– ¡Me parece maravilloso! -exclamó Copper mientras volvían hacia el coche.
Tres días después, la avioneta sobrevoló el arroyo y aterrizó en Birraminda.
– Bienvenida a casa -declaró Mal, besando tiernamente a Copper.
Brett y Georgia los estaban esperando en la pista, conteniendo a duras penas a la impaciente Megan, ansiosa por salir corriendo hacia ellos antes de que terminara de detenerse la hélice del aparato.
– ¡Copper, Copper! -la llamó mientras se lanzaba a sus brazos-. ¡Has vuelto a casa!
Copper le dio un tierno abrazo, y por encima de la cabeza de la pequeña su mirada se encontró con la de Mal.
– Sí -repuso-. Ya he vuelto a casa.
Jessica Hart
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