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Bond le pidió que le esperase en la habitación y, bajando silenciosamente al patio, tomó del portamaletas del Bentley el equipo que necesitaba, tras lo cual desanduvo el camino hacia su cuarto. Alargó un tanto la operación revisando el estacionamiento, pero dio por bien empleados los minutos invertidos en eso.

– ¡Atiza! -exclamó Cindy, contemplando con manifiesta admiración el Terror Doce-. Percy ha hecho un buen trabajo. Confiemos en que los diagramas que le proporcioné de los circuitos fuesen exactos.

Bond encontró verosímil que, infiltrada en Endor, Cindy le hubiera hecho llegar a Percy toda la información tecnológica necesaria para construir un ordenador idéntico al de Holy. Era posible que la actuación personal de Bond se limitase a sacar de Endor los programas más recientes, hecho lo cual aparecerían otros, encargados de limpiar los establos de Augías con la fuerza de las pruebas acumuladas por los tres: Percy, Cindy y él mismo.

Conectado el teclado e introducidos en los lectores los discos láser, Bond procedió a examinar el primero. En cuanto apareció en la pantalla la reseña correspondiente, comprendió lo que tenía entre manos. Resiguiendo las luminosas letras verdes, leyó:

Fase Uno – Aeropuerto a Kensington High Street

A. Primera conductora.

B. Segunda conductora.

C. Coche de cabeza.

D. Coche de cola.

Pulsó el apartado A. Se vio, desde la óptica de la Primera conductora, en medio del denso tráfico que discurría en dirección a Londres desde el aeropuerto de Heathrow. Delante marchaba el pequeño convoy de los furgones de seguridad y su escolta de policía. El programa era tan evidente, que se saltó las fases inmediatas: Salida del paso elevado; Recorrido de Kensington High Street; Intercepción (sistemas eléctricos) y Humo violeta, junto con la huida y las alternativas correspondientes a Intervención equipos de seguridad. No necesitaba ver toda la grabación para darse cuenta de que se encontraba ante el programa de ensayo del robo de la colección Kruxator.

Bond introdujo un disco virgen en el equipo grabador y acometió la delicada tarea de descifrar el código protector incorporado por Holy al programa, requisito indispensable para obtener una copia perfecta del original.

Era un proceso lento, porque Holy no sólo había «garabateado» en ciertos sectores del disco, sino recurrido además a las cuñas codificadas de que le había hablado Percy, las cuales cumplían el propósito de destruir literalmente el disco si alguien intentaba copiar su contenido. Valiéndose de las instrucciones recibidas de su maestra, consiguió detectar en primer lugar esas cuñas y borrarlas luego línea por línea. A continuación adaptó el disco virgen a las dimensiones exactas del original. Aunque el trabajo le llevó más de una hora, pasado ese tiempo disponía de un auténtico calco del programa de ensayo creado por Holy para el robo de la colección Kruxator.

El segundo disco agenciado por Cindy correspondía a un programa de ensayo parecido, en ese caso correspondiente, supusieron, al secuestro de un avión. Como en efecto se había producido uno, importantísimo, de un aparato de carga fletado para el transporte de billetes recién impresos en la Real Casa de la Moneda por cuenta de diversos países, aquél podía ser muy bien el proyecto original del golpe.

De nuevo se puso en marcha el proceso de reproducción, esta vez con más premura, pues a Cindy empezaba a preocuparle mucho su retorno.

– Hay otra cosa -dijo, con aspecto fatigado e inquieto.

– Tú dirás -farfulló Bond, fijos los ojos en la pantalla.

– Algo muy gordo se está tramando allí ahora. No se trata de un robo, de eso estoy segura, sino de una operación violenta y quizá homicida. Se están recibiendo en la casa visitantes nocturnos, y he oído repetidas alusiones a un programa especial.

– ¿Qué clase de programa especial?

– Sólo conozco el nombre… Se llama el Juego del Globo, y al parecer intervienen especialistas en é1.

Bond seguía concentrado en la reproducción del simulacro del secuestro aéreo.

– Especialistas lo son todos, Cindy.

– No; he visto a algunos de esos sujetos. No se trata de maleantes y matones. Algunos se dirían… pilotos y gente de toga.

– ¿Gente de toga?

– Es una forma de hablar… Quiero decir intelectuales, personas de aspecto respetable.

– ¿Y lo llaman el Juego del Globo?

– Esa es la expresión que le oí a Tigerbalm y a otro del grupo, hablando con la Vieja Aguila Calva. ¿Querrás informar de eso? Creo que nos encontramos ante algo muy feo.

Bond respondió que como había de trasladar rápidamente a Londres los dos programas que en ese momento les ocupaban, aprovecharía para informar del Juego del Globo.

– ¿Crees que pueden estar ensayándolo ya, adiestrándose en él?

– Eso me temo.

Si pudiéramos conseguir una copia del programa…

– No hay ni que pensar en ello. Al menos, de momento.

Concentrado en ultimar su tarea, el agente especial guardó silencio. Lo rompió, por fin, para darle a Cindy una descripción de Joe Zwingli, llamado Vueltas.

– ¿Has visto por Endor a alguien que responda a esas señas?

– Recuerdo al general Zwingli, y la respuesta es negativa. Percy me cursó un enmarañado mensaje en el que decía que está vivo -hizo una pausa-. Parece increíble.

Terminado su trabajo, Bond devolvió a Cindy los originales y le preguntó acerca del régimen de vida que se observaba en Endor. ¿Salían Jason y Dazzle alguna vez? ¿Viajaban? ¿Cuántos vigilantes tenían en la casa?

Respondió la muchacha que, en efecto, él salía una o dos veces por mes. Pero siempre de noche. Jamás abandonaba la casa a la luz del día, ni se dejaba ver por el pueblo. Bond observó que Percy sólo se refería a él por los apelativos de «nuestro hombre» o la Vieja Águila Calva.

– Es muy cauteloso nuestro hombre. Ella, en cambio, sale y viaja mucho. Va al pueblo, a Oxford, a Londres, y se desplaza al extranjero. Algo me dice que es su oficial de enlace.

– ¿Qué lugares visita en el extranjero?

– Cercano Oriente, Europa… Va a todas partes. Percy tiene una lista de los destinos. Yo trato de reconstruir sus itinerarios a base de pequeños indicios: etiquetas de las compañías aéreas, carteritas de cerillas de los hoteles… Pero también ella es cautelosa. Antes de regresar lo elimina casi todo.

En cuanto al personal de la casa, estaba integrado por el cocinero filipino y cuatro agentes de seguridad.

– Nuestro hombre tiene contratados también a seis representantes comerciales auténticos, que no sospechan nada. Pero operan en el exterior. Los hombres de seguridad actúan también de representantes y administrativos. Una fachada muy convincente. Si no hubiera estado yo al tanto de lo que allí ocurre, me habrían engañado del todo. Son tipos callados, eficientes. Usan dos coches, salen mucho, atienden las llamadas telefónicas, los pedidos, el reparto de los productos Gunfire… Pero siempre hay dos de guardia en la casa. Se turnan de acuerdo con un riguroso programa de vigilancia. Y el sistema electrónico de seguridad está muy perfeccionado. Aunque se pueden descifrar, los códigos son muy inteligentes. Quiero decir que no pueden desentrañarse sin conocer bien el sistema. Además, como te dije antes, varían con cada turno de guardia. Es imposible entrar en la casa ni salir de ella a menos que conozca uno la combinación correspondiente a los distintos turnos, que son de seis horas. Y aun así, las máquinas tienen que reconocer tu patrón de voz.

– ¿Hay controles visuales?

– Un montón de ellos. En la entrada principal y en muchos tramos de la tapia, tanto en la parte delantera como atrás. El único punto vulnerable está en la parte posterior, y eso conociendo la distribución de las cámaras de circuito cerrado. Pero como también se reorientan con cada cambio de turno, no es posible entrar ni salir inadvertidamente si no posees todas las claves del correspondiente turno de seis horas. Un intruso no duraría ni tres minutos.