Выбрать главу

Lunes, 15 de enero, 18:50 horas

– ¿Qué tal te ha ido con la fiscal? -preguntó Vito en cuanto entró en el sedán de Nick. Se habían encontrado en la puerta de la fábrica donde trabajaba Sherry, la novia de Warren Keyes.

– Bien. -Nick le adelantó información-. López cree que puede pillar al traficante.

– Entonces al menos se hará algo de justicia -dijo Vito mientras desenvolvía el sándwich. El olor a carne impregnó el interior del vehículo-. Es mucho mejor algo de justicia que nada.

El hecho de que Nick se encogiera de hombros indicaba que no estaba de acuerdo, pero no pensaba discutir.

– ¿Qué me he perdido?

– He examinado los listados de personas desaparecidas y he señalado todos los nombres que vagamente podrían corresponder a nuestras víctimas. He conseguido la aprobación de Liz para que un retratista haga un dibujo que podamos mostrarle a la gente.

– ¿Te ha dado dinero?

– No, ojalá. Lo hará Tino.

Nick pareció impresionado.

– Qué buena idea.

– A estas horas debe de estar a punto de encontrarse con Katherine en el depósito de cadáveres. También he ido al hospital a ver a Molly. Está mejor.

– Has estado muy ocupado. ¿Han descubierto cómo se contaminó Molly?

– Sí. Los de la oficina de protección del medio ambiente descubrieron que el contador del gas estaba roto.

– ¿Aún se fabrican contadores de mercurio?

– No, pero Dino vive en una casa antigua y el contador es viejo. A mi padre le han explicado que la compañía ha iniciado una campaña para sustituirlos, pero todavía no han llegado al barrio de Dino. Han encontrado mercurio en la tierra, debajo del contador.

– Un contador no se rompe así como así.

– Creen que recibió un golpe de una pelota, una piedra o algo parecido. Mi padre les ha preguntado a los chicos, pero ninguno sabe nada. Molly dice que el viernes el perro se llenó de barro, ella lo bañó y por eso entró en contacto con el mercurio. El veterinario ha visitado al perro y le ha encontrado niveles bajos de mercurio, no el suficiente para causarle daño. Pero después de bañar al perro, Molly pasó el aspirador y extendió el mercurio por la casa. Tienen que cambiar toda la moqueta si quieren volver a vivir allí, así que tendré compañía por un tiempo.

– Bueno, me alegro de que Molly esté bien. Eso es lo que de verdad importa.

Vito se sacó del bolsillo la lista de Sophie.

– Y… -suspiró- he ido a ver a Sophie.

– Realmente has estado muy ocupado. -Nick examinó la hoja-. Vendedores de objetos medievales, cotas de malla… -Levantó la cabeza, una idea iluminaba su mirada-. Los moretones circulares del chico a quien le falta media cabeza. Puede que llevara puesta una cota de malla.

Vito asintió.

– Tienes razón. Los moretones son de ese tamaño. Bien pensado.

– Un profesor universitario en Francia -prosiguió Nick-. Un tal Lombard de paradero desconocido. Y Alan Brewster. ¿Por qué ha escrito su nombre a mano?

– Lo añadió en el último momento. Creo que entre ellos hubo alguna historia que acabó mal.

Nick levantó un momento la vista del papel.

– ¿Lo de «historia» va con doble sentido?

Vito alzó los ojos en señal de exasperación.

– No. Primero he pensado en llamar a su casa, pero luego me ha parecido mejor ir a verlo personalmente.

Nick se quedó pensativo.

– Así que ese tipo le hizo daño a Sophie, ¿no?

– Eso parece. No quiere que mencione su nombre.

– ¿Qué la habrá hecho cambiar de idea?

– Le he dicho la verdad. Más o menos -añadió al ver que Nick arqueaba una ceja. Pensó en la delicadeza con la que Sophie se había guardado la rosa en el bolsillo, y recordó el beso que seguía ocupando sus pensamientos-. Me ha creído. Luego me ha dado la lista y ha añadido el nombre de Brewster.

– ¿Piensas ir a verlo mañana?

Vito asintió.

– Le he dicho a Tino que empiece por la mujer de las manos unidas. Quiero mostrarles el resultado a los actores que frecuentan el barrio de los teatros, pero no suelen dejarse caer por allí hasta última hora de la tarde. Me dará tiempo de ir a ver a Brewster por la mañana. Puede que él nos oriente en la dirección correcta. Si descubrimos de dónde salen los instrumentos, podremos rastrear el dinero.

– Bueno, cuando acabemos con esto volveré al despacho para obtener información sobre Kyle Lombard. Puedo tratar de localizarlo mañana, mientras espero para declarar. -De repente Nick se puso tenso-. Ahí está. Sherry Devlin. -Señaló a una joven que salía de un Chevette herrumbroso-. Se la ve rendida. Me pregunto dónde habrá estado.

Vito recuperó la lista de Sophie, la dobló y se la guardó en el bolsillo.

– Vamos a averiguarlo -dijo, y los dos salieron del coche de Nick y se acercaron a Sherry Devlin-. ¿Señorita Devlin?

Ella se dio media vuelta y al verlos se quedó paralizada de horror.

– Relájese -dijo Vito-. Somos detectives, del Departamento de Policía de Filadelfia. No queremos hacerle daño.

Ella miró a Vito y luego a Nick; seguía teniendo la mirada algo alterada.

– ¿Es por Warren?

– ¿Dónde ha estado hoy, señorita Devlin? -preguntó Nick, en lugar de contestarle.

Sherry alzó la barbilla.

– En Nueva York. He pensado que tal vez Warren hubiera ido allí a buscar trabajo. Ya que la policía no me ayuda a encontrarlo, he decidido encontrarlo yo misma.

– ¿Y ha descubierto algo? -preguntó Vito en tono amable, y ella negó con la cabeza.

– No. En ninguna de las agencias para las que había trabajado saben nada de él desde hace mucho tiempo. -La postura de la chica denotó cierta tensión y Vito supo que había adivinado por qué estaban allí.

– Señorita Devlin, soy el detective Ciccotelli. Este es mi compañero, el detective Lawrence. Le traemos malas noticias.

El rostro de la chica perdió el color.

– No.

– Hemos encontrado el cadáver de Warren, señorita Devlin -dijo Nick con amabilidad-. Lo sentimos mucho.

– Sabía que le había ocurrido algo horrible. -Levantó la vista, aturdida por el pesar-. Me dijeron que se había marchado, pero yo sabía que él no me dejaría nunca, no por voluntad propia.

– Deje aquí su coche. La acompañaremos a casa. -La ayudó a acomodarse en el asiento de atrás y luego se agachó a su lado-. ¿Cómo sabía dónde buscarlo en Nueva York?

Ella pestañeó despacio.

– Por su book.

– Hemos estado examinando su book, señorita Devlin -dijo Nick-. No hemos visto ninguna lista de agencias de modelos, solo fotos.

– Ese es su book fotográfico -musitó ella-. El que contiene su currículum está colgado en internet.

Vito sintió que un impulso eléctrico le recorría la columna vertebral.

– ¿En internet? ¿Dónde?

– En tupuedessermodelo.com. Tiene una cuenta.

– ¿Qué tipo de cuenta? -preguntó Nick.

La chica parecía desconcertada.

– Una cuenta para modelos. Cuelgan sus fotos y su experiencia profesional y quien quiera contratarlos puede ponerse en contacto con ellos a través de la página.

Vito miró a Nick. «Bingo.»

– ¿Usaba Warren alguna vez su ordenador?

– Claro. Venía más veces a mi casa de las que yo iba a casa de sus padres.

Vito le apretó la mano.

– Nos llevaremos su ordenador al laboratorio.

– Muy bien -musitó ella-. Hagan lo que sea necesario.

Lunes, 15 de enero, 20:15 horas

– Sophie, despiértate.

Sophie pestañeó y fijó la vista en el rostro de Harry. Se había quedado dormida en la silla, junto a la cama de Anna.

– ¿Qué estás haciendo aquí? -Hizo una mueca al recordarlo-. Teníamos que ir a Lou's, a comernos un sándwich de ternera con queso. Se me había olvidado. Dios, yo también tengo hambre.