Escuchó las preguntas de Godfrey y le sugirió que contactara con Bernie Snyder, el encargado del turno de noche. Los domingos, Bernie cerraba el local a las dos de la madrugada. «Llame a Bernie y hable con él.»
Un cliente que oyó la conversación se acercó y dijo que él estaba allí el domingo por la mañana y que había visto a una rubia de coleta acurrucada con un tipo de cabello oscuro. El tipo tenía entre treinta y treinta y cinco. Tanto a la mujer de coleta como al hombre se los veía muy nerviosos.
Clyde explicó que la descripción de la rubia coincidía con la de una cliente habitual, una tal Jo, que trabajaba en Dun & Bradstreet, en Los Ángeles. Calificó a la mujer de «parásito». El hombre de cabellos oscuros no le sonaba de nada.
Godfrey anotó el nombre y el número de teléfono del cliente. Clyde insistió en que hablase con Bernie Snyder. Bernie tenía una memoria fenomenal cuando de caras se trataba.
Godfrey le telefoneó desde el bar. Atendió la mujer de Bernie. Dijo que su marido no estaría de regreso hasta las cinco y media y que llamase otra vez a partir de esa hora.
Eran las cuatro y media de la tarde. La mayor parte de locales nocturnos no abría hasta las seis o las siete. Godfrey tenía una larga lista de llamadas por hacer.
El Desert Inn era un tugurio de blancos pobres. Anteriormente el local había tenido otros nombres, como The Jungle Room y Chet's Rendevouz. Myrtle Mawby lo había comprado para su hermano pequeño, Ellis Outlaw, quien lo había rebautizado como Outlaw Hideout.
Ellis siempre andaba metido en problemas con la policía y con el jodido Servicio de Inspección Fiscal. Los federales le cerraron el local por defraudar a sus empleados quedándose con parte de su dinero; después, le permitieron que volviese a abrir para de ese modo satisfacer la deuda. En el 55, Ellis le había roto la crisma a Al Manganiello con una botella y se había librado por los pelos de pasar una temporada a la sombra. En resumidas cuentas, era incapaz de convertir el Hideout en un negocio rentable.
Se lo vendió a Chet Williamson, quien le cambió el nombre por Desert Inn y dejó que Ellis lo llevara.
Ellis procedía de una familia de taberneros. Su hermana, Myrtle, le había pegado un tiro en la oreja a su marido en cierta ocasión, y en el acuerdo de divorcio que siguió logró quedarse con dos bares.
Ellis era propietario de los bungalós situados detrás del aparcamiento del Desert Inn. Su socio, Al Manganiello, le alquiló uno de ellos. Ellis llevaba un pequeño negocio de apuestas aparte del bar. Apostaba en todas las carreras de Hollywood Park y de Santa Anita.
En mayo de 1957 Ellis fue detenido por conducir en estado de ebriedad. Dos agentes de El Monte declararon que había intentado sobornarlos: buena pasta si se olvidaban de dar parte a sus superiores. Un par de compinches de Ellis les ofrecieron más dinero para convencerlos.
La proposición de soborno era una acusación relativamente escandalosa, y en una población pequeña como aquélla el asunto creció hasta estar en la boca de todos.
Ellis fue condenado por conducir borracho. Las diversas apelaciones lo mantuvieron fuera de la cárcel durante más de un año. En cuanto a las acusaciones de intento de soborno, Ellis y sus compinches salieron bien librados.